miércoles, 24 de abril de 2019

Llegó el dichoso día


No deje sonar el despertador, aunque era sábado y para mi levantarse a las 9 y media de la mañana, es madrugar. Pero estaba nerviosa. Había dormido un poco agitada, había repasado todo lo que iba hacer y lo que iba decir… estaba esperando este día. Me había dado tiempo a calcular absolutamente todo.

Me sobro tiempo. Desayune más despacio de lo normal, sabía que tenía que llevarme, que iba a ponerme. Actuaba por inercia. Eso sí, me latía el corazón fuerte y alegre. Volvía a mi sitio favorito del mundo después de tanto tiempo... Y me moría por curiosidad por saber que iba a encontrarme.

Como de costumbre, mi hermano no me dejo conducir, asique puse la música alta, muy alta. Más alta que los problemas. Y cantamos. Nos reímos de camino, hablamos de muchas cosas. En fin, nos apetecía pueblo, y se notaba.

Todo el mundo disfrutaba de su semana santa, asique la carretera era prácticamente nuestra. Llegamos en seguida. En un abrir y cerrar de ojos, nos encontrábamos delante del cartel con el nombre de nuestro sitio. Subimos la cuesta.  A la derecha se iban amontonando los coches. Ya había mucha gente. Mi hermano pito, dando aviso de que ya habíamos llegado… fuimos directos a casa. Aparcamos en la puerta y antes de bajar, mi madre abrió para recibirnos. Y al otro lado, un coche, negro. Frena de golpe. Pita. Baja la ventanilla y se escucha una voz ¡venga copón, que llegáis los últimos! Sí, habíamos llegado. ¡Por fin en casa!
Lo primero que pensé nada más bajar del coche fue… ¡joder que frío hace en este pueblo! ¿lo segundo? Me encanta como huele.

El olor a pueblo, a chasca inundo mis fosas nasales. Respiré hondo, sin gota de contaminación y empezó todo.

Era día de paella en el pueblo. Una excusa para juntarnos todos. Es la mejor manera de encontrarte con la gente, hasta con la que no te hace demasiada gracia. Todo el mundo se para a saludar. Se te agotan los besos de tanto repartirlos. Te peleas con las señoras mayores por el asiento. Y los hombres se arremolinan en las ascuas para ser los primeros en probar el forro. La barra siempre está llena y siempre hay alguien que se alegra tanto de verte que te invita a una cerveza. Los niños corriendo, las mamas en grupo vigilando. Que no falten los comentarios de ¡pero qué guapa estas niña! Que oye, es verdad que te suben la autoestima. Y un sinfín de preguntas que dan ganas de no contestar: ¿Cuándo has venido? ¿Cuándo te vas? ¿Dónde te has dejado el novio? ¿Oye y tu abuelo que tal anda? En fin… la vida del pueblo.

A mí las paellas para tantas personas no me gustan. De hecho, estaba sosa y no sabía a nada. Pero me gusta el ambiente. El esperar la cola con mi familia para que nos den la bolsita del pan, los cubiertos y la mandarina. Y que te sirvan el plato. Irme a una esquina con mis amigos y que se rían de mi porque odio las cosas verdes, y no les quede más remedio que darme su parte del pollo si quieren que coma algo. Lo mejor son las rosquillas del postre. Y que todo el mundo se sienta a tomar café en grupitos, con su grupito, y charla. Durante la comida, parece que el pueblo es toda una gran familia. Y eso mola.

Para mí fue un momento de encontrarme con mi gente, gente q llevaba mucho tiempo sin ver. Con la que ha pasado muchas cosas y necesitaba saber en qué punto estábamos. Pero no sé si era la paella, el café o simplemente que estábamos en el pueblo… pero estaba todo bien. Y solo pude ser feliz. Desconecte de los problemas de la ciudad, me olvide de la tensión que me producen los estudios. Deje los amores imposibles a un lado de mi mente. Y disfrute de lo que había.
Coches que llegan, coches que se van. Los abuelillos se suben a echarse la siesta. Los niños se van al frontón a jugar al futbol. Las niñas al ayuntamiento a robar el wifi. El grupo de los mayores, que no se en que momento hemos pasado a ser los mayores, nos damos una vuelta y nos ponemos al dia de los cotilleos. Y como quien no quiere la cosa llega la hora de la cena.

Si hay algo que me gusta del pueblo es ese afán por compartirlo todo. Ya no había paella para cenar todos juntos, pero organizamos una cena de amigos en la nave de alguno, preparamos una barbacoa y llenamos el buche, que esta noche se sale y los sábados santos suelen ser traicioneros.

Como nos gusta una verbena… como nos gusta hacer corrillo para bailar la canción del gallo, seguir todos los pasos del coyote dance o empujarnos cuando suena eso de “ey chipirón, todos los días sale el sol chipirón”. Como nos gusta brindar por las amistades del pueblo, y apoyar el vaso en el suelo, porque “quien no apoya, esa noche no folla” y quizás ninguno lo haga, y el que lo hace, suele ser en secreto intentando algo que nunca se consigue, que nadie se entere. Como nos gusta golpear la barra hasta que el camarero, que seguro que se sabe de memoria lo que queremos, nos sirva. Como nos gustan los pasodobles de manolo escobar, las rumbas y las canciones de skape…

No puedo decir todo lo que baile. Todo lo que bebí. Y mucho menos todo lo que me reí. Disfrute como una enana rodeada de los míos. Se me pasaron las horas voladas y cuando quise darme cuenta era de día y debía irme a la cama. ¡Coño eran las 9 de la mañana! Y me fui con la sensación de siempre… ¡como en el pueblo, en ningún sitio!

Y hoy, dos días después, lo pienso. Lo repaso. Y sonrío. Sonrío porque al final son ellos los que me hacen un favor  a mí. Iba con muchos miedos, iba con muchas heridas, heridas de guerra, que o cerraban, o volverían a sangrar. Iba insegura. Y me di cuenta, de que aquel sitio es magia, que en casa siempre hay soluciones. Y que los enfados allí… siempre se pasan. Asique, al final, me reencontré conmigo misma. Puse el contador a cero. Recargue las pilas y volví a soñar… con las noches de verano.

Belén Triguero Guijarro




martes, 23 de abril de 2019

MUJER IMPERFECTA (a la manera de Batania)

 A Batania, sobran los  motivos


Mujer sin cañones, que cuente las horas que hemos sido felices este mes y me proponga superarlo el mes que viene.

Mujer con risa, con rosa, en verso o en prosa, poema en mis manos, que rompa cada mañana el despertador. Que cuando bese dispare a matar.

Mujer catarata que caiga en mi boca, hecha de materiales amables, eternos como el calor en el sur.

Mujer de zancadas destino hacia el mundo, que pise descalza los sueños y baje de golpe a buscarme a mi abismo y la saque a bailar.

Mujer imperfecta que sepa también aburrirse y acepte que no todo brilla en el mundo.

Mujer con perfume a Saturno, que limpie el planeta colgando su risa de un muro, que vibre si vibras, que coja mi mano a las 7 y se deje querer por la  espalda.

Mujer que no quiera ser besada por partes, ni sexo cansado, que diga que hay prórroga y sea en su cuerpo.

Mujer sin rotondas, de vuelo raso y avenidas, directa a nosotros, sin salas de espera ni atención al cliente.

Mujer 95 % bondad y 5 % rabia con remitente: A la atención al Consejo de Ministros.

Mujer sin atascos, que tenga las calles abiertas, con puesto y mercado y feria los viernes y fobia a los lunes.

Mujer que sepa decirme que no, mujer sin condiciones, que sepa romper estas normas, que sepa que esa es la única condición importante. Esa y lo de ser besada por partes. Ahí no transijo.

Mujer que me diga mira, esto es la calma, esto ya es nuestro, que tenga una aerolínea en los muslos y sepa salir  a la calle a gritar cállate a mis inviernos.

Mujer con tristeza al ver niños piojo, niños en hueso, hombre estropajo, que sepa de la generosidad, que sepa partir en dos una moneda.

Mujer contradictoria, que cambie si quiere. Mujer sin twitter, con twitter, con grietas o entera, marino o celeste, playa o montaña, pero conmigo.

Mujer sinfonía, de cuatro estaciones, que se llame caricia, mordisco y verano, que hoy tenga 30 y que a poder ya duerma conmigo.

Mujer imperfecta, que sepa que no está aquí para satisfacerme sino  vivirnos, bebernos, vibrarnos, caminarnos, navegarnos, aprendernos,  participarnos, sobrevolarnos, torcernos y tratar de salir mejorados.

Mujer para soñarnos.

Mujer que sepa que sé que el amor no es un verbo de ida, que dar no es  solo un verbo de ida.

Mujer hecha de nube, con vistas al mar, paciente impaciente, que salga  a cazar por las noches y vuelva con restos de mi amor en los colmillos.

Mujer que al mirarla nunca me recuerde a la palabra tarde.

Mujer inteligente que sepa que esto es solo un poema y ella un milagro de carne y hueso, que esto es solo charco y ella un manantial. Que ella siempre será un millón de veces mejor que las tonterías que pueda pedir sobre una hoja un poeta.

Una mujer que al verla me dibuje una sonrisa por dentro.

Eso es lo que buscaba. Eso es lo que encontré.



Aunque fuera breve

Yo subía las escaleras de su cuerpo,
ella se tiraba de mi abismo.
Hacíamos una buena pareja.
Siempre nos encontrábamos a medio camino
de su caída y de mi ascenso
y daba igual todo, que subiéramos o bajáramos.
Lo importante es que en algún punto,
aunque fuera breve,
ella y yo nos encontrábamos.
Eso es la poesía.



Carta a Campanilla

Buenas tardes a todos los lectores que seguís este increíble blog. Hace muchos años que nació y he tenido la suerte de poder intervenir en muchas decisiones que Pati ha tomado sobre él, como el nombre que lleva. También, he tenido la suerte o la desgracia de ser el personaje principal de muchas entradas. Y creo que va siendo hora de que el famoso Peter Pan hable y diga su propia versión de los hechos. 

Agárrate porque este mensaje, Pati, es para ti, y va a ser largo. Se basará en nosotros, se basará en nuestra historia e iremos dando forma a todo lo que has escrito sobre mi. Después, querido lector, será usted el que valore de que parte está en esta historia que sucedió en Nunca Jamás.

Hace siete años, apareció una niña de veinte años en mi despacho, con una novela en sus manos. Temblorosa, hablaba poco y miraba mucho, me miraba a mí, menos cuando yo la miraba a ella. Era tímida, muy muy tímida. En seguida pude ver como la punta de sus orejas se enrojecía y sus mejillas también. Me pareció la chica más guapa y adorable que había visto nunca. Sin hablar, me enamoró, quería abrazarla, tranquilizarla, quería hacerla sentir cómoda y que la conversación durara más de lo previsto. Después, bajé de esa especie de nube a la que ella me subió cuando entró en mi despacho. Yo tenía veintiocho años. Era bastante más pequeña que yo, y generalmente a esas edades, se nota la diferencia.

Me presentó su novela. Era romántica. Estuvimos hablando de ella. Era inteligente, era lista, escuchaba, asentía y debatía. Me gustaba eso, tenía carácter, escondido, pero ahí estaba. Esa chica era como un cofre del tesoro, lo había hallado por casualidad. ¿Quién tendría la llave para ver su interior? 

Después de ese encuentro, con motivo y escusa de la novela, comencé a escribirla correos. Hasta que tras muchos, y cuando digo muchos, es muchísimos rechazos, conseguí un café. Siempre, para hablar de la novela, por supuesto. El día que la volví a ver por segunda vez, estaba aún más guapa, y yo hecho un manojo de nervios. Me imponía, no sabía por dónde iba a salir, no era nada predecible, no era como las otras chicas. Había que estar atento y alerta para sus contestaciones, era borde, pero su sonrisa hacía que asintieras mientras te llamaba "tonto", precisamente con cada de tonto. Hacía conmigo lo que quería, y yo me dejaba. Nunca me había pasado con nadie. Me convertí en todo lo que ella necesitaba, quería su presencia a poder ser todos los días... Pero había algo que nos separaba. Muchos kilómetros. Pero me daba igual, Valencia no está tan lejos. La escribía, la llamaba, la enviaba regalos, cada minuto que tenía libre era de ella, y los que no tenía también. Se convirtió en el centro de mi vida. Quizás por ser como es ella. Por sorprender, por esa lucha constante que hay que batallar para entrar en su corazón, por todos los obstáculos y rechazos que pone a quien se le acerca. Eso se convirtió en un juego adictivo, en una droga que me hizo perder la cabeza. Yo sería el que conseguiría la llave de ese caparazón que lleva como vestido.

El primer año, fue una batalla tras otra, de las que no siempre salía victorioso. Me ha costado muchas noches de insomnio, de buscar detalles, viajes, libros, canciones, cenas, lugares... Incluso momentos de querer abandonar, pero... Ha sido mi mayor inversión, porque ella era una obra de arte. Te hace sentir desde el primer momento. Para bien o para mal, pero ella es intensa, es de blancos o negros, es de planificar todo y se enfada si algo le sale mal. Es exigente, con ella misma y con los demás. Pide, porque lo da todo. Es el corazón más grande que he conocido. Tiene muchos amigos, porque es imposible no estar cerca de ella. También admiradores... ¡suerte, chicos! La vais a necesitar. 

Es fuerte. No he conocido a nadie tan fuerte. No he visto a nadie levantarse llorando y volviendo a la carga, no dándose un respiro para luchar por su gente, para luchar hasta por los que no se la merecen. Es una guerrera, y no lo sabe. No es consciente de lo que es. De que los demás vemos desde fuera. Impone, claro que sí. Pocos logran estar a su altura. Y es que para estar a su lado, necesitas armadura, necesitas dar mucho, y seguramente recibas muchos golpes también. Pero hay algo en ella, que hace que te quedes. Es humilde, es tan frágil como fuerte, es... magia. Tiene polvo de hada, te hace volar, flotar, sentir mariposas, querer más de ella. Es una verdadera adicción cuando la conoces. Te agarras a cualquier cosa que te ofrece por no perderla. Puedes estar iniciando una relación, pero siempre será ella. Porque no hay dos Campanillas. 

Es una niña a la que cuidar y una mujer a la que tenerla respeto y admiración. No todas las personas que conozco llevan una carga como la de ella. Y sonríe. Siempre sonríe, y es un arco iris. Y se enfada, ¡vaya cuando se enfada! Es bastante cómico y divertido, pero que no te vea reírte, porque te puedes llevar una buena galleta. Sus andares, va dando saltos, sus miradas, sus gestos, como se coge las manos, como rehuye cuando la van a tocar. Mirarla es como estar frente a un paisaje o un cuadro del Museo del Prado. ¿Cómo no me iba a enamorar de semejante mujer y niña en un mismo cuerpo?

No podemos ser más diferentes. Yo busco una princesa a la que regalarle flores porque sí. Busco noches de velas, domingos en la cama, viernes en el sofá leyendo o viendo una película, viajes siempre cerca del mar. Quiero un cuento de hadas. Y tú historias sin tanto cuento. Creo que no estábamos en el mismo punto. Tus miedos fueron más fuertes que yo, tus inseguridades ganaron las guerras. Huiste porque era el camino más fácil, y aunque sé que me amabas con todo tu corazón, no eras capaz de hacérmelo llegar. Yo te amé, y te seguiré queriendo toda mi vida. Ya os digo, que no encontraréis a nadie como ella, y lo digo sin estar enamorado. Lo digo porque es verdad, porque es superior al resto en todos. Porque su vida no ha sido fácil, su familia tampoco lo es, se ha llevado palos a diestro y siniestro, y se levanta, aún se levanta, la han tratado mal, la han engañado porque era mucha mujer y era más fácil tomar el camino de la mentira que enfrentarse a ella. Porque a veces da miedo, porque la mayoría de veces suelta todo por su boca, pensado, calculado. No deja nada al azar. Pero es parte de su juego, de su encanto, de eso que te engancha.

A día de hoy, no me arrepiento de haber luchado por ella en ningún momento, de haber dado todo y más, y de haber decidido dejarla ir, antes de hacernos más daño. Pero siempre nos quedará una segunda parte, como dice la canción. Es una historia sin terminar en la cuál el amor se rindió, falló, se ahogó, se debilitó... Pero que nunca se fue. Será la historia más bonita jamás contada. Porque solo con ella, ya tenemos suficiente historia. Te quiero, Pati, y te querré hasta el fin de mis días, porque no sé que me hiciste aquel día que entraste a mi despacho. Todo mi entorno sabe de ti. Presumo de haber tenido a una chica como tú más de cinco años a mi lado. Porque eres perfecta, y no todo el mundo tiene la suerte de poder quedarse tanto tiempo a tu lado. Porque o tú huyes o tú los echas. A veces, creo que también huyen ellos.

Creo que tenía que escribir a todos vosotros. Os lo debemos, los dos. Saber ambas versiones os ayudarán a saber cuánto amor aún nos queda, cuánto cariño, que nos unió, y que nos une ahora. Confundir los sentimientos que tenemos ahora, con los sentimientos que recordamos sería un error, un error que nos traicionaría a los dos. Los recuerdos, recuerdos son. Nos los guardaremos y no los dejaremos escapar pero no podemos traerlos al presente, no podemos dejarnos llevar por el pasado. Pasamos página. Tú me obligaste. Siempre seremos ese punto débil de los dos. Nuestro país al que huimos cuando todo se pone negro. Yo sé cómo relajarte, yo sé cómo cuidarte, sé cómo hablarte y sé cómo eres... Tú también lo sabes de mí. Sé que quien se atreve a acariciarte, eres suya. Quien se atreva a bailar contigo aunque no sepa, te tendrá. Quien esté ahí cien por cien para ti, será el afortunado. No te gustan los juegos, no te van las medias tintas, ni lo que parece que resulta ser lo que no es. Porque exiges todo lo que das. Todo o nada, además de ser clara. A veces incuso demás.

Por esta vez, lo dejo aquí, podría estar escribiendo de mi Campanilla toda la tarde, toda la noche y toda la vida. Ella es un mundo, ella es Nunca Jamás, ella es magia, ella lucha con piratas e indios y cuida de cualquier niño perdido. Ella. Solo ella.


Peter Pan


martes, 16 de abril de 2019

Cerrando ciclos. Ya nadie viaja a Nunca Jamás.

Hola.

Sí, este mensaje va para ti, sé que lo lees y que esta noche tendré un mensaje tuyo, porque, te he desbloqueado. Si quieres bloquearme, allá tú, pero no seas cobarde y lleva a cabo tus propios actos. No intentes quedar bien con todo el mundo. No te sale bien... 

"Lo siento, ya no estoy para que me quieran cuando quieran". Es una frase que he colgado en el Instagram, y no es una indirecta, ya te lo digo yo, va por ti. Es la última vez que hago referencia a nuestra historia y a ti. Me he dado cuenta que lo que me molesta, mejor echarlo de mi camino. Y tú, me molestas. Llegué a creerme eso de... podemos ser amigos. ¿Pues sabes qué? Los amigos no se bloquean. Y de la noche a la mañana me pides que por motivos personales (no pienso dejarte peor de lo que has quedado, considéralo un último detalle), que te bloqueé. A saber lo que has ido contando y de qué te tienes que ocular. Pero... Ya no me incumbe, tus problemas ya no son los míos. Tú vida, es totalmente ajena a mí, porque creo que tampoco sabes el concepto de "amigo", y es curioso porque te considero muy inteligente, rápido y avispado. Supongo que hasta los más perfectos, tienen tara...

Para mis amigas eras un dios. ÉL. Incluso algunas albergaban esperanza en nosotros, ¿verdad, Rocío? Pero una vez más, la vida me lo confirma: eres uno más... Igual al resto. Te escribo cuando me interesas, cuando te necesito yo, cuanto te echo de menos yo, cuando no tengo nada que hacer, cuando me siento solo, cuando miro al pasado y digo... ¡qué felices éramos! Eso no es ser amigo... No sabes ser amigo por esas cabeza tan cuadriculada que tienes. 

No te creas que me ha sentado mal, que estoy llorando esta decepción porque... es una más. Una tras otra, y al final, a todo te acostumbras. Incluso cuando conoces a alguien nuevo, estás esperando que te decepciones, y te aseguro que también llega. Estoy bien, estoy entera, y eso me hace ver que está más que superado, solo me río porque... tarde o temprano, pincharías. Y aquí estás. Haciendo gilipolleces de adolescentes. en vez de cuelga tú, bloqueame tú... En fin. Qué pereza me dais los hombres, cada vez más.

Mi super mega amor de mi vida, me despido. Porque no tengo más que decirte, que seas feliz, o no. Me da igual. Has pasado a la indiferencia absoluta. ¿Te lo he dicho? Estás desbloqueado, si tienes tentación y quieres escribirme... Tú sabrás, pero a mi no me metas en líos, y tú tampoco, no compensa, te lo digo yo. Vive y deja vivir.

Por cierto, sé lo que estás pensado, contigo sí tengo telepatía. Ya salió la diva, ya está en modo fría, no te importa nada, no valoras nada, hemos intentado ser amigos y eres tú la que te lo cargas... sí, sí, sí... Gracias por una bonita historia de amor, una más... Se acabaron los vuelos a Nunca Jamás, y se acabó el cuento, contigo y con el resto.

Patricia Izquierdo Díaz




La felicidad también es un lugar

Deberías vernos galopar por las calles de la tarde,
enamorados como tontos, imbéciles de amor,
tanto que si no fuéramos nosotros,
también yo pensaría que nos merecemos una paliza
cada vez que nos viera pasar.
Le echaría la culpa al dios de los poetas
por permitir a dos hacerse poesía en plena calle,
¡como si nada!
Esos somos nosotros. Ella y yo.
Seremos.

Llevo encima tres besos de más y me están subiendo demasiado,
tanto que estoy pensando en decirle que se venga,
que se venga para siempre, sin paraguas ni botones,
que se venga a matar a todos los poetas
que tengan en la frente un minuto de cordura,
a matar a todos los amantes que piensen
que pueden salir intactos de una historia de amor,
matar a quienes te besen con precaución,
a quienes se toquen con guantes,
a todos aquellos que sigan las santas leyes del recato.

Y todos dirán
ahí vienen dos que se aman, dos que van a ser libro,
que van a escribirse palmo a palmo, en verso a toda plana.
Y al escribirnos tendremos quinientas páginas de lo nuestro
para lanzarlas desde lo alto del mundo
y que vuelen esperanzas de papel por toda la ciudad.

Dos más uno es el hijo que aun no tenemos.
Creo que lo llamaremos Horizonte
para que cuando lo miremos nos recuerde
que el amor es un paisaje y ese niño su constatación.

Contaremos juntos que el amor
es el único deporte en el que hay que empatar,
el amor es un pasillo sin muros.
Que el amor es la gota, el río, la desembocadura y todo el mar,
desde la lágrima hasta el océano.

Faltará aliento para decirnos tanto pero no imaginación.
Inventaremos un nuevo modo de sentirnos
y un curso de mecanografía
para escribir sin faltas los sueños que inventamos
y con un anillo de sueños cumplidos
le arrancaremos la primera sílaba a la palabra despedida.

Y nuestro amor caerá
como una guillotina
sobre los matrimonios de conveniencia,
sobre las parejas cuyo único fuego sea cruz
sobre las parejas cuyo único fuego sea cruzado
y haremos montoncitos con los segundos que nos sobran
para regalárselos al padre
que nunca tenga tiempo para su hijo.

Seremos tan imprudentes como el amor nos exija,
Seremos los portavoces de nuestra propia revolución,
y nos crecerán manzanos en los ojos
         y flores por dentro
y por respeto al hombre dejaremos atados a un palo
a todos los que un día maltrataron animales.

Y diremos yo quiero ir a la guerra,      para pararla,
yo quiero ir a tu risa,     para mojarme,
yo quiero inventar un nuevo tiempo verbal en tus caderas
una acción que nunca termine.

Y un curso intensivo donde expliquen
cómo quitarnos la ropa y el dolor.
Un curso intensivo donde expliquen
el número de abrazos que caben en mi coche.

y una ambulancia por si se desploma la pasión
y una manifestación para llenarla de hombres buenos
que piensen que la belleza es un bien universal
y la empatía el camino más corto a la justicia.

Y le daremos una flor a todos tos señores que tengan cara de cuaderno
y seis noches de sexo a los maridos abandonados
y urnas llenas de esperanza a la población de los suburbios
y borraremos la sonrisa a todos esos gobernantes fabricados en serie
para que sepan qué se siente
cuando la democracia está a punto de correrse.

Y sí, sentir deprisa pero querer despacio,
y vivir por un rato como en las redes sociales
y así poder hacerle unfollow a las tardes en las que faltes,
hacerle unfollow a las esperanzas defraudadas,
al ministro y sus despidos,
a los que piensen que una mujer
es solo un modo de llegar hasta el orgasmo,
a los que necesitan mentir para que los recuerden,
a ese dios que nunca te devuelve la llamada.
Unfollow a los que critican para reducir et tamaño de su fracaso,
a los que les echan la culpa de todo a los políticos,
a los que no les echan la culpa de nada a los políticos,
a los hijos de puta que te perdonan cualquier cosa
menos tu felicidad.
Esos seremos nosotros.

Lo somos desde hace un libro.

Tranquilo, que ya llega, ya puedes vernos,
entrando con paso triunfal por la avenida,
ya puedes vernos, ya casi estamos,
como esos días de luz que preceden a la primavera
aunque sea febrero y el calendario se empeñe en desmentirlo.
Esos días somos nosotros,
el calor que llega,
el anuncio de la vida,
míranos,
que ya llegamos,
llevamos tiempo así.

¿No lo ves?

La felicidad también es un lugar.

Somos nosotros.

Somos nosotros.



Hola pichón


Hola pichón. ¿Hacemos las paces ya?

Vale si, mis impulsos me han vuelto a jugar una mala pasada. Pero esto entra a formar parte de “nos estamos conociendo” ¿no?

Te habrás dado cuenta de que cuando estoy enfadada no dejo títere con cabeza, arraso por donde paso y no miro más allá. Al día siguiente puede que me arrepienta pero muy pocas veces mi orgullo me deja avanzar. Y sí, tengo poca mecha y puedo discutir hasta con una piedra. Pero claro, es que si me topo con “don expresivo” que da igual lo que le estoy diciendo porque no se le mueve el flequillo… ¡pues me caliento más!

Quizás sería más sencillo si te diera un manual de instrucciones para saber llevarme, pero te prometo que aunque a veces rozo la locura, como estás pensando ahora mismo, no soy bipolar. Y ya de paso, pues me das tú a mí el tuyo… porque eres de las personas que más me descoloca en este mundo. Que oye, por una parte está muy bien, porque aburrirme no me aburro... Pero por otra… me cuesta entenderte.

Sé que vivimos en mundos diferentes, y a veces, en realidades distintas. Lo nuestro, aun no sabiendo lo que es, es difícil. Nos parecemos en pocas cosas, pero reconoce, que hay muchas casualidades que nos unen.

Te sorprenderá que después de todo lo que solté por la boca, y mira que la tengo pequeña, venga aquí, te ponga cara de buena y te diga que quiero que hagamos las paces. Pero es que yo soy así… un torbellino que no sabes por donde va a salir.

Te dije lo que pensaba, quizás no era el momento ni las maneras. Pero no puedo disculparme por lo que dije. Lo llevaba un tiempo rumiando y al final lo vomite… se que te eché, pero te echo un poco de menos…

Me da pena que lo que teníamos se acabe cuando en realidad lo que me apetece es que nos veamos más. Que sigamos hablando, que sigamos conociéndonos… y por qué no discutiendo. Las reconciliaciones luego son lo mejor.

Llevamos bastante tiempo intercambiando mensajes, fotos, audios… y mentiría si te dijera, que no me he acostumbrado a ello. No seguimos un patrón, cada día es diferente… la hora de hablar, la manera de comunicarnos, hasta las conversaciones… pero me gusta saber que antes o después mirare el móvil y ahí estarás tú. Me gusta lo imprevisibles que somos. Me gusta no ser como las demás para ti. Yo creo que si estuviéramos más cerca nos veríamos mas, que nos sería más fácil y que ya habríamos decidido qué camino tomar respecto a lo que somos. ¿Tú no?

Bueno venga, no quiero ser más pesada. Sé que tú también me echas de menos…así que.,. Te perdono bobi. ¡Hagamos las paces!

Belén Triguero Guijarro



Me gusta pensar que es así

En cualquier habitación aleatoria de tu ciudad
o en una playa o en un parque,
en el metro o en el autobús.
estás tú
leyendo este poema
y el resto de emociones que conforman este libro.

Si al hacerlo
alguna premonición merodeara por tu pecho
o si en algún momento
las frases que acabas de leer
o que leerás dentro de un instante
te recuerdan algo de ti.
de tu pasado,
o te explican cosas que nunca entendiste
—y comprendes ahora a la luz de estos versos—,
si eso sucede
tú y yo dejaremos de ser para siempre dos desconocidos
y pasaremos a ser corazones cercanos.
cabos de una misma emoción,
náufragos de un mismo mar
que estando frente a frente
se dan cuenta de que pase lo que pase
otro corazón sintió lo mismo,
y aunque solo dure un instante,
cada vez que tengas este libro entre las manos
tú y yo
ya nunca más
volveremos a estar solos.




La palabra María

Yo sé que la palabra María bien podría parecer un conjunto de cinco letras que se dan la mano, un nombre propio muy común. Nada de eso. Es una palabra que encierra quinientas noches ajenas al insomnio, una palabra que tiene un cuerpo frágil y perfecto como las alas que le salen a los niños.

Detrás de la palabra María se encuentra la boca que borra todas las cicatrices, la cara que atiende directamente las instrucciones que le da el verano. Es una palabra que castiga a la melancolía, que la saca al primer beso de mis cuadernos y que anula a otras palabras como decepción, condena, sed, ausencia, venganza. Las borra todas cuando acerca su boca hasta mi sexo y asciende preguntando si me gustó.   

Esa palabra suele pasar las vacaciones conmigo, me dio la mano por París, voló a mi lado en las Galápagos, me besó sobre las baldosas de Dubrovnik.

La palabra María vive en la misma dirección que yo, duerme cada noche en mi cama y no veas el hambre feroz que trae al desayuno cada mañana. Es una palabra que tiene sueños incompletos, que cocina conmigo y que vuelve maldiciendo del trabajo cuando el gobierno anuncia nuevos recortes en sanidad, porque es una palabra experta en pediatría, una palabra que cuida de los niños.

La palabra María mide casi uno setenta, tiene el pelo negro, la boca roja y los pies mirando hacia los treinta. Es una palabra que odia a los políticos, que disfruta cuando estás feliz, que te coge la mano cuando conduces y te dice: ya verás, ya verás como todo va a ir bien.

La palabra María es el verso definitivo que persiguen los poetas porque lo tiene todo, porque siempre es verdad, porque enciende las habitaciones donde llora mi niñez y la coge en brazos hasta calmarla.

Esa palabra es mi cable a tierra y, aunque realmente no le gusta que la llamen así, así se llama mi amor.



El poeta más grande del mundo

Hoy es 13 de noviembre de 2014. Ayer murió mi tío Evelio, el hermano mayor de mi madre. Mi tío padecía una discapacidad mental moderada causada por una meningitis que sufrió con cinco años. Convivió con esa afectación durante ochenta años más. Algo que a priori pudo parecer una desgracia fue, en algunos sentidos, una bendición, porque debido a su discapacidad mi querido tío tuvo un rasgo extraordinario que lo definía por encima de ningún otro: no conocía la maldad. No voy a decir que posiblemente fuera la persona más buena que he conocido, aquí no había probabilidad que valga, lo era definitivamente y no es un tópico dicho ahora que doblan las campanas. Simplemente, la maldad no formó parte de su vida. Él era amor y luz bonhomía y ternura por los cuatro costados.    

Mi tío nunca tuvo pareja hasta que en 2004, con 74 años, conoció a  Emilia en la residencia donde ambos vivían. Se trataba de una mujer con graves problemas de visión, viuda desde hacía unos años. Lo que en un principio podría parecer un handicap para ambos por sus condiciones se convirtió en la más increíble historia de amor que jamás haya visto. Por  aquel entonces, mi madre me contó que Emilia aseguraba que nunca había recibido tanto amor como ahora que había conocido a Evelio. Él la cuidaba, la guiaba agarraditos del brazo en los paseos, le daba besitos y la acariciaba con la más profunda ternura. Sus ojos de viejo brillaban como los ojitos de un cachorro que estrena el mundo. Era conmovedor. De este modo mi tío daba por segunda vez una lección gigante al mundo: lo extraordinario, hoy y cualquier día, puede suceder. Conviene no olvidarlo.

Para mí la poesía siempre ha consistido en contar todo lo que acontece (las cosas normales, el día a día, los amores y desamores, un pensamiento, los deseos, cualquier cosa que pueda suceder) de un modo extraordinario, convertir cualquier hecho cotidiano en algo mágico a través de la mirada del poeta. Por eso estoy en condiciones de decir que mi tío Evelio es el mayor poeta que nunca he conocido y nunca conoceré, por su capacidad de saltarse los muros de la lógica y vivir muy por encima de ella. Creo que sobran los motivos para que me permitáis que haya comenzado con este homenaje y para que dedique este libro a su memoria. Nunca hubo nadie con tanta luz, y la poesía no es más que eso, un hecho extraordinario, el idioma de la luz.



Lo que jamás te he dicho

Mientras escribo estas líneas estás sentada en el sofá. A mi lado. Algo despistada viendo la tele después de un día duro de trabajo. Siempre te digo lo mucho que te quiero. Soy un pesado. Que no sabes lo que te agradezco que estés ahí en los días buenos y en los malos. Pero hay una cosa que jamás te he dicho: creo que, si fuera posible borrar todo este tiempo y volver a la primera vez que nos encontramos, me volvería a enamorar de ti perdidamente.

Y eso debe ser el amor que yo siento.


No te lo calles

Lucía solo quiere vivir con un poco de calma. Pasar desapercibida ante tanta mentira.
Rumores de niños, que solo hacen daño. Las risas en clase y la cabeza agachada.
«Ahí viene», escucha, acompañado de un mote.
«Son cosas de niños», escucha, quitando hierro al asunto.
Ellos no saben de todo ese daño. De las lágrimas que caen, cuando cae también la noche.
Ellos no saben la angustia del camino de casa a clase.
La coraza no siempre aguanta.

Seguro que en clase conoces a una Lucía. No te calles, díselo al profe.
No te calles, cuéntaselo a tus padres.


Los 46 metros

¿Cómo meter un hogar y una vida en 46 metros cuadrados?
Para alguna gente quizá parezcan pocos. 
Colores blancos y negros, casi como nuestra piel. Una cocina que tiene luz con la lámpara apagada cuando preparamos algo juntos en ella. Aunque algunas veces no sepa demasiado bien.
Un salón que se ruboriza de las veces que nos ha visto besarnos en su sofá. Entre serie y serie.
El dormitorio y su cama grande donde compartir lecturas y amor. Sin marcapáginas y en todas sus formas y vertientes.
Lo hemos convertido en hogar. Con sus risas, con sus riñas. Con su calor.
Lo hemos convertido en hogar. Con sus risas, con sus riñas. Con su calor.
Y eso no se mide en metros. Se mide en miradas. En momentos de puro amor. Y hasta los días malos nadie se quiere marchar.

P.D.: Me encanta hasta ese cuarto donde se miran la lavadora y la tabla de planchar.


Basado en hechos reales

He llegado a ese punto. Pensé que nunca lo haría. Es un punto bastante grande. Y oye, parece hasta negro intenso.
El punto en el que voy a dejar de ser gilipollas.
Te lo he dado todo. Incluso cuando nadie creía en ti. Cuando nadie creía en nosotros.
Pero ya no más, me he cansado de lo que tú quieras. De ahora tienes claro que no y en un mes viene con unos regalos y cada de perrito triste. De estar o no estar dependiendo, en resumen, de lo que a ti te dé la gana.
No habrá más oportunidades, aunque vuelvas. Aunque se me rompa el corazón y el alma en mil pedazos cuando te diga que esta vez no.
Y quizá algún día entiendas que lo que yo merecía era otra cosa.
Sobreviviré. Tiraré miedos.


F.K.

Aprenderé historias para contarte,
inventaré nuevas palabras
para decirte en todas
que te quiero como a nadie.

FRIDA KAHLO

No te imaginas lo duro

Desde que te marchaste, todos hemos intentado continuar nuestra vida, y créeme, por ti, lo hacemos. Sabemos que, allí donde estés, es lo que tú querrías: vernos felices.

Y lo somos, al menos todo lo feliz que se puede ser cuando falta alguien como tú. Eras guía, timón y Google Maps.

Y hay días malos. Y en esos intento recordarte riendo. Era tu seña de identidad. Y pongo canciones, de esas que siempre querías poner en el coche. Y suenan a ti, recuerdan a ti, hacen que por un momento vuelvas a estar cerca.

Siempre pongo buena cara, hago planes. En los días malos sonrío todavía más. Es mi manera de recordarte para siempre.

Te quiero.
Suspiro, qué duro es estar sin ti.