domingo, 11 de febrero de 2018

NO QUIERO

Esta manía nuestra de encontrarnos
a destiempo.
Esta manía de empeñarme
cuando no puedo.
Estas ganas que me muerdo,
esta rabia de necesitarte
y no poder abrazarte.
Este ahogo de besos
acumulados en la boca.
Esta caja de piel de lagarto
llena de sueños nuestros,
míos contigo,
mezclados con el recuerdo latente
del roce de tus labios.
Esta vida de caminos
que no nos cruzan nunca.
Estas lágrimas que lloran
y mojan,
imposibles de controlar.
Este deseo recorriéndome,
quemándome,
amenazando con abrasarme.
Este mantra que nos repetimos,
en un susurro,
sin atrevernos a mirarnos a los ojos:
"No quiero, no quiero, no quiero".


María Guivernau


LA RENCOROSA

Para ti que gobiernas el país del rencor
donde todo está inmovil,
donde  nada se cura.

Para ti que conviertes 
cada palabra en una cicatriz,
cada recuerdo en una barricada.

Para ti se inventaron la soberbia y la ira.

Yo que viví en tu mundo de horas irrevocables
y golpes sin regreso,
sé que no existe paz para tu guerra,
que no hay más que pasado en quien nunca habrá olvido.
Adónde vas a ir,
si a tu sed de venganza no hay agua que la sacie;
si no existe victoria que haga sentir fuerte;
si tú vives
como quien para huir del fuego sube
a la azotea de una torre en llamas.

Para ti
cuyos ojos abiertos en las sombras
son las heridas blancas de la noche.

Para ti en cuyas manos
se leen los venenos,
se clavan para siempre las espinas.

Para ti se ha inventado la amargura.

Benjamín Prado


LA MISTERIOSA

Misteriosa, quiero decirte adiós
y ofrecerte mi mano.
No estés triste,
las cosas que se pierden se vuelven importantes
pero después regresan a su propia estatura,
al sumar la memoria,
la invención
y el olvido.

Ya sé que aún es muy pronto.
Ahora es mejor no hablar:
las razones que explican 
el fin de una pasión se vuelven turbias,
como el agua que sirve para apagar un fuego.

Tal vez la culpa ha sido sólo mía
y a fuerza de buscarte
sólo he encontrado lo peor de mí.
Quizás es, simplemente,
que la costumbre quema lo que el amor doraba
lo mismo que los hechos convierten con sus números 
la hermosa Geografía en simple Historia.

Los dos perdemos una guerra extraña
en lo que lo inofensivo derrotó a lo invencible.

Fue muy duro luchar con esa furia
violenta y desleal
de quienes aún se quieren pero ya sólo viven
unidos por el miedo a separarse.
Y es más duro perderte.

Misteriosa, tú y yo ya no sabemos 
quienes somos,
porque mentir a alguien
es transformarlo en un desconocido.
Pero acepta esta página:
dentro de ella serás la que antes eras
y yo te querré ahora como entonces,
como al cerrar los ojos
y volverle la espalda a estos días oscuros,
voy a quererte siempre.

Benjamín Prado



miércoles, 7 de febrero de 2018

EL POETA

A veces no quisiera
morder una canción en la naranja;
ni oír que en el reloj se enrosca lentamente
la anaconda del día;
ni buscarle a los muros blancos de lo visible
las grietas donde crece
la flor oscura de la realidad.

A veces siento envidia de quien no está obligado
a abrir en cada nombre un tragaluz
que aclare
su infierno y su sentido;
quien no ve en la escalera
la terrible columna vertebral
del dragón de los sótanos
o no intuye en las cruces el ancla de la muerte.

Qué hermosos debe ser un diccionario
en el que las palabras no sean contraseñas,
ni llaves,
ni victorias,
ni redes, ni aduanas,
sino sólo ellas mismas: huracán, cicatriz,
selva, música, amante, silencio, rompeolas...

A veces
no querría imaginar que existes,
ni soñar que las líneas de mi poema dejan
un zarpazo en tu piel.

Porque es dulce cortar el alambre de espino
de los versos tachados;
saber que en el maíz ser deletrea un tigre;
bajar a las palabras en busca de su música,
ser su centro
como la capital del dolor es la herida;

y a la vez es tan duro
admitir que padeces
la maldición de todo lo que al no ser exacto
tiene que conformarse
con ser sólo infinito:
cada persona trata
de lo que no ha logrado el poema anterior.

Dime tú si al final tendré que arrepentirme.

Benjamín Prado


CUANDO TE FUISTE

Cuando te fuiste,
se pararon, 
no sé cómo,
ni por qué,
todos los relojes de la casa;
y aún persisto en esa lucha
hacia cualquier fuerza suficiente
que mueva esa manija
que desbloquea el pasado
y me libera de ti.

Y es que 
fue tan triste
aquella despedida
que las sábanas húmedas
del sudor de tu espalda
se me antojan hoy un souvenir sin sentido
que aún conservo por si vuelves.

Saray Alonso


ÚLTIMA HORA

Miles y miles de científicos a lo largo de la historia han empleado su vida en buscar el centro del universo. Ninguno de ellos tuvo éxito ante tan tremenda tarea.

La fe también se ha esforzado por resolver ese misterio. Teólogos, filósofos, místicos, y esotéricos han tratado de dar respuesta a semejante pregunta. Resultado: se dieron de bruces contra la realidad, ninguna conclusión aclaratoria.

Última hora: Un joven de un barrio del sudoeste de Madrid afirma haber hallado el centro del universo. Para confirmarlo nos envía una foto de una mujer y una nota. Aquí está, dice.

Ese joven soy yo.

Esa mujer eres tú.

El centro de todo.

Marwan


lunes, 5 de febrero de 2018

LAS COPAS Y EL CHAMPÁN

Me trajiste el amor hasta los labios
y señalaste el verano sobre el mapa.

Es aquí, dijiste.

Supongo que pude ver en tus ojos
que se estaba acabando la soledad
-de mi pecho se bajaba
un hombre gris con gabardina.

Nos viajamos de esquina a esquina,
nos besamos de norte a sur
y huyeron a otras camas las lágrimas
que soñaban con nuestros ojos.

Ahora te miro sobre el colchón
y me gustaría inventarte un millón de veces,
para hacerte siempre diferente
pero siempre igual
como haría Ángel González.

Por favor, no te detengas, nunca pares, ven conmigo.
Seamos nosotros la fiesta, los invitados,
las copas y el champán
con que brindemos esta noche.

Marwan


NO SÉ SI SUEÑO

Sueño ligero, entrecortado.
Las imágenes se suceden a golpes,
en pequeños fotogramas.
Música de fondo.
Luz tenue, quizá la luna,
y un baile que termina en tus labios.
Y, de pronto, tú.
Tu dedo índice
recorriendo mi columna vertebral,
tus dientes mordiéndome el cuello.
Gemidos, respiración agitada.
Quiero huir pero no responden los pies,
tiemblan las piernas
mientras tus manos sostienen mi cintura.
Recorres con tu lengua todas mis cicatrices,
lamiéndome el corazón.
Se repite la escena,
una y otra vez,
mezclada con instantes de cordura
en los que mis ojos
tratan de abrirse y despertar.
Mi piel se eriza y me devuelve a la locura.
Se arquea la espalda.
Estás dentro.
Ya no sé si suelo,
no sé ya si despierto.

María Guivernau


domingo, 4 de febrero de 2018

LA PALABRA MARÍA

Yo sé que la palabra María bien podría parecer un conjunto de cinco letras que se dan la mano, un nombre propio muy común. Nada de eso. Es una palabra que encierra quinientas noches ajenas al insomnio, una palabra que tiene un cuerpo frágil y perfecto como las alas que le salen a los niños.

Detrás de la palabra María se encuentra la boca que borra todas las cicatrices, la cara que atiende directamente las instrucciones que le da el verano. Es una palabra que castiga a la melancolía, que la saca al primer beso de mi cuadernos y que anula a otras palabras como decepción, condena, sed, ausencia, venganza. Las borra todas cuando acerca su boca hasta mi sexo y asciende preguntando si me gustó.

Esa palabra suele pasar las vacaciones conmigo, me dio la mano por París, voló a mi lado en las Galápagos, me besó sobre las baldosas de Dubrovnik.

La palabra María vive en la misma dirección que yo, duerme cada noche en mi cama y no veas el hambre feroz que trae al desayuno cada mañana. Es una palabra que tiene sueños incompletos, que cocina conmigo y que vuelve maldiciendo del trabajo cuando el gobierno anuncia nuevos recortes en sanidad, porque es una palabra experta en pediatría, una palabra que cuida niños.

La palabra María mide casi uno setenta, tiene el pelo negro, la boca roja y los pies mirando hacia los treinta. Es una palabra que odia a los políticos, que disfruta cuando estás feliz, que te coge la mano cuando conduces y te dice: ya verás, ya verás como todo va a ir bien.

La palabra María es el verso definitivo que persiguen los poetas porque lo tiene todo, porque siempre es verdad, porque enciende las habitaciones donde llora mi niñez y la coge en brazos hasta calmarla.

Esa palabra es mi cable a tierra y, aunque realmente no le guste que la llamen así, así se llama mi amor.

Marwan


ME GUSTA PENSAR QUE ES ASÍ

En cualquier habitación aleatoria de tu ciudad
o en una playa o en tu parque, 
en el metro o en el autobús,
estás tú
leyendo este poema
y el resto de emociones que conforman este libro.

Si al hacerlo alguna premonición merodeara por tu pecho
o si en algún momento 
las frases que acabas de leer
o que leerás dentro de un instante
te recuerdan algo de ti,
de tu pasado,
o te explican cosas que nunca entendiuste
-y comprender ahora a la luz de estos versos-,
si eso sucede
tú y yo dejaremos de ser para siempre dos desconocidos
y pasaremos a ser corazones cercanos, 
cabos de una misma emoción,
náufragos de una mismo mar
que estando frente a frente
se dan cuenta de que pase lo que pase
otro corazón sintió lo mismo,
y aunque solo dure un instante,
cada vez que tengas este libro entre las manos
tú y yo
ya nunca más
volveremos a estar solos.

Marwan


No entres dócil en esa buena noche

No entres dócil en esa buena noche
que al final del día debería la vejez arder y delirar;
enfurécete, enfurécete por la muerte de la luz.

Aunque los sabios entienden al final que la tiniebla es lo
correcto,
como su verbo ningún rayo ha confiado vigor;
no entran dócilmente en esa buena noche.

Llorando los hombres buenos, al llegar la última ola
por el brillo con que sus frágiles obras pudieron haber
danzado en una 
verde bahía,
se enfurecen, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y los locos, que al sol cogieron al vuelo en sus cantares,
y advirtieron, demasiado tarde, la ofensa que le hacían, 
no entran dócilmente en esa buena noche.

Y los hombres graves, que cerca de la muerte con la vista que 
se apaga
ven que esos ojos ciegos pudieron brillar como meteoros y ser alegres,
se enfurece, se enfurecen ante la muerte de la luz.

Y tú, padre mío, allá en tu cima triste,
maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Dylan Thomas




EL MOTIVO

Aquella noche nos quitamos, entre otras cosas, la ropa.
Una vez desprovistos de dudas,
también nos deshicimos de las vergüenzas,
y los miedos.
Dejamos a la niña de los recitales de lado.
Esta vez, la primera, al menos, 
no pintaba nada.
Saludamos, costillas adentro, a la pequeña Lolita,
la perdida Alice, de Carroll:
el pecado por cometer.
Más tarde, nos hicimos una infinitud de nudos con la lengua,
raíces como palabras acabaron en nuestros oídos, y dedos que arrancaban la niñez
como el envoltorio de un dulce que lleva semanas olvidado en el bolsillo de un dulce que lleva semanas
olvidado en el bolsillo de los vaqueros.
Perdimos la noción del tiempo
y los espacios fueron tan grandes como nosotros
porque no necesitábamos nada más.
Se rindió el pecado de la carne ante tanta nube
y volamos en bandada, como sabiendo, por instinto,
que así recorreríamos el mundo mucho más rápido.
Por la mañana, oculta, te fuiste, 
sabiéndome tu pecado más secreto.
Sé que triste, también, pero con una sonrisa,
como decoro, en los labios.
Yo, en cambio, me quedé sonriendo,
recreándome en mi crimen perfecto
y triste también 
porque, durante unas horas, pude mirarte
como si siempre hubieras estado desnuda
y tocarte, como si nunca terminara de quitarte la la ropa
pero, hiciera lo que hiciese, 
no puse
meterme en la cama,
precisamente, 
con la que me llevó a ella:

tu inocencia.

Pablo Benavente


sábado, 3 de febrero de 2018

Todo empieza a cambiar el día que decides quererte más a ti. Ponerte tú la primera. Darte a ti las segundas oportunidades. 
De repente todo brilla más. Y tú también.


jueves, 1 de febrero de 2018

LO TENGO CLARO

Nunca llegué
a entender bien
lo que tuvimos.

Lo único que tengo claro
es aquello 
que ella y yo hacíamos,
aquello,

era poesía.

Marwan


LA BROMA

Cuéntame, ¿cuánto daño estás dispuesto a causar antes de dejar de reconocerte? ¿Cuánto puedes soportar, qué peso debe tener la suela de la bota para que la sientas aplastándote?
¿Por cuánto, cariño, dejarías de ser un títere del títere de ti mismo?
Dime, si lo sabes, ¿cuándo la humanidad dejó de serlo?
Si lo fueras alguna vez, o cuándo dejó de ser lo importante. Lo único que otorgaba el sentido. 
Regamos el fuego animal creyéndonos, por supuesto errónemeante, por encima de algo, de alguien.

Siempre fui de pedir perdón y ganarme los gracias pero, mira ahí fuera, cruza la ventana ¿con qué cerilla nos encenderemos las velas si ya no nos queda ni un chasquido para acabar el truco, para terminar con la broma?

Pablo Benavente


Elementos necesarios para decir adiós

Lo mismo que esos muelles
imaginados siempre,
con barcos imposibles
y tugurios de puerto nunca vistos.

Lo mismo que nocturnas estaciones,
viejas locomotoras,
con vapor escapando entre sus ruedas,
y equipajes perdidos y maletas
oscuras, mujeres misteriosas
que fuman en salas sórdidas de espera,
y un jefe de estación
viejo y cansado.

Igual que calles húmedas de niebla,
y farolas
alumbrando en círculos perfectos,
y unos pasos apenas entreoídos,
y unas sombras
alargándose en gastados adoquines.
Lo mismo que el aeropuerto aquel en blanco y negro,
con aquel viejo fokker
a punto de salir hacia Lisboa,
y una pareja abrazada y las palabras
más perfectas del cine.
Y el humo de un cigarro
que picaba en los ojos.

Que así sea la belleza de cada despedida.

Pero de todos, de cada adiós
prefiero
ese beso rabioso,
y esas lágrimas
de no poder decirte adiós y para siempre.

Rodolfo Serrano


domingo, 28 de enero de 2018

CARDIOMEGALIA

Una mutación;
un defecto, en sí:
el corazón
más grande de la cuenta.

De fábrica, dicen,
de nacimiento, 
y, una vez, me salvó la vida
desviando un golpe de gracia
y sin ninguna.
En retorno,
por equilibrar, o ajustar cuentas,
quizá
algún día me la quite.

La historia tiene su punto:
estoy vivo
por mis defectos.
No intentes quererme por otra cosa.

Pablo Benavente


PIDE UN DESEO

Piensa un deseo.
¿Ya?
Cierra los ojos,
déjame comerte la boca,
déjame arrancarte los miedos
con los labios,
déjame vestirte de caricias
que mitiguen el frío
con el que has cubierto tu cuerpo,
déjame bailarte las ganas.
Toma mi mano
vamos a buscar tus sueños
inventándonos un camino
jamás antes recorrido.
No, no huyas.
Sé lo que eres.
No te escondas.
Sólo cierra los ojos
y pide un deseo.
Quiero hacerme realidad.

María Guivernau


jueves, 25 de enero de 2018

EL SOÑADOR

Una noche soñé que era Pablo Neruda.

Estaba en una playa
y oí en mi corazón segundos rojos,
vi en el cuarzo una suma de erizos y tormentas,
vi en la gaviota un cruce del vértigo y la nieve.
Todo era tan real.

Un clavel era el ojo de quien mira un incendio.
La escarcha era una lluvia de cúpulas desechas.
Los destellos del oro,
avispas que volaban en torno a su panal.

Yo fui Pablo Neruda.
compré diamantes en las fruterías,
domaba diccionarios con un látigo verde
y cavé un túnel que iba del pan a las banderas.

Tú venías a mí
como septiembre acude a las manzanas.

Cuando me desperté,
la sombra de los árboles
le ponía a la luz sus negras herraduras.

Cuando me desperté
no quedaban ni viento ni banderas
y te había perdido.

A veces es tan triste no ser Pablo Neruda
y que la noche sea nada más que la noche
y el día, sólo el día.

Benjamín Prado


EXTRAÑOS

Es casi tan necesario como descortés olvidar a la persona tras el poema.

Olvidar la latente humanidad con que se sangra una poesía, olvidar el sacrificio, el arrojo de periodista de guerra interior al conocerte, a solas, con una copa, la soledad y tú.

Por eso añoro el segundo de cordura de los farsantes. Ese momento en el que deciden dedicarse a otra cosa y dejar la poesía a quien no sólo demuestra amor en las letras.

Pablo Benavente