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lunes, 16 de noviembre de 2020

Al final el problema no era yo

 Hay personas que tardan años en darse cuenta de lo que uno vale. Es irónico, porque pese a que nos pasamos toda la vida esperando encontrar a alguien que nos quiera, cuando nos lo ponen fácil no lo valoramos por parecer insuficientes. Y así nos pasó. Yo estaba ahí para ti, para lo que necesitases cuando lo necesitases. Te quería. Me hacían feliz cosas tan estúpidas como conseguir que sonrieras o que contases conmigo el primero cada vez que tenías un problema. Te quería tanto, que nunca me di cuenta que cuando te ofrecía mi mano. No lo hacías a propósito -o eso quiero seguir pensando a día de hoy-, pero lo hacías.

Siempre pensé que algún día te darías cuenta de que no podría haber otro chico que tuviera tantas ganas de quererte como yo. Que tarde o temprano vendrías a mí y me pedirías perdón por no haber venido antes, mientras yo te abrazaría fuerte y te diría que no pasa nada. Estaba completamente seguro de que eso tendría que funcionar. Pero no, no funcionó. Contigo pensé entonces que había aprendido cómo funcionaba el amor, que no podía seguir dando tanto sin recibir algo antes. Que no podía intentar enamorar a alguien siento bueno, cariñoso y atento.

Han pasado ya varios años y, aunque he tardado mucho tiempo, al final creo que he aprendido cómo funciona el amor realmente.

El problema no era yo, ni que estuviese siempre ahí, para ti, tratando de enamorarte siendo tal y como soy. El problema fuiste tú, que no parabas de quejarte de que nadie te trataba bien, y fuiste tan gilipollas que dejaste escapar a la única persona que sí lo hacía.



Te quiero (mucho más de lo que expresan esas palabras)

 Escribo esto con miedo a no conseguir plasmar todo lo que siento. Es un poco como lo que me pasa contigo. Te digo trescientas veces al día que te quiero porque es una expresión que se me queda corta, o más bien, es una expresión que todos, sin medir su importancia, regalan a cualquiera. Es por ello por lo que al decírtela la percibo como devaluada. Porque cuando te lo digo a ti, pretendo darte a entender que el punto que marca el antes y el después en mi vida, eres tú. Te quiero, varias veces más de la dimensión que abarca esas palabras.

Creo que el amor son dos personas que se dan la mano sin apretar demasiado, confiando en que no se van a soltar el uno al otro. Por eso es tan difícil que funcione, porque a veces uno siente la necesidad de apretar por los dos, o el otro se siente demasiado apretado y por ello no puede irse. Ausencia de equilibrio que desemboca en destrozo y destrozados. Suerte que en el nosotros en el que ahora vivimos, sí percibo ese cincuenta y cincuenta. Por eso, contigo, nunca tengo dudas.

Y aunque ya lo sabes, me gustaría decirte nuevamente que yo nunca voy a ponerte condición o voy a apretar demasiado. Me enamoré de ti cuando eras libre, y libre te quiero. Únicamente, mientras quieras y mientras quiera, voy a dedicarme a quemar meses contigo. Si la cosa funciona, a coleccionar años. Y si esto es definitivo, a gastar el resto de tiempo de vida que me queda, a tu lado, invirtiendo en nuestro nosotros lo más valioso que poseo.

Lo que quiero trasmitirte, lo que quiero expresarte, se puede resumir en un: Ojalá funcione.

Porque como ambos leímos en aquel libro de Albert Espinosa: 

"Puedo vivir sin ti, pero no quiero".

Te quiero.

*(mucho más de lo que expresan esas palabras)



domingo, 15 de noviembre de 2020

¿Qué es ser feliz?

 Realmente yo no sabía dar respuesta a esta pregunta hasta que te conocí. Supongo que estaba subido en el tren equivocado, y en él no me lo explicaron como tú. Nada grave ya, sólo errores que todos hemos cometido alguna vez. Y menos mal que subiste para sacarme de ese tren, porque estaba destinado a descarrilar conmigo dentro desde el momento en el que me subí.

El caso es que comenzaste a enseñarme que era eso de ser feliz con pequeños detalles, con risas y momentos sencillos, pero nuestros. Yo más que gusto le fui cogiendo vicio a eso que experimentaba contigo; "eso que sientes es ser feliz", me decías. Y adicto a ti, fueron pasando los meses.

Aprendí que ser feliz no está ligado a que sea fácil. Porque en lo fácil no se puede saber si está lo duradero. Y llegaron los kilómetros, las ausencias y la ansiedad por esa droga de ser feliz que tú me das. Y aunque fueron meses duros en los que la mayor caricia que nos dábamos era un "buenas noches" por WhatsApp, sobrevivimos.

Hoy estamos juntos. Drogados por lo que sentimos el uno por el otro. Y tras los errores, lo fácil y lo difícil, por fin puedo responder qué es ser feliz. Ser feliz es estar contigo.




Tu puto lema

 Tú sabías que esto no iba a ser fácil. Precisamente por eso lo querías. 

No eres ni la primera ni la última persona que se estanca, que siente que no avanza o incluso que comienza a pensar en rendirse. Es lo que tiene cuando se intenta conseguir eso que los demás tachan de imposible.

No tires la toalla. Te lo pido por favor.

Sé que tienes la cabeza de dudas y que rendirte comienza a no sonar mal, pero no puedes hacerlo. Tienes que seguir. Es más, quiero que sepas que esta frustración es buena. Que este sentimiento de estar haciendo las cosas mal o de que no salgan como deberías no es malo, sino una señal de que vas por el buen camino. Imagina que es como una frontera. Aquí es donde "los que hablan mucho y hacen poco" se rinden. El momento exacto idóneo para demostrar que somos distintos. ¿Acaso no eres alguien distinto al resto?

Pues DEMUÉSTRALO. Estamos rodeados de personas que hablan mucho, piensan poco y hacen menos. ¿Quieres ser como ellas? Pues entonces da un paso adelante. Sigue intentando cosas. Sigue luchando. Reinvéntate. Medita si realmente estás dando el cien por cien. Si es que no, comienza a darlo. Si es que sí, no es suficiente, da el ciento veinte. Y si tienes que volver al principio, vuelve. Ahora eres más fuerte que cuando empezaste y es más probable que lo consigas. Y sigues, mañana lo seas aún más.

Grita a los cuatro vientos: "ESTO NO SE ACABA HASTA QUE YO GANE". 

Que sea tu puto lema.

¿Qué otros lo han conseguido? Significa que tú también puedes. 

¿Qué no lo ha conseguido nadie? Mejor. Tú serás la primera persona que lo logre.

Es difícil porque merece la pena. Y lo quieres porque es difícil. No lo olvides.

"ESTO NO SE ACABA HASTA QUE YO GANE". Recuérdalo a todas horas.

Y sigue luchando.



sábado, 14 de noviembre de 2020

El pajarillo y la tortuga

 Es difícil escribirte algo porque todo lo que tenga que ver contigo siempre es difícil. Tú eres así. Libre, loca y aventurera. Hoy aquí y mañana allí, como si fueras un pajarillo que vive con la única preocupación de encontrar a la próxima rama en la que posarse.

Algunas veces me he preguntado si yo para ti he sido tan importante como tú para mí. No sé, yo antes de conocerte era como una tortuga, alguien que iba despacio por la vida, escondiéndose en su caparazón a las primeras de cambio y lleno de inseguridades y miedos a todo. Y apareciste tú, contagiándome tu filosofía y tus ideas. Tardé un tiempo, pero quiero que sepas que conseguiste que al final cambiara mi caparazón por unas alas. También quiero que sepas que ya no soy una tortuga miedosa.

Ahora sé que, para llegar a ser quien quiera ser, necesitaba estar contigo durante un tiempo. Me faltaba acción y me sobraban dudas, pero por suerte me lo hiciste ver. Y vale que no podíamos estar juntos para siempre, porque tú eres muy especial y yo creo que tampoco me quedo corto, pero sí creo que estuvimos el tiempo suficiente para que dejases huella en mí.

No sé cómo ni dónde vas a terminar con la manera que tienes de ver la vida, pero yo, sinceramente, creo que no te va a ir mal. Piensa que, mínimo, le has cambiado la vida a alguien, y creo que, solamente por eso, ya merece la pena todo lo que eres.

Más de una vez he pensado que me voy a encontrar contigo cualquier día por Madrid, y también más de una vez he pensado que no, porque quizás estás en Francia, en Australia o de mochilera en Sudamérica. De ti no me iba a extrañar nada.

En cualquier caso, si lees esto, gracias por haberme enseñado a volar.



jueves, 12 de noviembre de 2020

Regalos

 A veces por compromiso, otras por cumpleaños, aniversarios o cualquier fecha que marque el calendario, y otras veces porque sí. El motivo quizá es lo de menos. Lo que quiero resaltar es que, si hay algo que nos gusta a todos, sin excepción, es recibir un regalo.

Recuerdo que cuando era pequeño me hacía un montón de ilusión recibir regalos. En el fondo me daba igual lo que me regalasen, yo era feliz con poder destrozar el papel que lo envolvía y descubrir lo que había dentro.

Con el paso de los años sigo igual. Me hace ilusión hasta abrir los paquetes de las cosas que compro por internet. No sé, creo que los regalos tienen magia y que son una excelente manera de demostrar el amor y aprecio que sentimos por alguien. De hecho, soy la típica persona que te va a estar tan agradecida por haberle regalado algo que, aunque no me guste nada, jamás sería capaz de admitirlo. La intención está ahí. Ya también soy de los que piensan que eso es lo importante.

Para mí, el secreto de un buen regalo es conseguir que despierte emoción en la persona que lo recibe. Hay gente que parece que piensa que para que un regalo sea bueno tiene que ser caro. Para nada. De hecho, da igual lo caro que sea, su envoltorio y todo. Lo importante es entender que, a más emoción causada, más has acertado a la hora de escogerlo. Y si se conoce bien a la otra persona, hasta con un pequeño detalle -eso sí, el adecuado-, se puede hacer el mejor regalo del mundo.



Nuestro secreto

 De fondo, nuestra canción favorita. Tú, yo y dos Desperados haciendo de ese rincón del pub el metro y medio cuadrado más mágico del mundo. Y nos sobra, porque nos sobra todo lo que no sea estar juntos a todas horas.

En ese rincón se nos ve tan felices que nos odian, mientras nosotros les sonreímos despreocupados por lo que puedan pensar. Les puede la envidia de que hayamos encontrado pareja de baile a nuestros defectos, y que encima parezcamos felices. Que todos quieren a alguien que les ría como me ríes tú, y todas quieren a alguien que les mire como te miro yo. 

Ese es nuestro secreto, la facilidad se sentirnos la pareja perfecta cuando juntamos nuestras imperfecciones y nos reímos del mundo.



martes, 10 de noviembre de 2020

Lo que le diría a mi yo de 18 años tras conocerte

 Todos nos hemos sentido alguna vez como una pieza diseñada para un puzzle que no existe. Y, cuando esta sensación nos golpea de lleno, nos hace sentir mal. Tremendamente mal, diría. Te llega a hacer creer que no vales nada. Que eres una persona rara, extraña y que tienes que cambiar. Que tienes que amoldarte al resto para que alguien pueda fijarse en ti. Al menos a mí me ha pasado durante demasiados años.

Ojalá cuando tuviésemos dieciocho años pudiésemos tener una breve charla con nuestro yo de diez años después. Aunque sólo sea para recibir un consejo con el que afrontar el futuro.

Yo, si ahora tuviese esa oportunidad, sé que le diría a mi "yo" de 18 años: "No cambies por otros. No pierdas tu esencia ni lo que te hace único. Te prometo que van a llegar muchas personas iguales o más raras que tú y te van a hacer feliz. En especial una. Ya lo verás. Te lo prometo. Tú sólo céntrate en no dejar de ser tú".



Mírate

 Mírate.

Cuando te despiertas por las mañanas, iluminas al que se cruza contigo como si fueses una pequeña estrella fugaz.

¿Sabes lo que me viene a la cabeza cada vez que te veo?

Pedir un deseo.

Y tú, como entendiéndome por telepatía, me lo concedes en forma de beso.

Mírate.

Que haces del mundo un lugar mejor con sólo existir.

¿Sabes lo que quiero cuando pasan diez segundos sin tenerte enfrente?

Volver a verte.

Y tú, como sintiendo lo mismo, siempre tienes un plan para quedar.

- Mírate. Eres increíble.

- No soy para tanto - contestas.

Te callas. Vuelvo a insistirte.

- Mírate. Pero esta vez, hazlo como yo te miro.




lunes, 9 de noviembre de 2020

Eso es todo

 Yo no quiero atarte con una etiqueta o estar contigo a toda costa. Tampoco quiero agobiarte o que seamos algo. Lo único que yo quiero es que desees quemar horas conmigo. Que te lo pases bien a mi lado. Que disfrutes. Que rías... Cada vez que consigo sacarte una carcajada es como si le metiese un gol a lo puta que es la vida, y eso me hace feliz. Tremendamente feliz.

Digamos que no quiero tocar por si se rompe. Me conformo con que sigamos despeinados por enfrentarnos juntos al viento en contra. Con que pasen los días y siga todo igual. Con esos abrazos tú sabes dar y que siempre llegan cuando más se necesitan. Eso es todo.

Yo no quiero que seas algo mío, sino que cuando puedas elegir libremente, me elijas siempre a mí.



Pídeme que esto no sea para siempre

 Píntate los labios de rojo, péinate el pelo como tú sabes, ponte tus tacones más altos, tu vestido más corto y saca las ganas que tienes de mandarlo todo a la mierda, conmigo. Usa ese perfume que me tiene domesticado a tu cuello cual perro con correa, a menos de un metro de ti y bajando con cada copa y cada susurro. Baila conmigo, aunque no tengamos ni puta idea de compases ni ritmos. Bésame y dime que nos vamos de aquí, que me prepare para la guerra. Tírame contra la cama y dime que hoy mandas tú. Hazme amanecer con manchas de tu pintalabios por todo el cuerpo, exhausto, del empeño que le hemos puesto para que los vecinos tampoco duerman esta noche. Cuélate en mi sueño mientras duermo y déjame exhausto ahí también. Dime que lo nuestro es droga y que tenemos mucho vicio. Decora mi habitación con tu vestido tirado por el sueño y cada uno de tus tacones en una esquina de la habitación, marcando el norte y sur del reino de fantasía de la habitación, marcando el norte y sur del reino de fantasía que nos montamos con una cama y dos copas de más. Átame a la cama si te digo que tengo que ir a trabajar.

Pídeme que esto no sea para siempre, pero no termine nunca.



Quiero verte

 Quiero despertar todas las mañanas y contemplarte desnuda a mi lado, prohibiendo que te vistes hasta haber posado mis labios por todo tu cuerpo. Ver películas de terror y hacernos compañía en el insomnio bajo las sábanas. Ser el abrazo que buscas los días que no te sientes bien. Escuchar tus delirios y decirte que yo también los tengo. Seguir conociendo todos tus miedos para ayudarte a vencerlos uno tras otro, o para escondernos juntos de aquellos que compartimos. Ir de concierto en concierto importándome más la compañía que la música. Susurrarte lo increíble que me pareces a todas horas. Malacostumbrarte a que te sientas deseada a todas horas. Conseguir que no vuelvas a pensar que nunca te ha ido bien en el amor. Hacerte reír, mucho; porque a mi sonrisa le sienta bien la tuya, y una boca como la que tienes si no está besando o riendo es un desperdicio. Que continúes respondiendo "sí" a cualquier plan que te proponga, llenando uno y mil sobres con entradas y tickets. Idear fugas, del trabajo o de la rutina, siendo sólo dos locos que por ir de la mano se creen que pueden con todo. Aumentar la colección de fotos que tenemos juntos y que nunca se verán en Facebook. Quemar nuestros sueldos en cenas y viajes. Compartir más domingos de desayunar una Desesperados y al otro en la cama.

Verte. Sólo necesito verte en grandes cantidades.

Porque ya me he acostumbrado a la palabra "contigo", y Madrid empieza a quedarme grande cuando la conjugo sin ti.



El amor es querer como si fuese a ser para siempre



 - Lleváis pocos meses juntos y hablas como si ya fuese seguro que te vas a casar y tener hijos con ella. Como si fuese a ser para siempre.

- ¿Conoces otra forma de amar? No creo que se pueda querer con el freno pisado, sin soñar, sin hacer gilipolloces como imaginar un hijo con los apellidos de los dos. Dudo mucho, además, que pueda ser duradero un amor en el que no creas que vaya a ser para siempre. Piénsalo, decirle a alguien "te quiero" y a la vez pensar: "pero no sé si mañana o pasado voy a quererte igual". Por supuesto que es pronto, pero las ganas son más del cincuenta por ciento de cualquier cosa en la vida. y si sintieses lo que siento yo a su lado, hazme caso que tampoco te faltarían. Es que, la tengo delante y, bueno... a mí me cuesta decir te quiero, ¿sabes? Decir eso es abrir una parte de ti por donde puede entrar la mayor de las alegrías y la peor de las penas, por eso nos aterra decirlo. Lo que pasa es, como te iba diciendo antes, que la tengo delante y con ella veo claro arriesgarme. Por eso lo hago así, porque con ella es fácil hablar como si fuese a ser para siempre.



martes, 27 de octubre de 2020

Siempre nos quedará Instagram

 No sé cómo, he acabado en tu perfil de Instagram. Está lleno de fotos tuyas sonriendo, con tu chico. Se te ve radiante, feliz. Después, sin saber otra vez cómo, he acabado en el perfil de tu chico y, de las últimas diez fotos, en nueve salía contigo. Sonriendo igual o más que tú. Besándote, abrazándote y siempre con cara de felicidad.

El caso es que me alegro por ti, de verdad. Nosotros ya no podemos estar juntos. Bueno, eso creo. Y si algo te mereces, es alguien que te llene, que te complete y que te tenga como en vuestras fotos, riendo siempre e irradiando felicidad.

Me alegro de que no hayas acabado con algún capullo o alguien mediocre. Eres muy especial, fuerte y con capacidad para brillar por tu cuenta. Y quiero que sigas siendo así, aunque yo no lo vea salvo por tus fotos de Instagram. No supe conseguir que lo nuestro durase, pero me consuela saber que alguien que sí. Alguien que consigue que sigas siendo maravillosa.

Te deseo que seas muy feliz.



Sin ti, yo ya no, ¿sabes?

 Creo que estoy entrando en esa fase en la que ya te echo de menos desde que te digo adiós. A ver si me explico. Estoy donde sea, y siempre pienso que sería mejor si tú también estuvieses. Hago planes, y en el fondo el sitio me da igual, lo que me importa es que vayamos juntos. Es más, cualquier detalle me recuerda a ti. Desde un café, hasta lo raro que se me hace ahora dormir solo una noche.

Sin ti... no te imaginas cuánto me pesan ahora esas palabras.

Admito que me da vértigo en cierto modo, porque, sinceramente, nunca he sabido pensar en mí; y, de repente, ahora cuando pienso lo hago por dos.

Sin tu, yo ya no, ¿sabes?

Y es que siempre me he sentido preso de una vida que pedía fuga, pero digamos que nunca he pensado que fuese el momento. Quizá era sencillamente cobardía, aunque, desde que te conozco, sólo me bastaría un "vámonos" tuyo para mandar todo a la mierda. Porque motivos no me faltan. Y ganas, contigo, menos.

Sin ti, no, pero contigo, CUANDO QUIERAS.



Si quieres...

 Si quieres ser musa, me inspiro contigo.

Si quieres volar, te construyo unas alas.

Si quieres ser guapa, yo te miro.

Si quieres ser valiente, yo te empujo.

Si quieres cantar, yo te doy palmas.

Si quieres sentirte única, te vuelvo a recordar que para mí ya lo eres.

Si quieres un reino, te ofrezco el de mi cama.

Si quieres escaparte, te tapo con mis sábanas.

Si quieres leer algo especial, te escribo un libro.

Si quieres un abrazo, yo te doy tres.

Si quieres ahogar penas, yo te acompaño de bares.

Si quieres sonreír, yo haré que lo hagas, prometido.

Si quieres visitar cualquier ciudad, agarrar fuerte mi mano. Yo te llevo.

Si quieres bailar, yo dejo que me pises.

Si quieres quemar Madrid, yo hasta el final, contigo.

Si quieres llorar, no, no te voy a dejar que llores.

Si quieres volver a sentirte niña, te tiro de las coletas.

Si quieres ser diosa, desnúdate y yo te adoro.

Si quieres perderte, me fugo contigo.

Si quieres que te encuentren, yo te busco.

Si quieres un final feliz, yo pongo las perdices.

Si quieres... yo... contigo.

Si quieres.



martes, 20 de octubre de 2020

El amor son dos personas que tiran de una goma

 Recuerdo el día que dijiste: "Tú por tu camino, yo por el mío, y sálvase quien pueda".

Siempre me imagino las relaciones como una goma de la que tiran dos personas. Cada enfado, cada discusión o cada diferencia la tensa un poco más. Al final, cuando está claro que está demasiado estirada, hay uno que se cuenta -el que suelta- y otro que aún cree que es posible -el que se lleva el gomazo-.

Está claro quien se lo llevó en nuestro caso, pero te aseguro que es lo mejor que pudo pasar. Yo me merezco a alguien que no la suelte a las primeras de cambio. Tú, bueno, ojalá termines con alguien que te haga feliz, pero ojalá aún que te lleves primero unos cuantos gomazos.

Por karma, más que nada.



La longitud de un paso según quien mira

 Anhelamos lo mismo, pero a la vez no lo vemos, o no lo queremos ver.

Admito que no me es difícil imaginarnos juntos, porque nuestra historia sería tan perfecta que hasta aburriría en película. No hay brujas, malvados ni bandos enfrentados, sólo un paso por dar -pequeño a ojos de cualquiera, y extremadamente inmenso en mi opinión-.

Pero no sé... al final pasan los días y lo único que hacemos es hablar como si nada mientras nos miramos como si todo. Sin que nadie más se dé cuenta de lo que está naciendo entre nosotros.

Yo creo que nos intentamos decir un: "dispara tú primero" o algo así. Y no te niego que tengo un argumento de peso para hacerlo: sabemos hacernos reír, ¿quién podría pararnos?

Sólo me falta atreverme a dispararlo.

Porque, si te soy sincero, pienso a diario en ti. No diría que estoy enamorado, no me atrevo contigo, ni tampoco debo, añadiría, pero cada día que pasa necesito verte un poco más. Tener noticias tuyas es sinónimo de ahuyentar a los pájaros de mi cabeza. De que se escape una sonrisa de esas que salvan días de mierda.

Y soy consciente de que no estamos enteros. De que, a base de desengaños, nos han destrozado demasiadas piezas en nuestros corazones. Que a nosotros ya no se nos ilumina con palabrería, que no es tan fácil. Pero creo sinceramente que, si juntamos nuestros restos, si nos arriesgamos, podemos llegar a ser algo. Quizá un roto, un bonito roto. A mí me vale.

Yo... yo no voy a dar el paso. Lo siento, pero no. Al menso por ahora. Yo nunca he sido el más rápido en el amor, sino el que más siente. Y, por desgracia, éste siempre paga los platos rotos. Aunque te aviso, si al final disparas, si me das pie, si me haces verlo claro, te vas a hartar de cenar perdices conmigo. Porque yo soy un desastre en esto de querer, pero ya sé hacerte reír. Y no hay cosa que me haga más feliz que verte a carcajada limpia.

No sé si al final dispararás tú o tendré que hacerlo yo, pero, sea lo que sea, que suceda pronto.

Lo nuestro promete. 



viernes, 16 de octubre de 2020

Si decides quedarte

 Si decides quedarte, te aviso que a mí es un poco difícil quererme. Soy una persona especial.

Siempre dejo lo que no me gusta para después. Acostumbro a tomar decisiones extrañas guiándome por corazonadas. Me considero extremadamente emocional, por eso me hace feliz cualquier detalle. También tengo facilidad para sentirme mal cuando algo no me sale bien o me preocupa. Mis amigos dicen que soy un desastre que no sabe dónde va. Extremadamente indeciso. Un día te diré que quiero ser escritor, al otro futbolista y al siguiente actor. Me quema estar metido en casa todo el día, pero la echo de menos en cuanto paso dos días fuera de ella. Prefiero las series a las películas porque los capítulos suelen ser más cortos, aunque al final termino viendo varios y pierdo hasta más tiempo. Si me da por escuchar una canción, la escucho treinta y siete veces al día. Suelo estar a dieta, y suelo aún más saltármela. Siempre encuentro una excusa para darme un capricho, o para da un abrazo, de saludo, despedida o demostración de aprecio. Me encanta querer y sentirme querido. Y no sentirme solo, aunque a veces lo necesito.

Te lo puedo resumir en que estoy lleno de manías y peculiaridades. No sé hacer las cosas sin ponerle cariño, y en el fondo soy todo inseguridad y nervios.

Si tras todo esto te sigo pareciendo interesante y decides quedarte, por favor, que sea para apostar por algo único.

Para cualquier cosa, tienes al resto.



                            

La chica de la oficina

 Próximo tren: Dos minutos.

Alguien mira el reloj nervioso. Es él. El que se levanta cada mañana media hora antes para asegurarse de coincidir con ella en el mismo vagón. El tren llega. Se sube y consigue sentarse. Saca un libro y comienza a leer, aunque su mente no termina de concentrarse porque está pensando en ella. Las paradas se van sucediendo. Sube y baja gente, pero nadie que le importe. El móvil vibra: "Estoy a cuatro paradas". Es ella. La que sí importa. Y él sonríe. Al final va bien de tiempo si se da prisa.

Ahora toca transbordo. Nada más pisar el andén, corre por toda la estación de metro como si le fuese la vida en ello. Al llegar al otro andén, vuelve a mirar el reloj nervioso. Esta vez no por el tiempo, sino por ella.

Próximo tren: Un minuto.

"He llegado a tiempo", se dice satisfecho a sí mismo.

El tren va a efectuar su parada en la estación.

Ya viene. Él, como siempre, se pone justo enfrente de donde queda el primer vagón. Donde ella lo espera. Mientras el tren se detiene, puede verla por las ventanas. Sonriente. Radiante. Está sentada y tiene un asiento guardado para él. Se abren las puertas, y más gente que no importa sale por ellas. Él se siente como un atleta en una carretera de cien metros lisos, esperando la señal para correr hacia ella. La última persona que se dispone a salir del vagón, lo hace. Ahí está su señal. Anda rápido, calmado como puede sus ganas de correr -está seguro de que si estuviese un poco más lejos no podría evitarlo, dándole igual lo que puedan pensar los demás. Los que no importan-.

Por fin llega hasta ella y se sienta a su lado. Ya están juntos, otra vez. Se sonríen. Se miran. Se miran muy intensamente sin decir nada, pero diciéndose todo. Acto seguido examinan a su alrededor. No hay nadie que los conozca de su oficina.

Por fin se dejan llevar.

- Te he echado de menos.

- Yo más.

- Tú siempre más.

Se ríen. Se besan. Se sienten libres, rebeldes y felices.

Sus vidas siguen gobernadas por la misma rutina de mierda, pero, durante tres palabras, escondidos en ese vagón de la línea nueve donde nadie les reconoce, se abrazan, cierran los ojos y sienten que todo lo demás, como la gente del metro, no importa.