miércoles, 15 de abril de 2015

Ángeles

Tras aquel viaje larguísimo, por fin llegamos a la costa. Era 7 de julio. Jueves. Nuestro coche ya descansaba como un caballo fatigado en el aparcamiento y tú propusiste que nos diéramos el primer baño. De ese momento lo que más recuerdo son tus tobillos caminando por la arena unos metros por delante de mí. Dios, solo te faltaban alas. Eras un ángel. Siempre me preguntaba qué habrías visto en mí, por qué tanta suerte de encontrarte. Vivimos tres semanas increíbles en aquel pueblo de la costa con sus pescadores y sus casas blancas. Creo que era la primera vez que me veía con alguien a mi lado, sin necesidad de hablar. Luego por las noches nos reíamos y bebíamos vino y comíamos los regalos del mar. Fue la última noche. Tras una deliciosa cena. Recostada sobre mi pecho dijiste: ¿Sabes por qué te quiero? Porque sé que caminas detrás de mí para mirar mis tobillos y en esos instantes me haces pensar que sólo te faltan las alas.
Marwan


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