domingo, 10 de mayo de 2015

Poema a la manera de Benjamín Prado

Te abracé y la niebla perdió su nombre.
Crucé tu espalda y se abrieron las jaulas.
Entonces me hablaste, rozaste mi vida, se borraron los cuervos.
Cuando escuché tu nombre se tacharon las espadas.

Tú te llevaste los serruchos
viniste con las manos llenas de parques.
Tú me miraste y el cansancio se dio la vuelta.
Te desabrochaste la blusa y se cerró la tristeza.

Yo era un hombre cubierto de maleza,
yo era un hombre abrochado al desánimo,
intentaba hacerle esguinces al invierno.

La amargura tejía sus ciudades en mis cuadernos
pero llegaste para hacer sonreír a las cucharas
para tenderle una emboscada a los cuartos vacíos.

Besarte fue zarpar hacia un país sin dudas.
Yo solo recuerdo la dirección de tu cuerpo.
Soltaste por mi cuarto los pájaros del júbilo
que volaron todos juntos como cien mil toneladas de periódicos.

Tu cara fabrica diques contra la melancolía.
La soledad son cien millones de preguntas.
Tu cintura es la respuesta a todo.

Marwan

sábado, 9 de mayo de 2015

Un extra que no supe valorar

No soporto que vivas lejos y que vengas cada fin de semana. No aguanto cuando te pones pijo y piensas más en las normas sociales que en vivir tú mismo la vida que quieras. Tampoco aguanto a tu madre. Ni que no sepas cocinar. Que adores más las motos que los coches. No me gusta que no te guste el fútbol y que te empeñes en regalarme siempre flores. No quiero tus cenas a la luz de las velas, me gusta lo sencillo y simple. Aveces tu carácter me saca de quicio. Y tu mirada... me nubla mi juicio. Odio quererte tanto y seguir echándote tanto de menos. No sé si te odio más a ti o a mí por sentir esto...
Vuelve... porque echo de menos todo aquello que no aguanto de ti, porque eso, tus defectos, son lo que me enamoraron de ti. Lo demás (lo bueno) es un extra que no supe valorar cuando te dejé escapar.

Patricia Izquierdo Díaz


Hago cosas raras

Digamos que hago cosas raras.
No me gustan los caminos rectos si no son hasta tu boca.
Por eso di un rodeo hasta poder olvidarte.
Y nunca quise olvidarte pero me va haciendo falta.
Y he seguido haciendo cosas raras.
He intentado descolgarme las heridas de la piel.
Igual que una camisa de la cuerda de tender.
Lo mismo que un cuadro de un museo.
Volví a conducir rápido. Suicida.
Para adelantar de noche a mis temores.
Como digo, hago cosas raras.
Meto el llanto en los botes vacíos de la despensa.
Aún veo a la primavera temblar a nuestras fotos.
En las discotecas solo hay fast food.
Ningún alma que llevarse a la boca.
Me hago un torniquete en los sentimientos.
Para que no se desbloqueen los recuerdos.
Por si no lo recuerdas, hago cosas raras.
Como me entere que duermes con otro.
Tendrán que ir a buscar a la comisaria.
Y corro, de un lugar a otro.
Mi cabeza ya lo entiende pero no mi corazón.
Corro hacia las piernas de la noche.
Corro hacia las sílabas de tu cuerpo.
Corro, corro, corro.
Pero si algo he entendido es que
se puede huir menos de todo lo que se pierde.

Marwan



Búscabamos a un dibujante, no a un escritor

- En el anuncio de trabajo pusimos claramente que buscábamos a un dibujante, no a un escritor... - Y no pudo acabar la frase, pues al leer sus textos, dejó de ver las palabras y se transportó a un mundo lleno de trazos, colores, matices y sombras.

B. F.

"Sé amable con todos, sociable con muchos, íntimo con pocos, amigo de uno, y enemigo de nadie"

Benjamin Franklin

Necesitabas que yo te quisiera

"Te dí lo mejor de mí, te quise como se quieren pocas cosas, te consentí, te dediqué letras que jamás nadie escribió, te amé más allá de lo imposible... Pero nunca estuviste para mí, sin embargo siempre supiste como atarme, un gesto, una palabra, un mensaje, que me llenaba de ilusión y tú lo sabías, pero tal vez aunque  no me querías, necesitabas que yo te quisiera. Y eso es lo que más detesté de ti. Pero no me arrepiento al fin y al cabo me diste las noches de insomnio más bonitas de mi vida"



En ese bar de copas

Nos encontramos de repente y le dije que habíamos acabado.
Allí, en ese bar de copas, de nuevo la soledad y yo frente a frente,
rompiendo por fin, mientras la rubia caminaba hacia la puerta
diciéndome sígueme, con mi corazón dentro del bolso.

Marwan


viernes, 8 de mayo de 2015

Rectifico: No estamos solos...

Creo que retiro lo que dije ayer sobre eso de que estamos solos. Siempre hay una luz, una esperanza y aparece un ángel que te da la mano y te ayuda a salir del mal camino. Parece que todo ocurre por alguna razón, que todo está predestinado y esto, a veces me da miedo. Otras, en cambio, lo agradezco.
En medio de tantos apuntes por estudiar y de los que no tengo ni idea... llama un número desconocido, ¿lo cojo o no lo cojo? Venga, en el último tono, deslizo mi dedo por el móvil. Noelia, sí ella ha sido mi ángel hoy. He pasado muchas semanas sin hablar con ella y por alguna razón ha llamado hoy, por alguna razón tenía que llamarme hoy. Esa es la magia de la vida, las casualidades que te enamoran y te hace seguir adelante. 
No estamos solos...

Patricia Izquierdo Díaz

Qué sabe nadie

Me enamoro de todo, me conformo con nada:
un aroma, un abrazo, un pedazo de pan
y lo que buenamente me den por la balada
de la vida privada de un fulano de tal.

Siete crisantemos
(Esta boca es mía)

Licor de ausencia (90º)

Me bebí lo nuestro de un trago. Me bebí y no quedó otra gota. Traté de correr cuando los cuervos del después me dieron a probar el licor de la despedida y no pude escapar. En el de los despojos ingerí una mezcla alegre para corazones pisoteados pero me quedé aún más torcido. Borracho en medio de la soledad te maldije y grité mala puta al cielo - pero no me refería a ti. No es que te siga odiando en realidad, nunca llegué a hacerlo. Es solo que hace varios años que ya acabó la fiesta de tu cuerpo y aun me dura la resaca.

Marwan

Los cuentos no existen

- Los cuentos no existen - dijo el hada.

El semáforo se puso en verde

Se miraron:

Hubieran sido los perfectos amantes.
Habrían vivido una historia de Hollywood
en la que ellos dos siempre serían los dos protagonistas
rodeados de extras y de actores secundarios,
su historia se habría estudiado en los colegios
junto con las románticas Rimas y Leyendas de Bécquer,
se hubieran querido hasta el final de sus días tanto como
Romeo y Julieta;
y sin embargo...
El semáforo se puso en verde.

#Microcuentosdeines

jueves, 7 de mayo de 2015

Día de locos

No sabría por donde empezar. Hoy ha sido un día de locos.Un examen que no había por donde cogerlo. "Educación" era la pregunta, y di lo que sepas, con los apuntes en la mano y pudiendo hablar con el compañero de al lado. Me pregunto si habrá algo de trampa en todo esto, demasiado fácil, ¿no? El resto del día ha ido como siempre, hasta que una compañera (no sé por qué pero siempre es con ella) he tenido un pequeño... llamémosle "malentendido". 
Uno de mis grandes defectos, es no tener filtros en la mente, no saber contener aquello que me molesta, y cuando es "alguien" lo que me molesta, brota de mi una indiferencia absoluta. Por tanto, me cuesta creer que la gente dude de mí en sinceridad.
La sinceridad creo que en muchos casos no es buena, aunque haya mucha gente que crea que sí lo es. En mi caso, me da muchos problemas, por lo que la considero un defecto, bastante grande. Puede que esa chica y yo nos parezcamos más de lo que pensamos. Puede que sea tan desconfiada como yo y dude de todos. Me encantaría decirla que se equivoca, que hago las cosas lo mejor que puedo, y que otro de mis defectos es mirar antes por los demás que por mí. A veces me olvido de mí, y es que en la vida nadie te escucha, nadie daría jamás nada por nadie. Lucho cada día por ese defecto, intento mirar por mi, pero no lo consigo.
No intento engañar a nadie, ni mentir, solo intento hacer las cosas lo mejor que sé, lo mejor que puedo, pero nunca es suficiente. No sé si realmente la gente espera de mi tanto, total, soy humana y nos equivocamos, o soy yo la que espera de mi tal perfección que no existe, lo que se convierte en decepción tras decepción. Quizás me analice tanto para encontrar esa perfección, me evalúo, me vuelvo loca buscando ese estado de perfección, doy vueltas y lo único que consigo es un mareo y un gran dolor de cabeza. 
Necesito no dar explicaciones, que la gente no dude de mí a la primera de cambio, sentirme querida, pero, ¿cómo conseguirlo si echo a la gente de mi lado por esa desconfianza que me caracteriza? Es frialdad lo que me envuelve, murallas a prueba de bombas... 
En el mundo estamos solos...

Patricia Izquierdo Díaz


Sería masoquismo

... entonces me entran las ganas de tomar tu cara entre las manos y confesarle a cada beso cuanto me gusta, cuanto me encanta, cuanto me fascina; pero hacer algo así, sería darle la posibilidad de que me hiera más fácilmente, sería desnudarme sentimentalmente, sería masoquista...

El concepto del amor va cambiando con el tiempo

Nunca dije adiós a la primera,
siempre formé parte de los chicos
que se quedaban esperando
a que fuera al azar quien lo aplastara
o le diera un beso.

Porque los niños-jóvenes viven el amor
con el mismo volumen que los adultos
solo que sin cicatrices,
con heridas pero sin cicatrices.

Me dejaron todas las chicas con las que estuve antes de los veinte;

Leticia, que de deseligió y me cambió como un cromo
yéndose con un chico de ojos azules.

Lucía, que dejó tres veces y a los 27,
tras diez años sin vernos,
justo antes de casarse me pidió el beso
que nunca llegamos a darnos
para estar segura del camino que tomaba.
Nunca os diré cuál fue el desenlace.

Marta, que me hizo temblar en un banco del parque
regalándome la maravilla del primer beso con lengua
pocos días antes de los trece.

Blanca, que me quiso con catorce
y tardó 17 años en dejarme volar entre sus piernas.

Ana María, que supo desabrocharme la ropa y la niñez
sobre una cama el día de nuestro aniversario.

Y Susana, que nunca rompió conmigo
porque nunca me permitió ser realmente nada suyo.

Las recuerdo a todas y a casi todas con cariño
pero no puedo evitar pensar
que junto a ella nunca aprendí nada,
no por su culpa, sino por la mía,
que hasta hace muy poco -y tengo 33-
pensaba que el amor consistía en sentir mucho,
en querer hasta reventar
en experimentar una admiración religiosa por la piel amada
y no encontrar una maravillosa compañera de viaje
como ahora pienso que debe ser.

Más que nada porque la pasión en la que me basaba
siempre acaba emigrando a otras habitaciones
y no hay un motor en el mundo
al que tras hacerlo trabajar a toda máquina,
sin un segundo respiro,
aguante al mismo ritmo por varios años.
Siempre se acaba quemando.

Tan vez por eso ahora me lo tomo con más calma
evito las ciudades a toda prisa
y acepro que los días grises también
forman parte del decorado.
Tal vez por eso, amor,
no te entrego todo el fuego
ni me vacío para dártelo todo
porque eso me convertiría
en un hombre sin nada.
Por suerte tú tampoco lo haces
no inviertes toda tu fortuna
para rodar una escena perfecta
y haces bien.

Pero también sabes que nunca falto
y yo sé que tú nunca faltas
y sabes que yo sé que darías todo lo que hiciera falta
(que no es lo mismo que darlo todo)
y yo sé que tú sabes que daría absolutamente todo por ti
pero que tampoco hace falta.

Y todo,
la palabra nosotros,
estas reflexiones,
las noches a tu lado,
forman parte de algo
que no he llegado a entender
peor que me hace inmensamente feliz.

Marwan


miércoles, 6 de mayo de 2015

Último round

Nos volveremos a encontrar. Eso seguro.
Intercambiaremos palabras blandas,
miradas esquivas, nos cantaremos cosas,
vestiremos de principios nuestros caminos
y un rato después nos despediremos
sabiendo que hay historias que es preferible
terminarlas antes de que acaben contigo.
Lo malo es que de eso nos dimos cuenta tarde
cuando ya ardía la habitación, en el último round,
cuando el amor propio ya era un desguace.

Marwan


Destruyo todo eso que me encanta

Me encanta verte bien arreglada,
bien peinada,
con zapatos de tacón
y un vestido elegante.
Escucharte hablar con educación
y sonreír con disimulo.
Pero lo único que se me antoja
es callarte con un beso,
desvestirte de inmediato
y dejarte despeinada.
A veces soy así,
destruyo todo eso que me encanta
para apreciarlo de manera distinta.

Víctor Valladares


Algunas cosas sobre la soledad

Soledad, ya no me acuerdo de ti,
ya no manchas, ya no corres por mis cuadernos.
Este será el último folio, tu última casa
antes de borrarte para siempre,
antes de suprimirte de los lenguajes del mundo.
Entiéndeme, es más intenso
el lenguaje de su cuerpo
cuando se recoge el pelo
y deja la caligrafía de su cuello
a la vista del mundo.

Así que no pasa nada soledad,
tú y yo hemos pasado grandes ratos juntos
y también me has jodido un poco
-por qué no reconocerlo-
pero te fui realmente fiel todos estos años.
Fuimos de la mano a todos los bares
me besabas en la boca
me traías canciones de color gris
aunque también escribiste Mi paracaídas,
Sueños sencillos, El próximo verano
y esos fueron tres regalos gigantes.

Pero ya está, fue suficiente,
cambio de pantalla, mudo de piel,
pierdo  la cobertura, me traslado,

te dejo sola

te dejo sola

te dejo sola

soledad.

Marwan

Aún tengo miedo

"Sí... es cierto que ya poco te recuerdo, que pasan días en los que ni por equivocación pienso en ti, que de vez en cuando; veo los lugares donde vivimos tantos buenos momentos y ya no me da nostalgia, que ahora si alguien me pregunta por ti, me es igual... pero a pesar de todo eso, aún le tengo miedo al encontrarte algún día por la calle"

Edwin Vergara

Lo sé

Lo sé porque tengo las manos sin restos de batallas
porque esta caricia es repetida
como un cromo en un colegio
como un balón de oro de Messi
como la mentira de una político.

Me lo dice cada centímetro
cada palmo de cordura
cada cama en que no importa
si seguir vestido o no.

Lo sé porque estuve buscándonos
miré todos los mapas del pasado
y no fui capaz de encontrarnos
y habernos intentado querer
hubiera sido un plagio.

Lo sé porque la rutina lo llenó todo el lunes
porque nos ofreció las últimas tardes de dicha
y después tiró de la cadena.

Lo sé porque ya no quedan titulares
y se jubiló el último poeta
de tanto tachar la palabra ternura.

Lo sé. Es así.
Se acabó el amor.

Marwan


domingo, 3 de mayo de 2015

Ella es voraz y veraz

Ella es voraz y veraz, dos virtudes que amo y que son mucho más que un juego de palabras.
Ella vuela, con las piernas abiertas y me lleva tan alto que hace tiempo que perdimos el miedo de caernos.
Ella me hace sonreír, incluso cuando no toca. Y cuando toca, toca rugir y celebrarlo a carcajadas.


La caducidad del paraíso

Llega la noche.
Descuelgo la desgana de mi vida
y marco en el teléfono la matrícula de tu coche.
Aceptas dos segundos antes de mi propuesta.
Preparo la casa y tacho de golpe
esos renglones que dicen que te perdí.
Abro la puerta como si fuera seis de enero
y tus ojos al primer disparo pasan a limpio mi biografía,
ese lugar del que no debiste haber salido.

No quiero que acabe este abrazo,
no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso.

Me cuentas que has vivido entre paréntesis
y que la soledad es algo parecido a la vida en diferido.
Yo te cuento que estoy hecho a tu medida
como otros están ya hechos a una enfermedad incurable
y te cuento que conocí a otras
pero que querer acostarse con una mujer
no es lo mismo que querer despertarse con ella
porque hay chicas que te alegran la piel
pero no el corazón.

Nos callamos, tú miras el vaso entre tus manos.
La ropa car y arrastra consigo
una tonelada de tristeza.

Luego duermes y yo pienso
que tal vez sólo sea posible el amor
cuando no lo retienes como a un preso
porque siempre querrá escapar.
Quizá deberíamos aceptar la posibilidad
de la caducidad del paraíso,
tolerar la intermitencia de la felicidad,
no meternos más en la boca la palabra "porvenir"
y agradecer que estés aquí
ahora.

Marwan

sábado, 2 de mayo de 2015

Alguien a la medida

Algún día encontrarás a alguien a la medida. Que se olvide de tu pasado, de tus fracasos, que no le importe lo que fuiste, lo que hiciste, lo que algún día por malos actos tal vez perdiste. 
Alguien que te levante, que te perdone, que te cuide, que llore contigo y si es necesario te haga llorar, alguien que te entienda cuando ni siquiera tú lo haces.
Alguien que al entrar en tu vida te hará sabes por qué no funcionó nada con alguien más, alguien a la medida. 

Consideraciones con respecto al olvido

El olvido es una disciplina sin geometría
es igual que recordar a una chica sin rostro
es como los espejos
que no se acuerdan de sus visitantes
unos segundos después
es una emoción sin nombre
volver a sentir nada.

El olvido es lo contrario a una cama desecha
es el rival de la tarde en te fotografié desnuda
y es quien convierte tu corazón en una trinchera
y tu memoria en un vertedero de momento dulces.

El olvido siempre cobra caro el amor
como una novia rencorosa.
Es el precio de haber amado y no haber sabido ganar
cuando apostaste todo a la casilla azul de su mirada.
Es correr en dirección contraria a las caricias
es una habitación con todo cambiado de sitio
pero sin nadie dentro
es la pregunta que llena los vasos de bocas.

También es el rincón concreto de la tierra que no sé habitar
porque mis mapas miran al pasado
porque tengo cien mil manchas con tu nombre en la memoria.

Sigue persiguiéndome de noche 
el mensaje oculto de tus pendientes
tu silueta vista a contraluz
tu risa como una manzana abierta
tu pubis de anémonas sujetado por el sueño
la pura geometría nórdica de tu abdomen
que descendía hasta mí como una noche de verano.

En las estanterías no me caben más recuerdos
ya no hay más sitio para ti.

Acabo de tomar mi decisión:
hoy bajaré al parque y me sentaré
en un banco a esperar que las palomas
caminen alrededor de mi vida
y picoteen hasta que no quede
ni un grano de tu recuerdo.

Marwan



Empezar a explicarlo

No sabría por dónde empezar a explicarlo.
Yo venía embalado de un amor sin agujeros
que se fue agrietando por por culpa de algunas faldas
que se anunciaba como diciendo aquí estaría mejor.

Me vi con veintitantos imaginando
que ya no desnudaría otro cuerpo diferente.
Entonces puede haber seguido el ejemplo
de los hombres que mantienen el instinto al ralentí
olvidar los bares y sus muchachas 
pero la piel me pedía huracán y delirio.
Ya no llegaría a viejo con ella.

Cambié los sueños por los deseos
y rompí la vida en cien mil trozos
por la promesa de unos labios ajenos
intentando convencerme de que no era así,
pensando que habría un fácil viaje de vuelta.
Quizá os imaginéis el golpe.

A la segunda mujer hacía un año que la conocía.
No pude evitar nada y solapé dos sentimientos, 
el calor de una con el fuego de la otra.

Fui dos hombres durante un tiempo, 
el que buscaba seguridad
y el que pinchaba los airbags.

Por entonces, un tipo - y esto es verdad - me dijo:
Marwan, si tienes un tigre delante
puedes hacer dos cosas:
huir o luchar (y matarlo). Las dos cosas están bien.
Lo que no puedes es quedarte quieto 
porque te destrozará.
Y durante meses me quedé quieto, 
dudando entre el calor y el fuego, 
el calor y el fuego,
la rutina o el desastre.

Mi madre también me habló:
Hijo mío, a veces lo mejor es enemigo de lo bueno.
Y yo ya no entendía nada.

Entretanto bajé a los suburbios de mí mismo, 
esos lugares que invitan al placer pero no a la reflexión
y mientras besaba a quemarropa
cabe seis minutos me preguntaba
si no sería mejor volver a mis veintipocos,
el amor confortable, al cuerpo cotidiano,
esa plácida comarca sin sobresaltos
donde el placer te da la seguridad  y no el riesgo,
volver en definitiva a mi chica, a las emociones pacíficas,
utilizar la copia de seguridad de mi pasado.

Con el tiempo entendí que ni lo uno ni lo otro me convenía
pero ya nunca regresé al hogar.

Me decanté por la llamada de un amor
que se resistía a tener adjetivos.

Así ella y yo comenzamos
una de esas historias de cara o cruz
con la moneda siempre girando en el aire
y todos los castillos de arena.
Un amor ambiguo donde siempre
era víspera de todo
pero difícilmente día de nada.
Un viaje tan a destiempo
que nunca llegamos al mismo sitio
sin que uno de los dos llevara encendidas 
las luces de reserva de su corazón.
Y así mi calle ya nunca más
hizo esquina con París.

Si os soy sincero, lo más jodido es no saber
qué sucedería si volviera a sentir lo mismo
y tuviera que escoger entre
el cuerpo al que amo
y el cuerpo que me hace arder. 

No sé, no lo tengo claro.


Marwan











viernes, 1 de mayo de 2015

El autobús

Te preguntas por qué diciembre
te eligió a ti entre tanta gente
mientras te pintas los ojos para ver 
si cambia el mundo.

Tiras las preguntas sobre la cama
como quien vacía un bolso en ella
y te viene a la cabeza el día en que rompisteis
y se os atravesó el destino en la garganta.

Vuelves a los mismo pensamientos una y otra vez
y vas haciendo tu lista de reproches contra el mundo.
Te gustaría volver a una región sin sobresaltos
pero la niñez es sólo una foto amarilla.

Poco a poco se va haciendo de noche,
la tarde lo va llenando todo de cuervos
y el destino no clava ningún mensaje en tu contestador.

Le das alguna calada más al fracaso,
ese cigarro inacabable,
intentas esquivar las preguntas una y otra vez,
como a un invitado
que no se da por aludido cuando acaba la fiesta
y no quiere marcharse.

Buscas el interruptor para apagar tu cabeza
y hallas refugio en una serie tonta americana.
Piensas en todo lo que dirías
si le volvieras a tener enfrente
y te recolocas la tristeza en el pelo.

Sé que no pides consejo a nadie
porque corres el riesgo de que alguien te diga la verdad.
Vives esperando un volantazo del destino
harta de echar de menos el cuerpo al que renunciaste.
Entonces ignorabas que esto pasaría
y que echar de menos es renunciar al presente.

El día pasará y la vida seguirá,
ganarán los mismos
perderán los de siempre,
y quizá, si eres paciente,
si dejas de correr -y te perdonas-
la vida deje de ser ese autobús
que escapa justo cuando llegabas a la parada.

Marwan


Es un eterno fuego

El amor no es una guerra de vencedores y vencidos. Es un eterno fuego cruzado donde todos hemos disparado y donde todos salimos con cicatrices.

Raven

Porque tu amor es así: egoísta

Sé que me quieres cerca, pero no a tu lado. Feliz, pero no contigo. Sola, pero de vez en cuando contigo. Porque tu amor es así: egoísta.

Fin de año

En un par de días acabará este año
y comenzará uno nuevo, 
el primero en que no te necesite.

Conduzco el pasado con calma hasta el desguace
y la verdad es que no sé si me alegra del todo
saber que me ha llevado cinco años
superar algo que entendí en cinco minutos:
que nuestra historia era imposible
como mirar la silueta de la lluvia.
Pero ya sabes, nunca he sido diestro
en las tareas del olvido,
nací sin saber descifrar bien
la caligrafía de un adiós.

Resulta agotador que en nuestras cabezas
siempre tenga que ser todo para siempre,
y es jodido entender que formo parte
de ese ejército de hombres tristes
del que suelo hablar en los poemas cuando no hablo de ti.

Y no es hablar de una edad en que
el sudor dictaba el horario de las sábanas
ni de tu dulce recuerdo
cuando me hacías el amor en la cocina.
No es eso. No siento nostalgia de ti,
sino nostalgia de mí,
del chico que se atrevía 
a tener una cita a ciegas con su destino
y volvía, quizá golpeado, pero convencido.

Buscábamos olvidar y lo logramos.
Aquí te dejo la herida de la victoria,
de entender que ese olvido
es saber que en el fondo
no fue posible nuestra historia
y que ahora hay que desaprender el camino
que conduciéndome a esa ciudad llamada nosotros.
me llevó, tan lejos de mí.

Marwan