Mostrando entradas con la etiqueta Laura Escanes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laura Escanes. Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de diciembre de 2018

Incoherencias

He estado convenciéndome de muchísimas cosas durante este tiempo. Que si amas a alguien no puedes amar a otra persona. Que u odias o amas. Que eres feliz o estás triste. Y todo este tiempo he dudado de la gente que se enamoraba una y otra vez. De la que es feliz, pero llora; de la que llora y sufre, pero es feliz. De los que lo ven todo negro o blanco, sin matices. Reconozco que he dudado hasta de mis propias conclusiones y hasta de mis incoherencias. De los «yo nunca haría eso» y hasta de los «tú me dijiste». Y ahora se me rompen todos los esquemas y las cosas que yo creía tener claras. Ahora me doy cuenta de que no hay límites en el amor, que cuantas más veces te enamores mejor lo harás y aprenderás a querer bien, que no mucho. Por fin entiendo a los que ríen cuando por dentro lloran, intentando encontrar cualquier motivo para salir adelante y luchar. Y ahora me veo reflejada en los que lloran, pero son felices a pesar de todo. A pesar de todos. Que el color negro no es el mismo para ti que para mí, que el blanco puede ser oscuro o claro depende de quién lo mire. Me doy cuenta de que los «yo nunca» siempre fueron una premonición de lo que iba a pasar y que lo que dije puede que no lo pensara, o puede que nunca dijera lo que realmente pensaba. O yo qué sé, tal vez cambié de opinión. Ahora me doy cuenta de que ser incoherente te enseña a ver otras opciones y sobre todo te muestra la verdad. Que las incoherencias nunca fueron un error y que la coherencia está sobrevalorada. Que las incoherencias te acompañen toda tu vida porque quien no cambia nunca de opinión nunca aprende. Y quien nunca aprende no vive.

Laura Escanes



No existe el final

Tengo la manía de leer siempre cuál es la última palabra de los libros. No sé si tú has empezado también por el final. No sé ni siquiera si habrás llegado a la mitad. Pero si estás leyendo esto tengo que decirte algo.

No creo en los finales. Ni en los principios. Si nos ponemos a pensar seguro que todo aquello que queremos, o todo aquello que nos importa, empezó mucho antes de que lo supiéramos. Si intento buscar una fecha, un día o incluso algún momento concreto en el que decidí borrarlo todo y volver a empezar con este libro, no sabría encontrarlo. Y sí, sé que siempre hay un día que te atreves a pronunciarlo y lo dices en voz alta. Y eso lo recordamos como si fuera el principio o el final (depende de cómo se mire). Pero ¿no cuentan las noches que te tiraste pensándolo y debatiendo con tus contradicciones? Hay cosas que merecen más que un día. Por eso no creo.

Pero mucho menos creo en los finales. No existe el final. No existe porque aunque rompas con eso que amabas, siempre habrá algo que te lo recuerde. Da igual el qué. Puede que una canción. Un olor. Un detalle tan pequeño capaz de remover todo para demostrarte que nunca se fue del todo.

Así que si has llegado hasta la última página de este libro, hasta la última letra, tengo que decirte que no es el final. Que esperes. O no. Relee. Busca cosas escondidas. Guárdalo y vuelve a leerlo en un tiempo. Te darás cuenta de que aquello que subrayaste, ahora ya no tiene ningún sentido. Y que cosas que ignoraste, de repente, se convierten en todo lo que llevas dentro.

El final no existe porque siempre encontrarás algo, por muy pequeño que sea, que te hará vivirlo como si fuera nuevo.

Hasta pronto.

Laura Escanes


Cicatrices

Hey. Destápala. Quiero verla. Quiero ver tu cicatriz en el pecho sin que tengas vergüenza, porque no es tu culpa. Quiero ver esas ojeras de la noche que pasaste ayer, sin complejos. Tus uñas rotas. Tu pelo sin lavar. Tu mirada a las seis de la mañana. Tus cicatrices.
Hay cicatrices que te hacen más bonita y más real. Que no hay mujer perfecta sin cicatrices. Esas marcas se convierten en parte de ti. Algunas desaparecerán con el tiempo. Otras aparecerán para quedarse. Incluso hay algunas que están pero nadie las ve. Solo tú. Y estoy segura de que algunas hasta las hubieras querido tener siempre.
Quiero ver las marcas de lo que te has reído todo este tiempo. También las bolsas en los ojos. Los ojos rojos de llorar. Me da igual. Eres preciosa. Incluso esa arruga que te sale cuando frunces el ceño. Eres bonita. Con y sin ellas. Pero sobre todo cuando las enseñas.

Las cicatrices no son más que una prueba que demuestra que has vivido. Intensamente.

Laura Escanes


Detrás de la puerta

Voy a confesarte algo. Escuché gritos. Escuché llantos. Escuché esa despedida. Escuché cómo te suplicaba una oportunidad. Cómo te pedía cada noche un cambio. Por mí. Por nosotros. Escuché tu silencio. Vi tu silencio. Escuché la última puerta que cerraste. A mamá llorar. Escuché cómo me culpabas. Y entonces supe que no eras feliz.

Siempre detrás de la puerta,
pero lo supe.

Laura Escanes


La única verdad

He creído demasiado en lo que escuchaba. Me he creído hasta mentiras sobre mí sin darme cuenta de que la única verdad es la mía. La que yo cuento. La que yo escribo. La que yo soy.
La única verdad es aquella que a veces no contamos por miedo o vergüenza y se queda dentro de nosotros para protegerse del qué dirán. Es esa que intentamos maquillar antes de pronunciarla para que no sea tan ridícula. La que nos libera cuando la escribimos. Y es entonces cuando te arrepientes de no haberla contado antes.
Las mentiras que escucharás sobre ti son muchas. Demasiadas. Son palabras vacías de desconocidos que afirman cosas que jamás has hecho. Ni siquiera pensado. Son esas que nos llenan de prejuicios. Son esas cosas que al leerlas hacen que te sientas culpable de algo que no has hecho. Sintiéndote responsable de algo que no existe. Contando lo contrario. Llamando sí a los noes. Negando lo evidente.

Así que no te justifiques por algo que no hiciste. No pidas perdón. No dejes que esas mentiras ensucien tu verdad.

La única verdad es tuya. Y de nadie más.

Laura Escanes


Palabras azules

La verdad tiene color y es azul. Es ese azul que inspira porque también tiene sonido. Y aroma. El azul huele a mar y sabe a sal. El azul es el color de la inspiración en los momentos débiles. Es el color del perdón en las discusiones. Los «yo también» que acompañan (a veces) a los «te quiero». Es también el color de los sueños que nos atrapan y nos persiguen hasta cumplirlos.

Hay palabras azules que solo son azules para inspirarnos.

Porque el azul del mar inspira.

El azul es la calma.

Laura Escanes


viernes, 28 de diciembre de 2018

Cosas insignificantes

Tienes el poder de hacer que las cosas que crees más insignificantes se conviertan en algo imprescindible para otro. Para aquellos que creen en las cosas pequeñas. En los detalles tontos. En ese gesto que haces sin pensar y sin esperar nada a cambio. Solo porque te apetece. Hay algo dentro de ti que tú no conoces que es capaz de hacer feliz a los que te rodean. Con solo sonreír o enviar una carta. Una canción. Una rosa. Un abrazo en el momento adecuado. Un empujón justo a tiempo. Una llamada a tu madre. A tu abuela. Esas cosas que no piensas se convierten en magia para ellos. La razón para volver a creer y lanzarse otra vez. Para atreverse.

Hagámoslo más. Si tenemos el poder, aprovechémoslo para crear sonrisas. Para que no se rindan. Para que sueñen con lo inalcanzable.

Que al menos yo estaré ahí para hacer cosas (in)significantes.

Laura Escanes


Carta a mi yo del futuro

Querida yo del futuro:

No es la primera carta que te escribo. Y espero que tampoco sea la última. Las cosas van cambiando y nunca sale nada como planeabas. Deberías saberlo ya. Siempre encontrarás excusas para hacer otra cosa y te seguirás olvidando siempre de lo mismo. Escúchate más. A ti. Cuando leas esto, quiero que intentes mirar atrás y recordar cuándo lo escribiste. Qué se pasaba por tu cabeza. Y que no compares. Porque siempre has querido compararte contigo misma. Y sí, eso está muy bien a veces para mejorar. Pero es que tú coges algo y hasta que no lo exprimes del todo no lo sueltas. Y contigo no puedes hacer eso. No te obsesiones y escúchate. Respira. Espero que cuando leas esto no te duelan las mismas cosas que ahora. Espero que hayas cambiado mucho, porque si no será que no aprendiste lo suficiente. Aprender nos hace cambiar. Y los cambios no son malos, recuérdalo. Evoluciona. Equivócate. Ama. Perdona. Besa. Baila. Salta. Grita. Viaja. Eso. No dejes de viajar y de abrir los ojos para observar cada rincón desconocido. Empápate de buenas energías y sigue queriendo la vida como la quieres. No dejes de llamar a mamá. Ni al enano. Insiste en lo que quieres y no te rindas.
Entre tantos consejos no sé si estoy diciendo demasiado. Qué más da. Si luego acabas haciendo lo que te dice el corazón. Sigue haciéndolo. Sigue amando tus decisiones y poniéndole pasión a todos tus pasos. Así nunca fallarás. Y si fallas, será para aprender.

Querida yo del futuro,
repite conmigo:
quiérete.

Laura Escanes


Antes de ti

Antes de ti, estoy yo.

Porque te quiero,
pero yo me quiero antes.

Laura Escanes


miércoles, 26 de diciembre de 2018

Ángeles de la guarda

Siempre habrá alguien que haga fácil lo que parece imposible. Esa persona que te espera cuando aún no has subido el último escalón, pero no para empujarte ni para hacerlo por ti. Sino para ver cómo lo consigues solo. Porque confía en ti. El que acude a tu rescate sin que te haya dado tiempo a avisar a nadie. Porque esa persona está siempre antes de que puedas pedir auxilio. Siempre tendrás esa sensación de mirarla a los ojos y estar convencido de que el destino existe. El destino es capaz de poner en el momento adecuado a alguien en tu camino para que empiece a formar parte de tus planes, de tus aventuras. De las locuras. De las tardes de cine y palomitas. De las fiestas interminables. De las resacas. De los «no deberías haberme dejado ir». De los «ya te lo dije». De los «la has cagado». De los «lo vamos a arreglar, juntos». Y llega un momento. Un instante. En el que te das cuenta de que no es alguien pasajero. Ese alguien es parte de la familia que eliges, pero no recuerdas el momento en el que la elegiste. Ha entrado en el reducido club de esas personas con las que los silencios no son incómodos. Las despedidas dejan de ser despedidas para ser un «hasta luego».

Siempre hay alguien que hace fácil lo difícil.

Amistad es poca palabra.

Mis ángeles de la guarda.

Laura Escanes


Tiempo

No tengo tiempo. Pero no tengo tiempo de verdad. ¿Quién dijo que el tiempo se podía tener? Porque si lo tuviera, lo guardaría en un cajón para ir soltándolo a ratos y aprovechándolo bien. Pero es que el tiempo tampoco se aprovecha. El tiempo no se para, el tiempo no se detiene. El tiempo es eso. Tiempo. Y ya. No lo paras, no rebobinas, no pasa más rápido por estar feliz y tampoco pasa lento por no encontrar la salida. Va a su ritmo y siempre es el mismo. El mismo tempo. La misma ansia. El tiempo es solamente una palabra. Es vida. La evolución y sus cambios. Algunos lo usan para hacer el bien. Y otros hieren. Cada uno con su tiempo, pero el tiempo pasa para todos. A algunos les dura más. Y a otros se les acaba pronto.

Pero el tiempo te enseña.

Laura Escanes


sábado, 22 de diciembre de 2018

Viviendo

He perdido tesoros. He perdonado cosas imperdonables. He decepcionado a quien más quería. He callado cuando tenía que hablar. He visto cosas que deberían ser invisibles. He besado a desconocidos. Me he arrepentido de besos. He creído enamorarme demasiado pronto. He pedido perdón a quien no lo merecía. He confiado en quien no debía confiar. He sentido mariposas en la barriga. He perdido el tiempo. He tenido miedo. He querido huir. Huí. Volví. He amado locamente. Me he dejado llevar. He perdido. Me he tropezado. He aprendido. He llorado. Sonreído. He llorado sonriendo. He visto amaneceres con personas oscuras. He sido salvaje. Me he equivocado en millones de cosas. He querido volver atrás. He querido mirar hacia adelante. He soñado. He vivido.

Y sigo viviendo. Equivocándome en mil cosas más. Pero al fin y al cabo, viviendo.

Laura Escanes


Adrenalina

No hay aventura si no hay adrenalina. Si no sientes miedo al lanzarte o si es demasiado fácil. Esa sensación de estar en un agujero negro, de saltar a un precipicio. De no querer caer pero al mismo tiempo estar esperando a que pase algo. Que suceda. Tener que volver a empezar. Incluso ir a contrarreloj. Saber que tienes presión y que con presión a veces no funcionas. Funcionamos cuando dejamos que las cosas fluyan. Pero hay tantas cosas que queremos tener controladas sin darnos cuenta que no estamos hechos para planificar. No planificas tus sueños. Ni las ganas de enamorarte. No planificas que vas a perder, aunque lo sepas. Nunca sabemos cuando. Y pedimos a gritos que la vida nos sorprenda. Queremos adrenalina en nuestra vida pero cuando intentamos controlarla dejamos de sentirla y se convierte en algo aburrido. Sin esa chispa que nos levanta del sofá de un salto para arriesgar. La adrenalina está para hacernos sentir vivos incluso mientras dormimos. No te aburras. Sin planificar. Vive y fluye.

Laura Escanes


Edad

Dejé de juzgar números, edades y personas como si fueran objetos. Dejé de mirar para empezar a ver. A ver de verdad. A ver lo que me decían las personas sin hacer caso a todo lo que les rodeaba. Sin etiquetas. Sin números. Sin vestidos largos. Sin prejuicios. Sin barreras que restaran.

No creo que haya miradas con edad. Y por eso cuando conozco a alguien, lo primero en lo que me fijo es en lo que me dice su mirada. No lo que me dice su edad. Ese puto número que no hace más que crear barreras allí donde vamos. Nunca había juzgado a nadie por ser joven, mayor, por tener canas en el pelo y tampoco por tener granos en la frente. Supongo que fue por eso que no encontré nada que me frenara cuando le conocí. Ningún prejuicio. Solo ese miedo que tienes cuando conoces a alguien y no sabes si has confiado demasiados secretos en tan pocas horas. No veía nada que no fuera a alguien mirándome a los ojos con algo de miedo también. Pero fue ese miedo que tienes cuando crees que caes hacia el vacío sin saber que, en realidad, hay alguien dispuesto a sujetarte antes de la caída. No veía maldad. Solo alguien que me escuchaba. Me miraba. Me aprendía. Respetando mis decisiones. Aguantando mis llantos y rabietas. Y no sé qué debió ver él. Pero yo estaba ahí, dispuesta a aprender a vivirnos juntos.

Laura Escanes


jueves, 20 de diciembre de 2018

La manera de irse sí importa

Hay cosas que se van para volver. Pero también hay cosas que se van y no regresan más. Y desde el primer momento lo sabes. Que esta vez es la definitiva. Que se está alejando, y tú vas a ver cómo da cada paso hasta que se convierta en polvo. En maldito polvo. Duele ver cómo se va, cómo se disuelve, cómo se pierde y se aleja.

Pero lo que de verdad duele es ver que se debilita. Que alguien lo arrastra hasta que no puede más. Que lo mata por dentro antes de quitarle la vida. Que lo deja en cuerpo pero sin alma. Frío. Apagado.
Porque sonará a tópico, demasiado típico, ya lo sé. Pero hay cosas inevitables que no podemos cambiar. Ni frenar. Ni siquiera luchar contra ellas. Empiezan con batallas y acaban en guerra. Donde alguien gana, o pierde, o ríe, o llora, o vive, o muere.
Lo que está claro es que todos desaparecemos. El día X. El momento Y. De la forma Z. Pero cada vez tengo más claro que la manera de irse sí importa.

Hay maneras de irse que no deberían existir. Pero no, no te dejan elegir.

Y ya. Hay cosas que se van y no vuelven más.

Maldito polvo.

Laura Escanes


Tu última caricia

Por mucho que lo intente no puedo quitar esa imagen de mi recuerdo. Formas parte y siempre formarás parte de mi vida. Estés donde estés. Imagino que ya lo sabrás pero te has perdido algunas cosas desde que te fuiste. Las cosas se pusieron feas. Supongo que si hubieras estado todo sería más fácil. Ojalá no existieran tantos silencios. Todo está demasiado callado desde que no estás. Nos hemos equivocado, mucho. Todos. Y seguramente nos hemos hecho daño. Todos. Lloré deseando que pudieras volver para arreglarlo como siempre hacías. Con tus sopas y con tus caricias. Con tu manera de cambiar las tornas y hacerlo más fácil. Pero estás demasiado lejos. A demasiados kilómetros de aquí. A demasiadas nubes.

Tu última caricia me dio la vida que a ti te quitó.

Te echo de menos, Delia.

Laura Escanes


Camino compartido

Lo que para ti es nada
para alguien lo es todo.

Tus complejos
son a la vez tu fortaleza.

Tus defectos
son virtudes.

Tus miedos
son sus ganas de hacerte volar.

Tus ganas de comerte el mundo
son sus ganas de compartirlo contigo.


Y nunca es lo mismo luchar solo,
que compartir el camino.

Laura Escanes


Co(n)razón

No hay corazón
que no tenga razón.

Laura Escanes


domingo, 16 de diciembre de 2018

Mi lugar favorito

Elijo escapar a algún sitio escondido. Donde no tenga miedo. Donde pueda llorar sin que nadie me juzgue. Donde pueda reír a carcajadas y quedarme dormida con los tacones puestos.
Mi vía de escape.
El tesoro en un mapa.
La manera de ser invisible.
Indestructible.

Mi lugar favorito del mundo
eres tú.

Laura Escanes


Crea

Hay personas que destruyen y dejan cadáveres por el camino. Convierten en humo todo lo que tocan sin importar el qué. Sin importarles el dolor.
Pero también hay quien construye. Quien descubre en esos pedazos maneras infinitas de reinventarse. Hay quien crea en el desorden. Hay quien sueña en los principios. Los que curan y los que devuelven la vida.
Y luego están los que destruyen para construir. Los que si no les gusta algo lo rompen en mil pedazos para después volver a empezar. Los que sueñan con hacer siempre algo mejor.
Nacemos para crear. Sonrisas. Emociones. Arte. Canciones. Fotografías. Palabras. Cada uno a su manera, pero al final (incluso destruyendo), todos creamos.

Laura Escanes