jueves, 12 de noviembre de 2020

Regalos

 A veces por compromiso, otras por cumpleaños, aniversarios o cualquier fecha que marque el calendario, y otras veces porque sí. El motivo quizá es lo de menos. Lo que quiero resaltar es que, si hay algo que nos gusta a todos, sin excepción, es recibir un regalo.

Recuerdo que cuando era pequeño me hacía un montón de ilusión recibir regalos. En el fondo me daba igual lo que me regalasen, yo era feliz con poder destrozar el papel que lo envolvía y descubrir lo que había dentro.

Con el paso de los años sigo igual. Me hace ilusión hasta abrir los paquetes de las cosas que compro por internet. No sé, creo que los regalos tienen magia y que son una excelente manera de demostrar el amor y aprecio que sentimos por alguien. De hecho, soy la típica persona que te va a estar tan agradecida por haberle regalado algo que, aunque no me guste nada, jamás sería capaz de admitirlo. La intención está ahí. Ya también soy de los que piensan que eso es lo importante.

Para mí, el secreto de un buen regalo es conseguir que despierte emoción en la persona que lo recibe. Hay gente que parece que piensa que para que un regalo sea bueno tiene que ser caro. Para nada. De hecho, da igual lo caro que sea, su envoltorio y todo. Lo importante es entender que, a más emoción causada, más has acertado a la hora de escogerlo. Y si se conoce bien a la otra persona, hasta con un pequeño detalle -eso sí, el adecuado-, se puede hacer el mejor regalo del mundo.



Nuestro secreto

 De fondo, nuestra canción favorita. Tú, yo y dos Desperados haciendo de ese rincón del pub el metro y medio cuadrado más mágico del mundo. Y nos sobra, porque nos sobra todo lo que no sea estar juntos a todas horas.

En ese rincón se nos ve tan felices que nos odian, mientras nosotros les sonreímos despreocupados por lo que puedan pensar. Les puede la envidia de que hayamos encontrado pareja de baile a nuestros defectos, y que encima parezcamos felices. Que todos quieren a alguien que les ría como me ríes tú, y todas quieren a alguien que les mire como te miro yo. 

Ese es nuestro secreto, la facilidad se sentirnos la pareja perfecta cuando juntamos nuestras imperfecciones y nos reímos del mundo.



martes, 10 de noviembre de 2020

Lo que le diría a mi yo de 18 años tras conocerte

 Todos nos hemos sentido alguna vez como una pieza diseñada para un puzzle que no existe. Y, cuando esta sensación nos golpea de lleno, nos hace sentir mal. Tremendamente mal, diría. Te llega a hacer creer que no vales nada. Que eres una persona rara, extraña y que tienes que cambiar. Que tienes que amoldarte al resto para que alguien pueda fijarse en ti. Al menos a mí me ha pasado durante demasiados años.

Ojalá cuando tuviésemos dieciocho años pudiésemos tener una breve charla con nuestro yo de diez años después. Aunque sólo sea para recibir un consejo con el que afrontar el futuro.

Yo, si ahora tuviese esa oportunidad, sé que le diría a mi "yo" de 18 años: "No cambies por otros. No pierdas tu esencia ni lo que te hace único. Te prometo que van a llegar muchas personas iguales o más raras que tú y te van a hacer feliz. En especial una. Ya lo verás. Te lo prometo. Tú sólo céntrate en no dejar de ser tú".



Mírate

 Mírate.

Cuando te despiertas por las mañanas, iluminas al que se cruza contigo como si fueses una pequeña estrella fugaz.

¿Sabes lo que me viene a la cabeza cada vez que te veo?

Pedir un deseo.

Y tú, como entendiéndome por telepatía, me lo concedes en forma de beso.

Mírate.

Que haces del mundo un lugar mejor con sólo existir.

¿Sabes lo que quiero cuando pasan diez segundos sin tenerte enfrente?

Volver a verte.

Y tú, como sintiendo lo mismo, siempre tienes un plan para quedar.

- Mírate. Eres increíble.

- No soy para tanto - contestas.

Te callas. Vuelvo a insistirte.

- Mírate. Pero esta vez, hazlo como yo te miro.




lunes, 9 de noviembre de 2020

Eso es todo

 Yo no quiero atarte con una etiqueta o estar contigo a toda costa. Tampoco quiero agobiarte o que seamos algo. Lo único que yo quiero es que desees quemar horas conmigo. Que te lo pases bien a mi lado. Que disfrutes. Que rías... Cada vez que consigo sacarte una carcajada es como si le metiese un gol a lo puta que es la vida, y eso me hace feliz. Tremendamente feliz.

Digamos que no quiero tocar por si se rompe. Me conformo con que sigamos despeinados por enfrentarnos juntos al viento en contra. Con que pasen los días y siga todo igual. Con esos abrazos tú sabes dar y que siempre llegan cuando más se necesitan. Eso es todo.

Yo no quiero que seas algo mío, sino que cuando puedas elegir libremente, me elijas siempre a mí.



Pídeme que esto no sea para siempre

 Píntate los labios de rojo, péinate el pelo como tú sabes, ponte tus tacones más altos, tu vestido más corto y saca las ganas que tienes de mandarlo todo a la mierda, conmigo. Usa ese perfume que me tiene domesticado a tu cuello cual perro con correa, a menos de un metro de ti y bajando con cada copa y cada susurro. Baila conmigo, aunque no tengamos ni puta idea de compases ni ritmos. Bésame y dime que nos vamos de aquí, que me prepare para la guerra. Tírame contra la cama y dime que hoy mandas tú. Hazme amanecer con manchas de tu pintalabios por todo el cuerpo, exhausto, del empeño que le hemos puesto para que los vecinos tampoco duerman esta noche. Cuélate en mi sueño mientras duermo y déjame exhausto ahí también. Dime que lo nuestro es droga y que tenemos mucho vicio. Decora mi habitación con tu vestido tirado por el sueño y cada uno de tus tacones en una esquina de la habitación, marcando el norte y sur del reino de fantasía de la habitación, marcando el norte y sur del reino de fantasía que nos montamos con una cama y dos copas de más. Átame a la cama si te digo que tengo que ir a trabajar.

Pídeme que esto no sea para siempre, pero no termine nunca.



Quiero verte

 Quiero despertar todas las mañanas y contemplarte desnuda a mi lado, prohibiendo que te vistes hasta haber posado mis labios por todo tu cuerpo. Ver películas de terror y hacernos compañía en el insomnio bajo las sábanas. Ser el abrazo que buscas los días que no te sientes bien. Escuchar tus delirios y decirte que yo también los tengo. Seguir conociendo todos tus miedos para ayudarte a vencerlos uno tras otro, o para escondernos juntos de aquellos que compartimos. Ir de concierto en concierto importándome más la compañía que la música. Susurrarte lo increíble que me pareces a todas horas. Malacostumbrarte a que te sientas deseada a todas horas. Conseguir que no vuelvas a pensar que nunca te ha ido bien en el amor. Hacerte reír, mucho; porque a mi sonrisa le sienta bien la tuya, y una boca como la que tienes si no está besando o riendo es un desperdicio. Que continúes respondiendo "sí" a cualquier plan que te proponga, llenando uno y mil sobres con entradas y tickets. Idear fugas, del trabajo o de la rutina, siendo sólo dos locos que por ir de la mano se creen que pueden con todo. Aumentar la colección de fotos que tenemos juntos y que nunca se verán en Facebook. Quemar nuestros sueldos en cenas y viajes. Compartir más domingos de desayunar una Desesperados y al otro en la cama.

Verte. Sólo necesito verte en grandes cantidades.

Porque ya me he acostumbrado a la palabra "contigo", y Madrid empieza a quedarme grande cuando la conjugo sin ti.



El amor es querer como si fuese a ser para siempre



 - Lleváis pocos meses juntos y hablas como si ya fuese seguro que te vas a casar y tener hijos con ella. Como si fuese a ser para siempre.

- ¿Conoces otra forma de amar? No creo que se pueda querer con el freno pisado, sin soñar, sin hacer gilipolloces como imaginar un hijo con los apellidos de los dos. Dudo mucho, además, que pueda ser duradero un amor en el que no creas que vaya a ser para siempre. Piénsalo, decirle a alguien "te quiero" y a la vez pensar: "pero no sé si mañana o pasado voy a quererte igual". Por supuesto que es pronto, pero las ganas son más del cincuenta por ciento de cualquier cosa en la vida. y si sintieses lo que siento yo a su lado, hazme caso que tampoco te faltarían. Es que, la tengo delante y, bueno... a mí me cuesta decir te quiero, ¿sabes? Decir eso es abrir una parte de ti por donde puede entrar la mayor de las alegrías y la peor de las penas, por eso nos aterra decirlo. Lo que pasa es, como te iba diciendo antes, que la tengo delante y con ella veo claro arriesgarme. Por eso lo hago así, porque con ella es fácil hablar como si fuese a ser para siempre.



NOVIEMBRE 2020

 1. Te vi y supe que no querría dejar de estar cerca de ti. Tienes la capacidad de hacerme sentir que soy yo mismo cada minuto que estoy contigo.

2. Y llega un día cuando te empieza a importar una mierda lo que haga, lo que diga y con quién esté. Te da todo igual. Y qué bien sienta eso.

3. Siempre estará esa persona que nos hace temblar cada vez que nos la cruzamos. Que le diríamos mil veces «Te quiero» y no lo hicimos ninguna.

4. No te voy a decir que todo irá bien porque seguramente sea mentira. Pero ahí estaré para abrazarte cuando toquen los días malos.

5. Cuántos lados de camas vacíos a estas horas, guardados para personas que nunca regresan.

6. Vas a tener que agarrarte a las sábanas apretando las manos. Vas a tener que mirar hacia arriba mientras paso la lengua entre tus piernas.

7. Anda, si nos gustamos mucho. Vamos a fingir que no nos importamos e ignorarnos todo el rato. Que eso vale muy bien para ser gilipollas y eso.

8. La mejor forma de decir las cosas no precisa ninguna palabra. Con caricias.

9. Pues sí, parece que las casualidades insisten. Contigo.

10. Nos pasamos la vida confundiendo querer con las ganas de follar y el amor con la rutina.

11. Hay distancias de kilómetros en el mismo sofá y abrazos que se sienten cerca enviados desde la otra punta del país. Todo depende de las ganas.

12. Has elegido mal escondiendo todo lo que callas en esos ojos que tanto hablan cuando me miran.

13. Dos personas tratándose como extrañas cuando conocen incluso cada lunar de sus cuerpos. La vida.

14. Si perdonas una infidelidad, cuando te lo haga por segunda vez va a ser más culpa tuya que suya.

15. Si te preguntas si te quiere, ya te respondo yo. No te quiere.

16. No sé si será un final feliz, pero tienes pinta de ser un viaje inolvidable.

17. Esa persona que conoces y te inspira más confianza en diez minutos que la mayoría de la gente en toda la vida.

18. Lo peor de la soledad es que nadie te acaricia el pelo antes de dormir.

19. Mi canción favorita es cuando gimes en mi oído.

20. Todo parece un cuento. Me miras sin venir a cuento. Apareces sin venir a cuento. Me besas sin venir a cuento. Y qué quieres que te diga, no dejes de contarme este sueño. No dejes de hacerlo.

21. Como cuando tengo un déjá vu de ti con otras personas. Sucedáneos de mierda.

22. Hay mil cosas de las que podría acordarme. Pero luego están tus manos. Y nada supera eso.

23. ¿Qué pasaría si se descubrieran a la vez todos los secretos del mundo?

24. Tu espalda es una suite de lujo para mis labios.

25. Ese momento en el que te das cuenta de que ya nada es igual. Que ya no te escribe. Que ya no se acuerda de ti.

26. Ya, si luego aparece alguien que nos descoloca un poco lo que creíamos controlado y nos acojonamos fuerte.

27. Anda, que no veas cómo nos pone lo imposible.

28. Si hay sonrisas imposibles de disimular son las de después del orgasmo.

29. Un sofá, muchos conguitos de chocolate blanco y tus besos. Nada más.

30. De repente suena una canción que te transporta diez años atrás en un suspiro. Como si fuera magia. Sonando como el primer día.

31. Tanto tiempo intentando cerrar las heridas a base de cualquier cosa y pretendes aparecer ahora, sin avisar, como si no hubiera pasado nada.


sábado, 31 de octubre de 2020

No volveré a perderme

 Tengo miedo a romperme de nuevo. Tengo miedo a tener miedo, a no ser tan valiente como otros creen, a que me vuelvan a atropellar problemas ajenos que no son míos sino que son pasajeros que se han montado en mi viaje, y que me van a acompañar. Tengo miedo a desestabilizarme de nuevo, a no saber encajar nuevos golpes cuando aún mis heridas siguen frescas, a que me den de lleno en cicatrices que creo curadas, a sangrar hasta la última gota de mi esencia. 

Tengo miedo. Miedo a no cumplir con mis propias expectativas y con las promesas que hace unos meses me hice. A caer. A que todo se descontrole y pierda mis riendas que tanto sudor me han costado cogerlas. Mantenerlas, sujetarlas. A serme fiel a mí misma y no perderme por lo que me rodea o a simplemente perderme.

Me siento bien conmigo misma, ahora mismo soy la mejor versión que he conocido de mi. Y lágrimas me ha costado, un corazón roto, sudor, sangre y muchos sacrificios... No volveré a perderme.



martes, 27 de octubre de 2020

Siempre nos quedará Instagram

 No sé cómo, he acabado en tu perfil de Instagram. Está lleno de fotos tuyas sonriendo, con tu chico. Se te ve radiante, feliz. Después, sin saber otra vez cómo, he acabado en el perfil de tu chico y, de las últimas diez fotos, en nueve salía contigo. Sonriendo igual o más que tú. Besándote, abrazándote y siempre con cara de felicidad.

El caso es que me alegro por ti, de verdad. Nosotros ya no podemos estar juntos. Bueno, eso creo. Y si algo te mereces, es alguien que te llene, que te complete y que te tenga como en vuestras fotos, riendo siempre e irradiando felicidad.

Me alegro de que no hayas acabado con algún capullo o alguien mediocre. Eres muy especial, fuerte y con capacidad para brillar por tu cuenta. Y quiero que sigas siendo así, aunque yo no lo vea salvo por tus fotos de Instagram. No supe conseguir que lo nuestro durase, pero me consuela saber que alguien que sí. Alguien que consigue que sigas siendo maravillosa.

Te deseo que seas muy feliz.



Sin ti, yo ya no, ¿sabes?

 Creo que estoy entrando en esa fase en la que ya te echo de menos desde que te digo adiós. A ver si me explico. Estoy donde sea, y siempre pienso que sería mejor si tú también estuvieses. Hago planes, y en el fondo el sitio me da igual, lo que me importa es que vayamos juntos. Es más, cualquier detalle me recuerda a ti. Desde un café, hasta lo raro que se me hace ahora dormir solo una noche.

Sin ti... no te imaginas cuánto me pesan ahora esas palabras.

Admito que me da vértigo en cierto modo, porque, sinceramente, nunca he sabido pensar en mí; y, de repente, ahora cuando pienso lo hago por dos.

Sin tu, yo ya no, ¿sabes?

Y es que siempre me he sentido preso de una vida que pedía fuga, pero digamos que nunca he pensado que fuese el momento. Quizá era sencillamente cobardía, aunque, desde que te conozco, sólo me bastaría un "vámonos" tuyo para mandar todo a la mierda. Porque motivos no me faltan. Y ganas, contigo, menos.

Sin ti, no, pero contigo, CUANDO QUIERAS.



Si quieres...

 Si quieres ser musa, me inspiro contigo.

Si quieres volar, te construyo unas alas.

Si quieres ser guapa, yo te miro.

Si quieres ser valiente, yo te empujo.

Si quieres cantar, yo te doy palmas.

Si quieres sentirte única, te vuelvo a recordar que para mí ya lo eres.

Si quieres un reino, te ofrezco el de mi cama.

Si quieres escaparte, te tapo con mis sábanas.

Si quieres leer algo especial, te escribo un libro.

Si quieres un abrazo, yo te doy tres.

Si quieres ahogar penas, yo te acompaño de bares.

Si quieres sonreír, yo haré que lo hagas, prometido.

Si quieres visitar cualquier ciudad, agarrar fuerte mi mano. Yo te llevo.

Si quieres bailar, yo dejo que me pises.

Si quieres quemar Madrid, yo hasta el final, contigo.

Si quieres llorar, no, no te voy a dejar que llores.

Si quieres volver a sentirte niña, te tiro de las coletas.

Si quieres ser diosa, desnúdate y yo te adoro.

Si quieres perderte, me fugo contigo.

Si quieres que te encuentren, yo te busco.

Si quieres un final feliz, yo pongo las perdices.

Si quieres... yo... contigo.

Si quieres.



jueves, 22 de octubre de 2020

Morretes

 Es rozarme con su mano y mi cuerpo se pone alerta.

Mi piel se eriza y un escalofrío pasa por todas mis terminaciones nerviosas. Sus besos tienen el mismo efecto, ¡y qué morretes! Podría estar mordiéndole días y días... Dormirme en su boca donde sé que no hay pesadillas. Y su nariz. No sé, es la primera persona a la que le miraría un brazo y me parecería sexy. 

Somos tal para cuál en el sexo, pero estas reacciones ocurren con muy pocos. El sentimiento de orgullo, de llevar a alguien como él a mi lado cada vez que vamos por la calle andando de la mano, sí, habéis oído bien, ¡yo andando de la mano con alguien! Es de las pocas veces que me gusta hacerlo, sino, la única.

Simplemente es él. Me gusta todo. Su voz, ese lenguaje tan macarra y a la vez tan culto (es raro, lo sé), cuando entra en una conversación te llena de detalles, fechas, acontecimientos históricos... Me pone su cerebro ágil, lleno de información, lleno de conversaciones y lleno de estupideces, por qué no decirlo. Me encanta también esa parte de me río con él y las horas pasan sin ser consciente de ello.

No me canso de verle. No me canso de que me escriba, de que esté ahí, de él en sí. Creo que es la mejor persona que he podido encontrar bajo la faz de la Tierra.



martes, 20 de octubre de 2020

El amor son dos personas que tiran de una goma

 Recuerdo el día que dijiste: "Tú por tu camino, yo por el mío, y sálvase quien pueda".

Siempre me imagino las relaciones como una goma de la que tiran dos personas. Cada enfado, cada discusión o cada diferencia la tensa un poco más. Al final, cuando está claro que está demasiado estirada, hay uno que se cuenta -el que suelta- y otro que aún cree que es posible -el que se lleva el gomazo-.

Está claro quien se lo llevó en nuestro caso, pero te aseguro que es lo mejor que pudo pasar. Yo me merezco a alguien que no la suelte a las primeras de cambio. Tú, bueno, ojalá termines con alguien que te haga feliz, pero ojalá aún que te lleves primero unos cuantos gomazos.

Por karma, más que nada.



La longitud de un paso según quien mira

 Anhelamos lo mismo, pero a la vez no lo vemos, o no lo queremos ver.

Admito que no me es difícil imaginarnos juntos, porque nuestra historia sería tan perfecta que hasta aburriría en película. No hay brujas, malvados ni bandos enfrentados, sólo un paso por dar -pequeño a ojos de cualquiera, y extremadamente inmenso en mi opinión-.

Pero no sé... al final pasan los días y lo único que hacemos es hablar como si nada mientras nos miramos como si todo. Sin que nadie más se dé cuenta de lo que está naciendo entre nosotros.

Yo creo que nos intentamos decir un: "dispara tú primero" o algo así. Y no te niego que tengo un argumento de peso para hacerlo: sabemos hacernos reír, ¿quién podría pararnos?

Sólo me falta atreverme a dispararlo.

Porque, si te soy sincero, pienso a diario en ti. No diría que estoy enamorado, no me atrevo contigo, ni tampoco debo, añadiría, pero cada día que pasa necesito verte un poco más. Tener noticias tuyas es sinónimo de ahuyentar a los pájaros de mi cabeza. De que se escape una sonrisa de esas que salvan días de mierda.

Y soy consciente de que no estamos enteros. De que, a base de desengaños, nos han destrozado demasiadas piezas en nuestros corazones. Que a nosotros ya no se nos ilumina con palabrería, que no es tan fácil. Pero creo sinceramente que, si juntamos nuestros restos, si nos arriesgamos, podemos llegar a ser algo. Quizá un roto, un bonito roto. A mí me vale.

Yo... yo no voy a dar el paso. Lo siento, pero no. Al menso por ahora. Yo nunca he sido el más rápido en el amor, sino el que más siente. Y, por desgracia, éste siempre paga los platos rotos. Aunque te aviso, si al final disparas, si me das pie, si me haces verlo claro, te vas a hartar de cenar perdices conmigo. Porque yo soy un desastre en esto de querer, pero ya sé hacerte reír. Y no hay cosa que me haga más feliz que verte a carcajada limpia.

No sé si al final dispararás tú o tendré que hacerlo yo, pero, sea lo que sea, que suceda pronto.

Lo nuestro promete. 



En la salud y en la enfermedad

 Hace una semana estábamos en el hospital, operándote.

En una sala de espera vacía en la que pasaban las horas y no sabía nada de ti desde las ocho de la mañana. La cosa salió bastante bien para lo que era. Hemos cuadrado para poder pasar la semana juntos, seguir viéndonos todos los días (para no poder nuestra tradición). Hemos hecho malabares y es que somos especialistas en caminar sobre una cuerda... Nuestra vida es un circo en la que nos crecen los enanos.


En poco más de un mes, no me han podido pasar más cosas contigo, y es que si nos ponemos a contar Javi, parece que llevamos toda una vida juntos. Las dos palabras más difíciles que se dicen, me costaron poco verbalizarlas. Te quiero, y se queda corto. Me da vértigo ver la velocidad que llevamos, ¿pero quién establece los tiempos adecuados para dar pasos? No hay nada escrito todo relaciones. Y contigo todo es fácil y sencillo, los gestos, las palabras y los hechos, brotan.

Una semana después, me toca a mí estar pocha, vi tu cara cuando viste 39º en el termómetro, he visto como no has parado en toda la noche de cuidarme, de ponerme toallas frías, de mirarme, de tener un ojo abierto si escuchabas algún movimiento. He sentido la preocupación por mi que en muy poca gente que no sean mis amigos he podido ver. Javi teníamos superado lo de en la riqueza y en la pobreza y ahora, un punto más, en la salud y en la enfermedad.



Me da miedo decirte que esto va para delante porque los sentimientos verbalizados los sueles poner tú, pero como echamos cuentas el otro día, con datos objetivos te quiero más que tú a mi, y me remito a los hecho. Que podremos discutir mil veces pero es que nos va la marcha en todos los sentidos. ¿Una vida fácil y perfecta? Eso no va con nosotros.

La noche de hoy solo ha hecho confirmarme algo que ya sabía, y es que quiero pasar el resto de mi vida contigo. ¿Por qué? Es muy fácil. No he visto una persona más inteligente, más listo y más fuerte que tú. No te da miedo el miedo, al contrario. Entiendes las relaciones como yo, nada de a medias, o todo o nada, y así lo estamos haciendo desde el 11 de Septiembre. ¿Quién dijo que el 2020 es malo? Porque yo he encontrado lo que llevaba años pidiendo. La libertad de ser yo misma junto a alguien que quiero, y que da lo mismo que yo. Damos todo de nosotros sin pensarlo, como reacción a lo que ambos sentimos. Poseemos la seguridad de que esto solo acaba de empezar, y ha empezado muy como nosotros, ¡a lo grande! Porque no somos de medias tintas ni en política. Somos el equilibrio que necesitábamos y que estábamos buscando y que ha tardado en llegar... Pero estás aquí, has llegado para quedarte. Y sí, en un mes, no tengo palabras para agradecerte tanto amor que recibo todos los días. 


Y no me refiero al amor cursi de las películas, no es nuestro estilo, el nuestro se basa en estar al lado del otro cuando lo necesitamos y cuando no, el nuestro no va de montarse en unicornios del que luego nos podemos caer. Por primera vez, siento que estoy con una persona madura, en una relación madura... Por primera vez abrazo alguien y siento que estoy donde debo estar.

P.D. ¿Te casas conmigo? (fui la primera que te lo pedí, ¡copiota!)

viernes, 16 de octubre de 2020

Si decides quedarte

 Si decides quedarte, te aviso que a mí es un poco difícil quererme. Soy una persona especial.

Siempre dejo lo que no me gusta para después. Acostumbro a tomar decisiones extrañas guiándome por corazonadas. Me considero extremadamente emocional, por eso me hace feliz cualquier detalle. También tengo facilidad para sentirme mal cuando algo no me sale bien o me preocupa. Mis amigos dicen que soy un desastre que no sabe dónde va. Extremadamente indeciso. Un día te diré que quiero ser escritor, al otro futbolista y al siguiente actor. Me quema estar metido en casa todo el día, pero la echo de menos en cuanto paso dos días fuera de ella. Prefiero las series a las películas porque los capítulos suelen ser más cortos, aunque al final termino viendo varios y pierdo hasta más tiempo. Si me da por escuchar una canción, la escucho treinta y siete veces al día. Suelo estar a dieta, y suelo aún más saltármela. Siempre encuentro una excusa para darme un capricho, o para da un abrazo, de saludo, despedida o demostración de aprecio. Me encanta querer y sentirme querido. Y no sentirme solo, aunque a veces lo necesito.

Te lo puedo resumir en que estoy lleno de manías y peculiaridades. No sé hacer las cosas sin ponerle cariño, y en el fondo soy todo inseguridad y nervios.

Si tras todo esto te sigo pareciendo interesante y decides quedarte, por favor, que sea para apostar por algo único.

Para cualquier cosa, tienes al resto.



                            

La chica de la oficina

 Próximo tren: Dos minutos.

Alguien mira el reloj nervioso. Es él. El que se levanta cada mañana media hora antes para asegurarse de coincidir con ella en el mismo vagón. El tren llega. Se sube y consigue sentarse. Saca un libro y comienza a leer, aunque su mente no termina de concentrarse porque está pensando en ella. Las paradas se van sucediendo. Sube y baja gente, pero nadie que le importe. El móvil vibra: "Estoy a cuatro paradas". Es ella. La que sí importa. Y él sonríe. Al final va bien de tiempo si se da prisa.

Ahora toca transbordo. Nada más pisar el andén, corre por toda la estación de metro como si le fuese la vida en ello. Al llegar al otro andén, vuelve a mirar el reloj nervioso. Esta vez no por el tiempo, sino por ella.

Próximo tren: Un minuto.

"He llegado a tiempo", se dice satisfecho a sí mismo.

El tren va a efectuar su parada en la estación.

Ya viene. Él, como siempre, se pone justo enfrente de donde queda el primer vagón. Donde ella lo espera. Mientras el tren se detiene, puede verla por las ventanas. Sonriente. Radiante. Está sentada y tiene un asiento guardado para él. Se abren las puertas, y más gente que no importa sale por ellas. Él se siente como un atleta en una carretera de cien metros lisos, esperando la señal para correr hacia ella. La última persona que se dispone a salir del vagón, lo hace. Ahí está su señal. Anda rápido, calmado como puede sus ganas de correr -está seguro de que si estuviese un poco más lejos no podría evitarlo, dándole igual lo que puedan pensar los demás. Los que no importan-.

Por fin llega hasta ella y se sienta a su lado. Ya están juntos, otra vez. Se sonríen. Se miran. Se miran muy intensamente sin decir nada, pero diciéndose todo. Acto seguido examinan a su alrededor. No hay nadie que los conozca de su oficina.

Por fin se dejan llevar.

- Te he echado de menos.

- Yo más.

- Tú siempre más.

Se ríen. Se besan. Se sienten libres, rebeldes y felices.

Sus vidas siguen gobernadas por la misma rutina de mierda, pero, durante tres palabras, escondidos en ese vagón de la línea nueve donde nadie les reconoce, se abrazan, cierran los ojos y sienten que todo lo demás, como la gente del metro, no importa.



miércoles, 14 de octubre de 2020

6º PARADA: "L"

 Digamos que L es "la chica de la oficina".

De L no me quería enamorar. De hecho, intentaba evitarlo. Ella era mi compañera de oficina y me daba pavor imaginar que tuviésemos algo, por si luego salía mal y acababa por hacerme sentir incómodo en el trabajo. Recuerdo que evitaba mirarla como algo más que una amiga, incluso llegué a creérmelo. 

Pasó el tiempo y, poco a poco, cada vez estábamos más unidos. Un día fue quedar para cenar, otro día fue un cine... Poco a poco, yo ya iba sintiendo necesidad de estar con ella siempre. Seguía evitando pensar en ella como en algo más que una amiga, pero al mismo tiempo no quería saber nada de ninguna otra chica. Es como si huyera de ellas para no estropear lo de L. Y era de locos, porque no había nada que estropear. Mi yo enamoradizo atacando de nuevo y yo defendiéndome como podía.

Hasta que un día, de repente, le di un beso.

Más que un beso fue un pequeño beso. Algo minúsculo: "a ver qué pasa", pensé.

Y al final pasaron muchas cosas.

Descubrí a la chica que más me ha complementado como persona, a la mano que siempre estaría ahí para levantarme, al susurro que siempre estaría ahí para animarme y a la caricia que siempre estaría ahí para cuidarme.

Con L descubrí a la chica que me ha hecho más feliz en toda mi vida. La que le ha dado sentido a todo el camino recorrido.

Por eso, a día de hoy, y ojalá que siempre, ésta es la última parada.