miércoles, 8 de mayo de 2024

Quiero más

 - ¿Qué haces aquí? - Preguntó Gema.

- Quería verte antes de comer - le respondió Joaquín, su marido.

- Ah - se sorprendió dejando los trapos de la cocina en la encimera.

- ¿Cómo estás? - preguntó su marido a Gema, que guardó silencio - ¿Sigues enfadada?

- Ojalá lo estuviera. Al menos sentiría algo y no esta apatía por tu parte... Y por la mía - terminó diciendo mientras cortaba las verduras del guiso - Sé que lo nuestro te preocupa, Joaquín. Pero tú siempre cree que son problemas puntuales. Riñas de pareja que se pueden arreglar con un ramo de flores.

- Y no es así - dijo Joaquín.

- De un tiempo a esta parte, ya no - negó Gema - Esto no es una discusión como las que teníamos antes, como las que puedan tener todos los matrimonios. Esto es un naufragio. Nos estamos ahogando Joaquín.

- Gema, yo sólo cambié el plan de ir a la coctelería por el de ir a la cantina porque no nos quedaba otra...

- No vuelvas a eso. No hace falta.

- Pero es que es la verdad - dijo Joaquín exasperado.

- No, no lo es. Siempre hay otra salida. ¿No te acuerdas de lo que te dije cuando te colgaron el teléfono?

- Sí, sí. Tu plan sin fallos. Ir allí y cantarle las cuarenta al marqués de Valmonte para que nos dejara su asiento.

- No, nada de su asiento. Esa reserva estaba a nuestro nombre.

- Gema, prefirieron dársela a alguien con más categoría. Nosotros somos unos donnadies.

- De verdad, déjalo - dijo Gema volviendo a los fogones - No insistas. No quiero volverte a decir cosas tan duras como las que te dije ayer. 

- Dímelas - exigió Joaquín - Dímelas. Yo las acepto, pero no te enfades conmigo, por favor.

- Es que no has entendido nada, Joaquín Merino. Si yo me enfado es precisamente porque tú lo aceptas todo. Y yo siento que así no puedo vivir más.

- ¿Y qué hago, Gema? Dime, va, ¿qué hago? Revelarme contra todos sin saber dónde voy.

- Aspirar a más. Guardar algún sueño para el futuro. Imaginar una versión mejor de ti mismo... de mí... de nosotros. Pero mírate. Tú te has rendido... me estás arrastrando contigo.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Lo que te intento decir es que... Yo no quería esta vida para mí.

- Yo tampoco, créeme.

- Pero a ti no te quita el sueño, es lo que te intento decir. Nos estamos desmoronando. Yo cuando veo la ilusión de María en su matrimonio, no sabes la envidia que me da. Esa sonrisa de enamorada, esa fuerza que te da saber que lo tienes todo por hacer, que tu vida está justo estrenada, que... que todo es posible.

- María es...

- Una señora, lo sé.

- La mujer de Andrés de la Reina.

- Y míranos a nosotros. Yo aún soy joven, y tenemos mucha vida por delante. Yo no quiero acabar como tu madre, sola, sirviendo en una casa ajena, sin ningún alero por cumplir en el horizonte. Perdona - dijo consciente de lo que había dicho - Perdona, Joaquín. Sé que no ha sido el mejor ejemplo ese.

- No, no. Ha sido muy buen ejemplo. Ha quedado muy claro lo que quieres decir - respondió pensativo - ¿Sabes qué, Gema? - Que a lo mejor yo también me estoy cansando.

- ¿De qué?

- De sentir que, ni mi madre, ni nuestro matrimonio, ni nuestra casa, ni yo somos suficientes para ti. Mira, yo hay cosas que no puedo cambiar. Y ya no sé qué más puedo hacer.

- Ese es el mayor problema. Que no eres capaz de vislumbrar una salida. 







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