domingo, 29 de diciembre de 2024

Cierre de cambios

 Felices fiestas a todos.

Tenía unas ganas de escribir... Desde hace dos semanas he estado inquieta, molesta, enferma, lo que se dice, en una montaña rusa de emociones, pero ninguna buena. Ninguna.

Llevamos una temporada que Helena coge todos los virus del mundo, lo de ella, los de sus compañeros, los de la vecina del segundo, la vecina de al lado y el cajero de Mercadona. Todos. Hace dos semanas recorrimos todas las urgencias de la Comunidad de Madrid porque mi hija no tenía nada, hasta que una pediatra llamada Amparo, para mí una eminencia y alguien al que puedo igualar a mi antiguo pediatra Jesús, que además éste último era un diez como persona, dio con ello... Mi peor temor, bronquiolitis. Y yo, bronquitis... 

Como siempre Helena fue mi mundo y qué no daría por ella. Lo primero sus medicinas, sus médicos, todo lo que hiciera falta, lo estaba teniendo. Y yo... sin darme cuenta, empeoraba. Neumonía. Afortunadamente estoy bastante mejor. Pero mi semana pasada se convirtió en un dilema, en una guerra. Mientras Helena mejoraba y yo empeoraba, mi cabeza estaba en el trabajo, en la cagada que tuve por un DNI, en todas las llamadas que podría estar haciendo, en todos los receptivos, en todos los excels que me estaba perdiendo. Mi mente estaba allí. Es curioso como alguien que no ha trabajado en nada más que en coles y escuelas, ha cogido tanto cariño a este trabajo. Y no es el trabajo en sí, que es muchas veces frustrante, el sitio, el ambiente, mis compañeras, mis jefas. Me siento como en una gran familia. Siento que podría confiar en cada una de ellas, y que si la cosa se alargaba, me estaba perdiendo momentos inolvidables. Sí, estoy loca. Pero lo que empezó como un trabajo en el que sólo pensaba, "¿qué hago yo aquí?". Se ha convertido en algo muy positivo para mi vida personal, para mi parcelita privada. Me lo paso bien, hablo con las compañeras, celebro las preuvas, la PreNochebuena... No sé, es posible que haya encontrado mi sitio... Sólo las jefas lo sabrán si lo es o no. 

Estoy muy motivada y me sienta súper bien, incluso cuando me frustro. Así que, como iba a recuperarme si tenía más estrés en casa que trabajando y padeciendo una neumonía. Estas semanas he vivido en una guerra como he dicho... a la vez, sentía que fallaba como madre por no estar a la altura de las necesidades de mi hija. Le pregunté a mi pediatra cuál era mi error. Me aseguró que ella pasó por lo mismo. El primer año de escuela o de colegio, era así. Y me entendía en todo con respecto a la conciliación familiar. Se hace cuesta arriba, pero su sistema inmune se está formando. Y esto ha de ser así. "Lo estás haciendo bien", me dijo. Y es que casa del herrero, cuchillo de palo. Lo sé. Esa frase la he dicho yo mil veces a las madres que se sentían culpables de trabajar porque sin su sueldo no llegaban a fin de mes. Pero no las comprendía como hasta ahora.

Creo que me he convertido en mejor profesional de lo que era. Creo que la comprensión que he adquirido desde que soy madre, desde el punto de vista de profe y mamá, suman, y suman muy bien. Reconozco que muchos consejos me los he comido con patatas, y que las teorías que predicaban eran magnificas para cualquier manual de crianza, pero que la vida, es otra cosa, que cada hijo es un mundo. Y que la situación en la que nace un hijo u otro, hace que cambie todo lo que creía que sabías. 

Estoy en momentos de cambios y balances, supongo que como cada Nochevieja, como cada diciembre, como cada cierre de año. Y eso me tiene pensativa, evaluadora y programando nuevos caminos para el año que viene. Gracias al 2024, por darme tanto... Tantísimo. Un año de crecer como persona. 

Y gracias a vosotros que me leéis, gracias un año más por estar al otro lado.



viernes, 13 de diciembre de 2024

Viernes... ¿Trece?

Está foto es de hace una semana. No imaginábamos lo que nos quedaba por venir. Ha sido una semana que dejaría en el olvido. El domingo pasado fuimos al hospital, que parece ser nuestra casa este primer año de cole de Helena, por una gastroenteritis. Mi bebé en principio no tenía nada.

Hemos ido al pediatra (urgencias) varias veces por no decir cada día al médico, y mi mayor miedo se ha hecho realidad: bronquiolitis. Para Javi, un tema tabú, para mí, un trauma que no he superado. Y es que es difícil superar como ingresan a tu bebé de quince días y te dicen que reces lo que sepas porque no sabe nadie si saldrás de allí con ella. Eso es algo que una madre (primeriza sobre todo) no olvida nunca...

Por suerte, Helena ya no tiene quince días. Por suerte para ella, su mamá ha luchado con cada pediatra porque sabía que algo no iba bien. He llorado cada día, he pataleando, me he dejado mi salud y he estado con una impotencia que no sabría explicar con palabras.

A todo esto, le he sumado sus virus compartidos, su gastroenteritis que se convirtió en la mía, su bronquiolitis que ahora es mi bronquitis. Se le ha sumado mi preocupación por el trabajo, la casa porque las lavadoras no se ponían solas, la familia que gran parte ha caído bajo los mismos virus... Llorar, ha sido mi acción más repetida. Yo, que aprendí a llorar de verdad hace poco. Gracias por cada mensaje que he recibido y que olvidé contestar, gracias por las llamadas perdida porque mi prioridad ha sido y es ella.

Tanto es así, que han dado en el clavo con una medicación y ella está mejorando por momentos. La bronquiolitis se va curando y aunque nos deja de regalo una otitis a modo de despedida... Estamos en buen camino.

¿Cómo estoy yo? Pues para eso está mi blog, ¿no?

Y si has llegado hasta aquí es porque te importo, o porque eres un poco cotilla. Pero gracias porque acabas de hacerme una visita y a mí eso me hace ilusión.

Como decía, según mejora mi hija, a mí me entra el bajón más y más aún, y los virus aprovechan esas montañas rusas. Me ahogo y es bronquitis. Me duele el corazón, y anoche acudí a urgencias pensando que me iba a morir (literal) en el camino. Respiré cuando confirmaron que eran contracturas de todo lo vivido. Hoy las migrañas han sido tan insoportables que perdía el conocimiento por momentos. Con mi hija al lado que no está recuperada del todo, y sola. Como casi siempre últimamente. Las cosas importantes pasan cuando estás solas. Pero parece que los astros se alinean y en eso momento me ha llamado Javi, y ha comprobado en que situación me encontraba. Llamó a mis padres con urgencia y no me han abandonado en ningún momento. Hoy tocaba que me cuidarán a mí después de tantos malos momentos. 

He estado agobiada por el trabajo, por no ir, por tener que faltar, por no haber vivido momentos súper guays fuera de la oficina, por no haber podido cuidar esa parcela personal que nadie debería perder. Y sintiéndome culpable a la vez por pensar eso, sabiendo que tengo unas obligación y que mi estado de salud no me acompañaba. Tengo compañeras que son un lujo y un ambiente laboral que nunca había vivido. En las escuelas infantiles, estamos tan estresados, tan agotados, tan... Quemados, que estamos con las uñas fuera esperando a saltar a los ojos como gatos. Hay que vivirlo para no juzgarlo también os digo.

Tengo la tensión por las nubes y falta de oxígeno. Ha venido a verme una amiga, mi hermano. La verdad es que ayer y hoy ha sido un susto para todos, y aunque nunca lo reconoceré ante nadie, para mí también. Conozco la ansiedad, es mi compañera de vida, pero ésta vez no era ella la culpable de nada. Creo que he sobrepasado límites. Creo que he permitido a los nervios tomar el timón de la situación y que he sido uan plena analfabeta al gestionar mi preocupación por Helena.

Me he sentido muy comprendida por mí compañera María. Y sólo con ella, he llorado lo justo y necesario para sobrevivir a los momentos que he tenido que revivir. Ella tocó las teclas, las palabras adecuadas para abrir la mochila que pesaba tanto. Es un recuerdo que quedará para siempre en mi y por lo que la tendré un cariño y un respeto infinito, pase lo que pase. Tras una ventana, al teléfono, llorando desconsolada. A veces sólo es eso. Llorar y escuchar. Es tan fácil como difícil. 

Siempre he tenido un distanciamiento importante con los jefes, no he querido entrar en su círculo ni que ellos entren en el mío. Es un mecanismo de defensa. Así que cuando vi el mensaje de mi jefa, no sabía si mantener esa distancia. Lo cierto es que estaba tan mal, que no lo pensé, y agradecí ese momento íntimo, donde poder abrirme y hablar relajadamente durante unos minutos. Realmente estoy aprendiendo mucho de este trabajo, nadie sabría cuánto. Y todo lo que yo coja y me lleve, es un regalo.

Ha habido dos compañeras más que me han preguntado y es, como sentirte dentro del círculo, escuchada y comprendida. En estos momentos no puedo pedir más. Ya os digo, la comida de empresa se me ha quedado pendiente, porque si alguna vez me resistí a ir, era puramente por tema económico. La necesidad de ahorrar muchas veces ahoga tanto que te quedas sin aire, y sin vida. 

Sin vida. Como me siento ahora mismo, otro fin de semana echado a perder. Porque realmente no puedo con mi alma. Tanto psicológicamente como físicamente.



miércoles, 4 de diciembre de 2024

Bajo la incertidumbre

 He tenido un día difícil, de esos que hasta la caída de una hoja, te hace reflexionar.

Me he sentido insegura en mi trabajo, cambiar la letra de un DNI, me ha hecho sentir un fracaso. Mi exigencia conmigo misma me ahoga, me ahoga tanto, que no me deja ser yo y parecer boba ante situaciones que podría dominar un simio. Tengo unos compañeros y un ambiente laboral, que en mi vida había vivido. Pero sé que el problema es mío, cuando miro a cada lado y me siento pequeña. Muy pequeña. Desubicada en un entorno por el que tengo que estar agradecida. Y quiero destacar a María, por tanto cariño, tanto mimo. Es una persona increíble, son de esas personas que la ves y piensas, de mayor quiero ser como ella. Pero María es única e inigualable.

También he reflexionado mis fallos en mi pareja. La pareja es un trabajo diario de dos. Y nos empeñamos en recriminar al otro la falta de..., la ausencia de..., y muy pocas veces nos paramos a mirarnos el ombligo. Hoy, como ya he dicho, era un día de reflexión y no sé por qué. Pero llevo toda la semana de pensamiento en pensamiento, poniéndome vendas antes de tener heridas. Y anticipándome a momentos que me ciegan mi felicidad del momento. Me he propuesto dar más con Javi. Creo que se lo merece, y nos lo merecemos. Me he propuesto hacer nuestra propia carta de Reyes Magos y evaluar por qué hemos cambiado. Sé que hay una niña que antes no había, pero que debe sumar a nuestra familia y nunca restar, ya que Helena es un sueño cumplido para los dos. Quiero besar a Javi cada día, aunque no me salga, porque quiero estar ahí. Quiero hablar con él todo lo que se me pase por la cabeza sin encerrarme en mí. Quiero contar con él en cada plan que tengamos para el futuro. Afrontar los baches de su mano. Sacar fuerzas de dónde no las hay para estar a su lado. Porque lo merece. Merece que se luche por él. Porque él también da. Y a veces, estamos tan ensimismados en nosotros, en la rutina, en el trabajo, que ciertas cosas tan sencillas como un beso, no nos salen. Quiero buscar nuestro momento, abrazarnos para dormirnos. Me apetece sacar más de mí, para dárselo a él, y no es generosidad, también es egoísmo. Pienso que cuanto más das, más recibes. Y más cuando hablamos de tu pareja. 

Hay etapas y momentos, donde uno es amado. Y otras, en las que debes ser amador. Y si no se cumple, jamás podrás exigir aquello que no das. Porque el otro, también tiene sus carencias, que no debemos comprender, no es necesario porque cada uno somos como somos y tenemos unas necesidades distintas. Pero sí respetarlas, y su hay amor, corresponderlas. 

Hemos hablado a nuestra manera, por escrito. Creo que para ambos es más sencillo porque nos paramos detenidamente a leer. Cuando hablas, uno siempre habla más, interrumpe o desconecta. Pero lo escrito siempre queda, y ayuda a la reflexión interna. Piensas antes de escribir, cosa que hablando nunca sucede. Supongo que cada pareja tiene sus normas.

Mañana quiero llegar al trabajo con otra actitud menos pensativa. Pero estoy agotada psicológicamente pensando en las semanas que vienen. Eso me hace estar inquieta, revuelta, migrañas que no me abandonan e insomnio. Tengo que permitirme descansar, dejar de estar alerta, porque lo que va a pasar, pasará. Y muchas cosas no están en mis manos ni en mis decisiones, y sobre todo, no otorgarle poder a ciertas personas, evitar que dirijan mi vida o me influyan de esta manera, pero aún no sé hacerlo. Me gustaría saber cómo hacer que ciertas cosas me resbalen, y no vivir en una eterna incertidumbre.