jueves, 23 de abril de 2015

Sí, esto es solo el comienzo

Monté en el tren como cada mañana. Él estaba ahí guiñándome un ojo.Se habrá equivocado de persona, pensé. No le volví a mirar, aunque mi corazón notó el peso de su mirada y éste empezó a bombear fuertemente. 
Después cogí el metro. Él no se separó de mí. Caminaba de un lado a otro, cada vez un paso más cerca. Me miraba y sonreía y dejaba de hacerlo. Así continuo hasta que vino el metro. 
Cada uno montó por una puerta. Eso sí, mantuve las distancias, pero siempre me salían miradas de reojo. Sonreía para mí mima. Que nadie lo notara, esta situación, me hacia gracia. Dos paradas. Nunca me parecieron tan cortas como ese día.
Él bajó primero, yo le seguía con la mirada apartándola cuando él se volvía hacia mí. Cada uno siguió su camino. Yo me quedé atrás con mis compañeras de clase. Le perdí, ya no lo veo, pensé. ¿Qué es esto? La realidad sigue superando a la ficción, suspiré.
Ya estoy en mi aulario, ¡qué calor hace siempre dentro!
Y allí estaba, con su mochila, sentado frente a mi en un banco desierto. No había nadie en ese momento. Sentí que todo mi alrededor se volvía borroso y perdía color.
Su mirada se detuvo con la mía... Sí, esto es solo el comienzo.

Patricia Izquierdo Díaz


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