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domingo, 4 de febrero de 2018

EL MOTIVO

Aquella noche nos quitamos, entre otras cosas, la ropa.
Una vez desprovistos de dudas,
también nos deshicimos de las vergüenzas,
y los miedos.
Dejamos a la niña de los recitales de lado.
Esta vez, la primera, al menos, 
no pintaba nada.
Saludamos, costillas adentro, a la pequeña Lolita,
la perdida Alice, de Carroll:
el pecado por cometer.
Más tarde, nos hicimos una infinitud de nudos con la lengua,
raíces como palabras acabaron en nuestros oídos, y dedos que arrancaban la niñez
como el envoltorio de un dulce que lleva semanas olvidado en el bolsillo de un dulce que lleva semanas
olvidado en el bolsillo de los vaqueros.
Perdimos la noción del tiempo
y los espacios fueron tan grandes como nosotros
porque no necesitábamos nada más.
Se rindió el pecado de la carne ante tanta nube
y volamos en bandada, como sabiendo, por instinto,
que así recorreríamos el mundo mucho más rápido.
Por la mañana, oculta, te fuiste, 
sabiéndome tu pecado más secreto.
Sé que triste, también, pero con una sonrisa,
como decoro, en los labios.
Yo, en cambio, me quedé sonriendo,
recreándome en mi crimen perfecto
y triste también 
porque, durante unas horas, pude mirarte
como si siempre hubieras estado desnuda
y tocarte, como si nunca terminara de quitarte la la ropa
pero, hiciera lo que hiciese, 
no puse
meterme en la cama,
precisamente, 
con la que me llevó a ella:

tu inocencia.

Pablo Benavente


jueves, 1 de febrero de 2018

LA BROMA

Cuéntame, ¿cuánto daño estás dispuesto a causar antes de dejar de reconocerte? ¿Cuánto puedes soportar, qué peso debe tener la suela de la bota para que la sientas aplastándote?
¿Por cuánto, cariño, dejarías de ser un títere del títere de ti mismo?
Dime, si lo sabes, ¿cuándo la humanidad dejó de serlo?
Si lo fueras alguna vez, o cuándo dejó de ser lo importante. Lo único que otorgaba el sentido. 
Regamos el fuego animal creyéndonos, por supuesto errónemeante, por encima de algo, de alguien.

Siempre fui de pedir perdón y ganarme los gracias pero, mira ahí fuera, cruza la ventana ¿con qué cerilla nos encenderemos las velas si ya no nos queda ni un chasquido para acabar el truco, para terminar con la broma?

Pablo Benavente


domingo, 28 de enero de 2018

CARDIOMEGALIA

Una mutación;
un defecto, en sí:
el corazón
más grande de la cuenta.

De fábrica, dicen,
de nacimiento, 
y, una vez, me salvó la vida
desviando un golpe de gracia
y sin ninguna.
En retorno,
por equilibrar, o ajustar cuentas,
quizá
algún día me la quite.

La historia tiene su punto:
estoy vivo
por mis defectos.
No intentes quererme por otra cosa.

Pablo Benavente


jueves, 25 de enero de 2018

EXTRAÑOS

Es casi tan necesario como descortés olvidar a la persona tras el poema.

Olvidar la latente humanidad con que se sangra una poesía, olvidar el sacrificio, el arrojo de periodista de guerra interior al conocerte, a solas, con una copa, la soledad y tú.

Por eso añoro el segundo de cordura de los farsantes. Ese momento en el que deciden dedicarse a otra cosa y dejar la poesía a quien no sólo demuestra amor en las letras.

Pablo Benavente


miércoles, 10 de enero de 2018

UNA RAYA DE CIELO

Te quiero libre.

Con tres palabras invitando a pactar con el diablo: te quiero libre.

Como una sucesión de calas y alfabetos bailes con la muerte, besos de judas 
y yo que, solo te quiero libre
aunque nunca me haya sentido tan parte de algo
como llenándote y los semáforos se pongan verdes a nuestro paso
como borrachos que no hacen pie en la mediocridad.

Te quiero libre, aunque hacer el amor contigo sea como meterse una raya de cielo,
y nos salgan plumas de la piel y el viento nos invite al salto.
Te quiero libre aunque se te caiga la miel de los ojos y me llene soltar todo esto.
Era tan imposible dar contigo que no tuve más remedio que creer:
toda una vida dedicada a las palabras y, precisamente tú vas y me dejas sin ellas.

Te quiero libre, pero, mientras
sueña bonito, salvaje;
sueña salvaje, bonita.

Pablo Benavente


PO ÉTICA

Hubo un tiempo en el que cuatro abrazos soportaban todo.
Aguantábamos un mundo que no estaba preparado para esto.
Para nosotros.
Un mundo lleno de poesía que nadie quería.

Ahora que nos sobra, ahora que todos la quieren no parece que nos acordemos de los abrazos.
Igual no estábamos, nosotros, preparados.
Igual solo duró un tiempo.
A lo mejor, es tiempo de poetas a los que se les olvidó de dónde venían, a los que se les olvidó la poesía.

Pablo Benavente


domingo, 7 de enero de 2018

MARIPOSAS

Me cogía la mano, se la ponía justo encima del obligo, bajo sus pechos,
y me decía: "¿sientes eso? Esto es por tu culpa?".
Después volvía a besarme, y yo me lo creía.
Por mi culpa -gracias a mí, entendía yo-.

Lo repetía, como un ritual, después de ponerse la ropa interior
-decía que la intimidaba mirándola-.

Nos medimos la piel, y nos pusimos a prueba un tiempo.
No supe nada más de ella hasta un mes después.
Un amigo la vio, con un tipo: ¿está embarazada?
Tenía su mano -la de él- encima de su ombligo.

Hoy en día llaman mariposa a cualquier cosa que te revuelva el estómago.

Pablo Benavente





lunes, 1 de enero de 2018

La pregunta, como un rezo

¿Tuvimos suerte, o la provocamos?
La pregunta que me repito a veces, cuando, dando vueltas a nada, acabo dando algún resquicio de honestidad, un pequeño paréntesis en el desierto, una piedra colocada, cuidadosamente, a un lateral del camino -si es que alguna vez lo hubo-, un regalo de certeza -libertad, a su modo-.

Saber que estás justo donde quieres, la búsqueda desesperada de una lógica al absurdo, un pequeño atisbo de candado en esta libertad, brutal, que me regalaste: como en un sueño, te fuiste al llegar la mañana, para que descubriera un mundo que -mira qué broma- acabó con tus pies.

Qué inocente impulso.
Cerrar los ojos, apretar los puños, destruir en un pestañeo las guerras, Europa, Estados Unidos, las excusas, tu pasado, mi trabajo, las temblorosas cuentas corrientes. 
Borrar de un gesto todo lo que nos lastra la sonrisa, todo el abismo de excusas que nos ponemos, como una coraza completa, a la que sólo delatan los ojos, sentirte para mí -sólo durante un infinito segundo-, y olvidar todo lo demás.
Volver a creer, como si nos contásemos un cuento al oído que hasta los lunares de tu brazo merecen una cara feliz.

¿Fue magia o la quisimos ver por todas partes?
La pregunta que, como un rezo, me acabo haciendo cada vez que me atraganto con alguna pluma, me aprieta demasiado el nudo o, el vaso de agua donde acostumbraba a ahogarme, desborda por huracanes. Qué triste camino hemos tenido que seguir, mi vida, si necesitamos de la ausencia del resto para no faltarnos a nosotros.

Pablo Benavente


sábado, 30 de diciembre de 2017

SEYCHELLES

Terminaba el sueño y yo palpaba el ambiente, cargado, medía la distancia entre la mosquitera; un velo de sueños hecho, con tacto, en algún país al que seguro, querríamos ir 
-de tener la oportunidad-,
y tu cuerpo, alejándose de la cama,
supongo que al baño
-desperté antes de saber si volvías-.
Poniendo dos dedos frente a mis ojos,
como la mirilla de un rifle al que ya no le queda munición,
y contando, en milagros, cuántos de ellos
entraban en cada paso que, con dulzura, dabas
en aquella dirección que, seguro, era la incorrecta.
Cuántos cabían desde ese fino encaje negro hasta tu pierna
en cada amenaza de paso que ibas dando.
Desperté, al final, con el calor de una zona que no lo merece,
sin café preparado, y llegando una hora tarde al trabajo.
Solo,
por supuesto.
Desperté. Nunca supe si volvías
y, sinceramente, llevo tanta
mierda encima
que, hasta el mundo, hoy,
tras esta noche, 
me huele bien.

Pablo Benavente