sábado, 9 de diciembre de 2017

Agradezco que existas

No te engañes,
no escupas fuego
hablando de nosotros 
y deja de decirme de una puta vez
todo lo que podíamos haber sido 
y no somos.

No te engañes, mi vida,
no me eches de menos
si sabes que estoy a tu lado,

que yo siempre estoy aquí
aunque no me veas,
que yo siempre estoy aquí
aunque siempre me esté yendo,
que yo siempre acabo quedándome
y agradezco que existas.

Agradezco que existas
aunque a veces duela,
agradezco que existas

porque el amor que no quema
no mata
y no quiero morirme contigo.

Agradezco que existas
porque pusiste todo
donde no había nada,
porque te hice inmensa
y aprendí a amarte
en todas las cosas de este mundo.
Igual que tú me amas
en todas mis versiones,
con todos mis gigantes,
igual que amaste mi isla,
igual que amaste diciembre
y el sol más ardiente de Mayo.

Así que no te engañes,
que tú y yo ya encontramos
el misterio de ese lugar
donde no hay ayer ni mañana,
y la vida,
nos escogió
como únicos protagonistas
de esta historia.

Diego Ojeda


Primavera nueva

No voy a volver a sentir la ansiedad
de estar a tu lado sin poder tocarte,
no voy a dejar que te pierdas
ni que dejes de venir,
no quiero que el pasado
sea un desfile de reproches cansados,
de manos atadas a viejas promesas,
de corazones con torniquete.

Yo no puedo quererte a cuentagotas,
no sé domesticar mis palabras,
soy alérgico a los horarios
y a los brazos burocráticos,
pero puedo inventarte cada noche
un cielo nuevo,
apagar el ruido,
romper el silencio,
devolvernos la vida en cada gemido.

No quiero que vuelva a nevar
en esta casa,
no quiero arder en la sal
de las heridas que silenciamos,
no pienso ocultar
ni un día más nuestra historia.

Si hasta los ciegos nos ven,
los niños del barrio hablan de nosotros
y la pena fue vista esta mañana
huyendo en un vagón
hacia nunca jamás.

Esta nueva primavera no nos engaña.
Ahora los domingos huelen a otro perfume
y le he puesto un imperdible
a mi futuro contigo.

Diego Ojeda


domingo, 3 de diciembre de 2017

Fin

En contra de Cupido
tengo veintiocho catorcesdefebrero, 
un armagedón en el vientre
y el códifo de barras de mi ansiedad.
Mujeres que llegaron del espacio,
besos baratos,
despidos improcedentes
y un corazón acostumbrado
a adelantar siempre por la derecha.
Un fotocall con mis miserias,
conversaciones privadas con mi terapeuta
y una historia de un dErrUmbAmIEntO.
-como diría mi amigo Escandar-.

Siempre he sido el protagonista de la huida,
París no existe
y con ocho años me rompieron por primera vez
el corazón en cien mil trozos.
Se llamaba Irene 
y yo Apolo,
porque fui capaz de enviar hasta mi alma
una muerte rápida y dulce de deseo,
de autocompasión,
de soledades.

Luego viajé como turista
al centro de mí mismo
y adelanté el vuelo de vuelta.
No fui capaz de soportar tanta sequía.
Mi niño solo suplicando afecto,
actuando para nadie en un teatro sin butacas,
buscando a mis padres entre el público.

Mi adolescencia
fue un ramo de rosas negras 
y la poesía el único lenguaje
libre de impuestos.
Alquilé una mansión en sus ojos
y encontré un hogar 
en el ártico de su blusa.
Una familia.
No voy a decir su nombre.
Ha pasado mucha vida.

Silvia fue el verano de mi juventud,
las primeras canciones,
el sur de mi isla,
perdió la inocencia a mordiscos
y fabriqué un bozal para sus heridas,
ella destapço mi sexo
y arañamos con nuestro sudor
portales,
hoteles
y terminales de autobuses.
El piercing de su ombligo
es la única fotografía
que aún conservo de nosotros.
Voy a omitir los desperfectos.
El seguro se hizo responsable 
y me retiraron la póliza.

El invierno llegó a mi vida
en forma de gatillazo,
de mujer fatal, 
de copa rota,
nombrarla sería encasillarme
en las cuatros letras de su nombre,
fue un área de descanso turbulento,
un viaje sincopado
entre el odio y el perdón.
Hoy apenas la recuerdo
pero le debo tanto...

Lo dije todo en mis confesiones:
este fue un tiempo 
de escalas constantes en muchos cuerpos,
de camas debajo del escenario,
de incendios en los ojos.
Asesiné a Afrodita
y me juzgaron por ello
pero entonces llegó Raquel y pagó mi fianza.
Aún no sé sí he sido capaz de saldar tanta deuda.
Lo nuestro fue imposible a pesar de los aviones.

Mi último puerto 
fue una mujer de iniciales
de la que sólo recuero la "R".
Caí en su trampa,
bajé al infierno,
fui cómplice del desastre.

Arranqué mis galones,
probé de la cicuta de sus labios
y todo,
todo fue nieve.
Ella fue la última dama
que me dejó en jaque,
siniestro total en el tablero,
el punto de colisión más alto.
No pudieron hacer nada por nosotros,
soplaron nuestra vela
y no nos dio tiempo a pedir un deseo.
Ni ella estaba tan loca
ni yo tan cuerdo.

El amor no es estadística
y ni Gauss ni su campana
van a venir a explicarme
por qué nunca formé parte de la mayoría,
por qué he sido siempre un tapón sin rosca,
una reforma sin escombros,
un transatlántico sin tripulantes,
un heredero sin parientes.

Para esto no ha respuestas, 
sólo caminamos,
y la mecánica del corazón
nunca es exacta.

Estamos llegando al final
y siento que es el principio,
Cupido ya no me asusta, no me persigue.

Mi niño solo se está durmiendo
-como se apaga una vida-
y mi hombre ha dado a luz
al adulto
que hoy te mira
con ojos constantes, 
con orgasmos sin máscara,
compañeros sin contrarreloj,
sin miedo de un amor posible.

Grietas sin goteras,
metáforas de una felicidad
no programada, 
el arte de volar
sin manual de supervivencia,
el sueño de beberse la vida
sin contraindicaciones,
un catorce
o un treinta y uno de Febrero,
para un instante,
o para toda la vida.

Diego Ojeda




Ella y él

Se miraron,
se arrimaron,
se tocaron,
se besaron,
se casaron,
se cansaron,
se enfadaron, 
se engañaron,
desquisieron,
descansaron.

Diego Ojeda


Primavera nueva

No voy a volver a sentir la ansiedad
de estar a tu lado sin poder tocarte,
no voy a dejar que te pierdas
ni que dejes de venir,
no quiero que el pasado
sea un desfile de reproches cansados,
de manos atadas a viejas promesas,
de corazones con torniquete.

Yo no puedo quererte a cuentagotas,
no sé domesticar mis palabras, 
soy alérgico a los horarios
y a los brazos burocráticos,
pero puedo inventarte cada noche
un cielo nuevo,
apagar el ruido,
romper el silencio,
devolvernos la vida en cada gemido.

No quiero que vuelva a nevar
en esta casa,
no quiero arder en la sal
de las heridas que silenciamos,
no pienso ocultar
ni un día más nuestra historia.

Si hasta los ciegos nos ven,
los niños del barrio hablan de nosotros
y la pena fue vista esta mañana
huyendo en un vagón
hacia nunca jamás.

Esta nueva primavera no nos engaña.
Ahora los domingos huelen a otro perfume
y le he puesto un imperdible
a mi futuro contigo.

Diego Ojeda



Noches blancas

Lo mismo que el amor
así este trago.
Nada dura 
la eternidad de un beso.
Dime tú que me amas esta noche.
Mañana la verdad
será tan sólo
la resaca de alcohol. Bebe conmigo.

Rodolfo Serrano


Prontuario para salvarse urgentemente de la gloria

Bienvenido al infierno.
Pegados a tu piel 
se acogen los fantasmas
de las copas alcohólicas y tiernas.
Habrá que emborracharse
también y sin saber
por qué ni por qué asunto.
Lo importante, al final,
es no saber
la causa del borracho.

Rodolfo Serrano


A veces

A veces tiene la sensación 
de que ya no le queda piel
con la que construir
un mundo de palabras
que acabe siendo cobijo
para los que vengan después.
A veces piensa que quizá
ni siquiera venga nadie después
porque el mundo necesita deshacerse.
A veces se olvida de que existe
y sólo respira.
Es entonces cuando todo tiene sentido.

Begoña Abad


lunes, 27 de noviembre de 2017

Intimidad

Lo que ocurre 
cuando ni siquiera nos rozamos
y sin embargo
todo lo que nos rodea
es una luz
que los demás respiran.

Begoña Abad

Daría cuanto

Daría cuanto tengo, cuanto soy,
cuanto seré y cuanto tuve,
por abrirte de nuevo el corazón
y dejarte entrar, a saco, en él.

Begoña Abad

Por culpa de la poesía

Por culpa de la poesía
nací un 5 de diciembre de 1985,
supongo que mis padres
pensaron en mí en el mes de marzo
y viví durante nueve meses como crisálida
en la barriga de mi madre,
tragando miedos e inseguridades 
que me siguen acompañando desde entonces.

Sigo pensando que soy un tío con suerte,
tal vez porque no tengo nada
y nada es sinónimo de libre.
También lo tuve todo y a ratos fui feliz
pero arroje tantas veces
nuestro cadáver por la borda
que llegaré a tenerle fobia al mar.

Viví once meses en otras vidas
-al hablar de otras vidas
me refiero a lo nuestro-,
sufrí insomnio,
discutiendo con mi ángel, de mi demonio,
rayando canciones de Nach,
dejando almohadas en vela
por cada uno de los amores pasajeros
que vinieron después de ti,
que volaron sin mí, estando conmigo,
que fueron aterrizajes forzosos.

Me gustaría verte lejos
y contarte que huí
porque fue la única manera
que encontré de salvarme,
explicarte que volví
porque borrarme de tu vida
fue más duro que un verano en Siberia,
más triste que una infancia en un orfanato,
tan inestable 
como haber entregado mi vida
por amor al arte.

Fueron más de veintisiete intentos
de reinventar el calendario,
de taparle las grietas a la vida
con saliva caducada,
de cortar el cable exacto
en cada cuenta atrás
porque nuestro amor
fue un atentado contra la poesía,
una bomba lapa en el corazón,
un incencio
que intentamos apagar con gasolina.

Hoy no sé si quiero odiarte
o volverte a ver,
contar tus lunares, ser tu desayuno
o masturbarme pensando en ti
como si no existieras,
leer a Pedro
y ver la belleza en pelotas,
o buscar en algún verso a Elvira
para entender que es posible
sacarse el dolor del cuerpo.

El tiempo es un sicario del olvido
y tu ausencia una eternidad
que duró dos estaciones,
cómo te digo que he sido feliz
sin decir que ha sido triste,
cómo explicarte que fue fácil
sin demostrar que parecía imposible
descifrar el código en llamas
de un porvenir huérfano de nosotros.

Llamamos amor al desastre
y enterramos nuestro cadáver
cuando aún tenía pulso.
Vinieron mis amigos,
tus amantes,
y nos fuimos de bares a celebrarlo.

Te acordarás de mí 
aunque ahora pienses
que el verano dura para siempre,
yo padeceré amnesia
hasta no verte en mis poemas
y seguiré escribiendo en voz baja
hasta que nadie pueda escucharme.

No son metáforas,
son recuerdos.
No son lágrimas,
son goteras en la memoria
que empapan nuestras fotos,
por culpa de la poesía.

Diego Ojeda







La víctima

Todo lo que tú has roto, lo rompieron mis manos.
Yo invento tus mentiras y afilo tu puñal
para obligarte a herirme.
Tu sangre nos azota con su látigo rojo;
tu vida es un desierto que fue un río:
hay hombres -dice Keats- que se detienen
igual que una criatura que una vez tuvo alas.

Ésa es tu verdad.

Tus odios no son más que el eco de mis odios.
Cada golpe que das
te defiende de un golpe que yo te habría dado.
Tu mundo es norte y sur, Dios o el infierno,
y en tu azotea hay ángeles que detienen la noche
y en mi sótano hay lobos que que mastican la aurora.

Es fácil de entender.

Yo pongo tachaduras en los papeles blancos
donde ibas a escribir los versos que no escribes.
Yo conduzco a las sombras lo que miro
y si tú abres los ojos
la oscuridad se llena de flores submarinas. 

Es sólo el bien o el mal,
la luz o las tinieblas,
mi voz manchada o tu silencio limpio.
Yo no tengo piedad y soy injusto.
Tú eres el juez que llora
sobre las tumbas de sus condenados.

Quién se atreve a dudar.
Yo soy el muerto y soy el asesino.
Tú siempre matas en defensa propia.

Benjamín Prado


domingo, 26 de noviembre de 2017

Voy en el metro rimando

Voy en el metro escribiendo un poema
en el lomo de un libro de Nicanor Parra
que es actual aunque sea de otra era
habla de amor de fantasmas de guerras

miro a la gente la gente que mira
voy de camino a la Complu a una entrevista
me como las uñas me quito el abrigo
copio en la nota del iphone un verse del libro

me cago en la infanta en las discográficas
en intereconomía telecinco y toda esa mafia
me agobia el trabajo el karma la renta
y a veces me gusta que nadie me entienda

voy en el metro pensando 
que tengo pareja y soy libre 
porque es una chica que brilla
que no se conforma y que grita
cuando una injusticia le araña
que no se acomoda y no traga
mentiras ni empuña una espada
ella me quiere con calma
y repara mis alas de plumas gastadas
me tira en la cama y me chupa hasta el alma
no va de sobrada ni inventa escapadas 
y si algo le duele lo dice y no calla
ella es mi chica revolucionaria

voy en el metro callado y sentado
amago un soneto que no es un soneto
no es más que un intento de versos rimados
yo soy más de prosa que busca poesía
yo soy el que siempre las mata cantando
que yo sólo soy un poeta de barrio
que digo poeta y algunos se mean
será porque envidian toda mi verborrea

voy en el metro llegando a mi casa
y sigo rimando hasta mi parada
miro a la gente la gente me mira
y no fue tan malo lo de la entrevista
hablamos de viajes de versos de Salem
de todo lo bueno que ocurre en los bares

me gusta ver gente que es joven y grande
por dentro por fuera con arte y navegan sin yates
sin credenciales sin medios sin promo y aún así lo parten

a la educación pública dejan sin futuro
remando sin agua sin remos flotando en los oscuro 
hoy había huelga hoy estaban de luto
y tipos de negro en la puerta dando por culo
que no saben hacer la "o" con un canuto
pero se lo fuman sin pagar un duro

todo los gilipollas de mi antiguo barrio
niños de papá de colegio de pago
ahora son policías guardias soldados
fuerzas de seguridad del estado

yo estoy en mi kelly en mi cuarto en mi trono
y voy a parar que he subido el tono
que yo solo iba en el metro mirando a la gente
a una entrevista de radio en la Complutense

mato ya este poema que me voy al cine
a ver una peli española dicen que divierte
que el arte si no lo cuidamos muere
y los mejores autores son independientes

me piro despido disparo
ha sido un placer compartir este rato
porque las palabras nunca son en vano
y ni con el viento se van de la mano

Diego Ojeda



La revolución comienza en casa

Despertar con resaca.
Hacer el desayuno, comerte el coño
–o comerte el coño como desayuno-,
poner un disco de Ben,
acurrucarme en tu espalda,
apagar el iPhone,
el iPad,
el Twitter,
el Facebook,
desconectarnos
de cualquier realidad virtual
por unas horas
y bailar un vals en la cama,
salsa en el salón,
leer juntos a Montero,
cantarte unos temas,
volver a la cama y tocarnos
–en ningún momento he dicho que estuviéramos con ropa-
seguir tocándonos,
ponernos muy cachondos,
y bueno, ya sabes…
Convocar una manifestación,
salir sin bragas a la calle,
darle una propina a la desilusión,
aparcar la tristeza en un desguace,
cortarle las corbatas a los ministros
y hacer con ellas una guirnalda gigante
que de la vuelta a todo Madrid,
borrar las zonas azules del barrio,
colapsar la calle Génova con una cabalgata nudistak
pintar con flores la M-30.

Y en todas estas causas, tú como capitana.

La revolución comienza en casa, cariño,
hoy te toca a ti preparar el desayuno
y luego ya veremos.

Diego Ojeda