Mostrando entradas con la etiqueta RECUERDOS DEL PRESENTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RECUERDOS DEL PRESENTE. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de octubre de 2013

CAPÍTULO 4

RECUERDOS DEL PRESENTE

CAPÍTULO 4

A la mañana siguiente, me encontraba en mi cama, solo. Ella ya se había marchado, era lo bueno de este tipo de chicas, que pillaban el mensaje a la primera. Las conoces, las ves, te hacen el servicio de la noche, y si te he visto no me acuerdo. Lo único que echo de menos, es la fogosidad de las españolas en la cama. Las inglesas son frías hasta en este tipo de cosas. Desde que llegué a Londres, no me había hecho del todo con su humor y con el sexo inglés.

Me duché y salí hacía el trabajo, en mitad del camino, el móvil sonó.

-          - Buenos días Nelson.
-          - ¡Serán para ti! Ayer me dejaste solo.
-          - ¿No cayó la rubia?
-          - Estuve hablando con ella hasta las dos de la mañana, pero no. ¿Y tú qué?
-        -   Yo nada, ya sabes, más de lo mismo, tengo que dejarte, hablamos. Adiós.

Pobre Nelson, no se come una rosca nunca y eso que él es de aquí, debería entenderse más con las inglesas.

Ya en el despacho, hay cada vez más pedidos de calefacciones y de aires acondicionados, esto supone contratar más gente. Una mañana intensa de entrevistas, nuevas caras, y ninguna fiable del todo. Pero quien no arriesga no gana, de momento he tenido buen ojo con mis trabajadores. Tengo un trato entre manos con un posible socio, esto haría que mi pequeño negocio creciera más del doble. Solo tengo que llegar a algunos acuerdos, que se están complicando, pero con esa fusión y ese socio, este negocio me daría más liberta y menos dolores de cabeza. Me convertiría en el jefe que siempre he soñado ser.

Llaman a la puerta, y aparece una mujer despampánate, una diosa de la belleza con unas curvas que mis ojos siguen de arriba abajo y me hacen perder el sentido.
- Hola, me llamo Rose, ¿se puede?
- Claro que sí. Es un placer tener a mujeres tan bonitas como tú por aquí.

La chica se sonrojó.

Siéntese por favor, ¿en qué puedo ayudarla?

Rose abrió su maletín y sacó un montón de folios escritos. Eso sí, su forma de vestir no me gustaba. Odiaba a esas mujeres que intentaban vestirse de hombres para cerrar tratos o ser las mensajeras de grandes empresas. Pero en este caso, esa falda… me daba mucho que pensar y aún más, me daba mucho que imaginar.

Vengo de parte del señor Klim para hablar del asunto de fusión de su empresa y la nuestra. Estos son los impresos que me ha dado mi jefe y que debe revisarlos y firmarlos para que la negociación se lleve a cabo.
¿Es usted su representante?
- No, su secretaria.
- Secretaria ¿eh? – la cosa se ponía más y más caliente.

Rose sacó unas gafas para indicarme donde debía firmar y donde venían todas las clausulas del contrato. Esas gafas la hacían muy interesante, lo que no me dejaba concentrarme en leer todos estos papeles.

¿Qué le parece si la invito a tomar algo y después miramos juntos esto?
- De acuerdo – dijo sonriendo, con una mirada picaresca.

La serví un café en mi despacho, era bastante tarde ya, de hecho había anochecido, cuando me di la vuelta para entregarla su café, vi que se había deshecho el moño tan serio que llevaba y los primeros botones de su camisa estaban siendo desabrochados.

Mucho mejora ahora.

Dejé el café a un lado, retiré todos los papeles de la mesa y la besé apasionadamente, y si es verdad que a las chicas les gustan los chicos con traje a nosotros nos pone las chicas vestidas muy serias, estilo Ally Mcbill. Aunque no me gusten esos trajes, siempre existen excepciones.

Firmé todos los papeles sin apenas revisarlos, ya que eso del papeleo siempre me ha resultado tramites sin importancias y muy aburridos y Rose se los llevó aquella misma noche, tras haber pasado un momento bastante interesante y bastante divertido. Al despedirnos, me guiñó un ojo, preciosos ojos verdes.

Por fin ya tenía un socio, y una gran empresa entre manos. Llamé a Nelson para celebrarlo.

Nel, esta noche invito yo.

jueves, 1 de agosto de 2013

CAPÍTULO 3

RECUERDOS DEL PRESENTE
CAPÍTULO 3

Nelson vivía en un estudio muy pequeño en el centro de Londres. Le conozco desde que me trasladé aquí a vivir. Fue mi primer cliente, a quien instalé un pequeño radiador de calefacción azul. Se lo instalé yo mismo, de eso hace algo más de ocho años, desde entonces, fue él quien me presentó a sus amigos, y me integró en la gran ciudad. A los pocos meses de conocernos, me ofreció una cama, para que pudiera dejar la pensión donde me había instalado al llegar a cambio de ayudarle con las facturas. Probablemente la pensión más barata, cutre y antigua de todo Londres, pero era lo que me podía permitir, ya que no sabía cuánto tiempo iba a quedarme allí viviendo. Por suerte, y gracias a Nelson, fueron nada más que tres meses.
Su casa no era gran cosa, como he dicho un pequeño estudio, pero suficiente para los dos, y bastante económico en cuanto a los gastos.
Cuando empecé a ganar dinero y creé mi empresa, decidí independizarme. Reconozco la suerte que he tenido, porque no todo el mundo en tan solo diez años, llega donde he llegado yo, a mi nivel económico. Claro que la soltería y el no gastar, ayuda bastante.
Le toqué el claxon para que saliera del portal, el horrible frío de enero, no te permite estar mucho tiempo en la calle. Le vi saliendo corriendo hacia mi coche. Vestía como siempre, una camiseta acompañada de unos vaqueros y unos playeros bastante usados y antiguos.
- ¿Es posible que algún día te vistas bien?
Él no me contestó, no era la primera vez que teníamos esta conversación, de hecho cuando vivíamos juntos, le intenté cambiar su forma de vestir, pero fue en vano. Jamás abandona sus tejanos.
- ¿Te importa?
- Depende. Si quieres ir a ese local a probarlo, bien. Pero te conozco, vas a ligar, y ya te digo que así, ligarás como siempre. Nada.
- Es cierto, es mejor ir vestido de viejo.
- ¿De viejo? Este traje me ha costado 200 libras, traído especialmente de Italia, a medida para mí.
El local no estaba lejos, aparqué lo más cerca de la puerta que pude, bajamos y nos dispusimos a entrar. El local no era gran cosa, un típico pub inglés, donde se sirve cerveza y más cerveza acompañada de frutos secos. Era un pub algo oscuro, tan solo se veía con claridad la barra. Una larga encimera de madera. Detrás de ella, tres bellezas de chicas, una morena, una castaña y una rubia. Especialmente no me siento atraído por las rubias, pero eran las tres guapísimas, dignas de ser admiradas por todos los hombres que iban pasando por allí haciendo su pedido.
Cogí una mesa cerca de una gran televisión colgada en la pared, hoy era día de fútbol y me apetecía ver como jugaban.
- Alex, voy a pedir algo, ¿lo de siempre?
Asentí con la cabeza, mientras miraba como los jugadores de fútbol luchaban por conseguir la pelota. Rápidamente noté a Nelson que me traía mi tercio de cerveza fresquito, justo como a mí me gustaba y el su ron con mucho hielo.
- ¿Cómo van?
- A cero, acaba de empezar.
- ¿Te has fijado en las chicas? Son guapísimas. Me gusta la rubia, y además creo que me ha puesto ojitos.
- Sí, no están mal. – dije sin dejar de mirar la tele.
- ¡Eh! ¡Oye! ¡Hazme caso! ¿Qué pasa? ¿Te has vuelto gay? Te conozco y sé que no pierdes oportunidad de poder estar con una tía.
- Sí, pero hoy no me apetece, además, quiero darte ventaja, total las tres querrían conmigo, ¿quieres la rubia? Inténtalo, venga.
- Eres un creído.
Me apresuré a beber mi cerveza, estaba muy cansado ese día. Cuando me fui a levantar a por una segunda, una chica que estaba apoyada en la barra se me acercó. Típica chica inglesa, ojos azules, rubia y algo pálida, pero con bonitas facciones. Nelson nos miraba, y decidió que era momento de despejar la mesa, y levantarse a por otra consumición. Y de paso intentar algo con la camarera rubia.
- Suerte Romeo. – le grité desde mi posición mientras pagaba nuestra cuenta.
Salimos del local, e invité a la inglesa a montar en el coche.
- ¿Cómo te llamas?
- Como tú quieras cariño.
- Está bien, hoy será la primera y última vez que te vea.
La chica empezó a reírse a carcajadas y exageradamente. Arranque, y las ruedas derraparon en la nieve, mi destino, mi casa y mi cama.

miércoles, 24 de julio de 2013

CAPÍTULO 2

RECUERDOS DEL PRESENTE

CAPÍTULO 2

Con el tiempo y con los años, Cris se convirtió en un recuerdo, algo doloroso que cada vez que volvía a mi mente dejaba un amargo sabor de boca. Y Noe y yo, tomamos caminos distintos, tanto que pasamos de apenas vernos a no vernos, las llamadas fueron cesando. Cada vez pasaba más tiempo entre llamada y llamada. Pero como alguien dijo una vez “las cosas cambian”.
Y ahora las cosas han cambiado, tengo 29 años, saqué mi módulo, y construí mi empresa, por desgracia, en España las cosas no estaban bien económicamente y decidí irme a Londres, a ese lugar donde ya estuve una vez y que tan buenos recuerdos guardaba de ese país. Aquí todo me va de maravilla. No me puedo quejar de nada. Trabajo mucho y el llevar traje siempre hace que no suela dormir solo. A las chicas, sé que les atrae el traje y los uniformes. Además poseo un encanto nato y una nueva filosofía que aprendí hace más de diez años, pensar en mí. Esta filosofía hace que no me haya vuelto a enamorar de nadie. Sin embargo aún recuerdo ese día, el día que me dejó Cris, contaba con diez y ocho años, aunque ya procuro no pensar en ella. Dicen que el tiempo cura las heridas.
Los amigos se pierden, ya no queda nadie del barrio en mi presente, todos se convirtieron en recuerdos, en personas que en su momento te aportaron algo, pero que pasaron al pasado, que a veces, como ya digo vagan por mi mente, y es inevitable. Me despertó de esta reflexión el teléfono de mi despacho.
- Hello?
Nuevos clientes que no paran de llamar, ya casi no puedo ni viajar a España a ver a mis padres. Las pasadas navidades, las pasé aquí entre amigos, ya que no pude coger mi avión a tiempo por culpa del trabajo, pero he de decir que tengo un precioso apartamento de soltero, que me costó mucho comprarlo y decorarlo al estilo moderno, y el mejor coche de la actualidad. Yo, que siempre he sido amante de los coches, ahora puedo permitirme tener un auténtico deportivo. Las llamadas se amontonan, ahora suena el móvil, lo dejo sonar, la chica de anoche, seguramente llame para repetir, pero norma número uno, no repetir con la misma chica, sino se enamoran, y te quitan esa libertad que te da el no estar atado a alguien. Esa libertad que tanto me costó apreciar, y que ahora prácticamente no renunciaría por nada del mundo.
Ahora el que suena es mi móvil.
- ¿Qué hay Nelson?... sí…un local nuevo… ¿en dónde?... ajá… vale… espérame a las 9, que paso por tu casa y nos vamos… ajá… ok…
Se avecina de nuevo una larga noche de fiesta. Mi cuerpo sigue aguantando tanta fiesta como cuando tenía veinte años, además creo que perdí mucho tiempo de mi juventud. Casi cinco años guardando una fidelidad a alguien, es mucho tiempo, y ahora tengo que recuperarlo.

domingo, 21 de julio de 2013

CAPÍTULO 1

RECUERDOS DEL PRESENTE

CAPITULO 1

Hacía calor, caminaba por las solitarias calles de esta gran ciudad tan llena de gente, Madrid, solo, pensativo, echando la vista atrás. Una persona se me acercó pidiéndome fuego, lo despaché simplemente con un gesto que indicaba “no fumo”. Mi vida acababa de perder su sentido. Lo que más había querido en casi cinco años, acababa de marcharse, posiblemente para siempre.

- Las cosas cambian Alex. Tú has cambiado, yo también. Y sólo deseo vivir la vida, vivir mi vida.
- ¿Acaso no podemos compartir nuestras vidas como siempre habíamos soñado? Me lo prometiste. ¿Recuerdas esas vacaciones en Londres?
- Alex… voy a empezar la universidad, quiero estudiar, salir, bailar, vivir… y lo siento, pero ahora mismo no tengo tiempo para ti. – intentaba explicarse como dando la sensación de que las escusas se le estaban acabando.
- Dime que no me quieres.
- Te quiero, no seas tonto, pero las cosas cambian y he de hacer cambios en mi vida, en mi entorno. He de tomar decisiones difíciles y sacrificar algunas cosas, que para mí han pasado a ser segundo plano- dijo como si acabara de meter la pata, como arrepintiéndose de lo que acababa de decir, pero sé que había sinceridad en sus ojos, aunque intentase recular - Si lo quieres entender bien y si no lo siento. La decisión está tomada – dejó caer mientras se levantaba y la veía irse.

Así me dejó Cristina, hace apenas unos minutos. En este momento estoy perdido, sentado en un banco, mirando y pensando a la vez que me fijo en una pareja de ancianos. Cris, tú y yo podíamos haber sido ellos. “La decisión está tomada”, sus palabras resuenan en mi cabeza, necesito hablar con alguien, tengo que llamar por teléfono, pero ¿a quién? Ahora mismo no puedo creer que me haya dejado, sin aparente motivo. Simplemente soy su sacrificio de su nueva vida. No es justo. La hubiera hecho feliz, la hubiera dado mi vida, mi tiempo y todo mi amor.

Llego a casa, mi madre se encuentra donde la dejé, como odio esos programas de cotilleos. Sin embargo a ella la dejan anestesiadas, casi no se entera de mi llegada, lo que me da ventaja para entrar en mi habitación. Mi habitación. Llena de fotos nuestras, nada más entrar encima del cabecero de mi cama, un cuadro de nosotros. Esa imagen me lleva al recuerdo de nuestro primer aniversario. Un libro suyo en mi mesilla, que semanas atrás había insistido en que leyera. Necesito música. Enciendo la minicadena y comienza a sonar el CD que me regaló, el de nuestro primer concierto juntos de Fito y Fitipaldis, ella era una autentica fans de ellos. De ese concierto aparecen recuerdos y más recuerdos como si estuviera viéndonos en una película. Me tumbo en la cama, miro el techo. ¿Qué hago a partir de ahora? Mi vida estaba ligada a la suya, miro el futuro y está ella, en cualquier parte. Es extraño, no nace ni una lágrima de mí, no me lo creo, no es posible. Ayer estuve con ella, y éramos la pareja perfecta de siempre, los besos salían solos, los abrazos se desprendían de ambas partes. Y ahora me encuentro solo en la cama, en una habitación vacía y a la vez, llena de recuerdos, llena de su aroma. Recuerdos que vienen y van sin ser llamados. Tengo la sensación de que mi vida se ha acabado aquí, ya no hay más. Planes rotos, planes cancelados, planes a muy largo plazo, todos y cada uno de ellos cancelados, en un abrir y cerrar de ojos. Mi futuro, cancelado.

No puedo quedarme en casa, tengo que salir, tengo que buscar a mis amigos. Aunque me da vergüenza, sé que en estos últimos años no he sido un modelo de amigo ejemplar. Mi vida, mi mundo era solo ella, todo lo demás era secundario. Creo que cada pensamiento en mi cabeza, me hace pensar en lo estúpido que fui, en los errores que cometí, y lo feliz que era sabiendo que los cometía. Porque era ella.

- ¡Ey! Alex, ¿Qué pasa tío?
- ¿Qué tal Javi?
Siempre habíamos sido grandes amigos, pero no era el momento de retomar esa amistad, en este preciso momento no. Debía escapar de él en segundos.
- A ver si nos vemos, ¿no?
- Claro, tengo prisa. Nos vemos.

Cogí el coche que estaba aparcado a la vuelta de la esquina de mi portal, tenía que irme, y sabía a dónde, sabía con quien debía estar. Sólo necesitaba estar con alguien que estuviera conmigo, sin preguntas, sin cuestionarios, sin insistencias.

Abrí el coche, me metí y arranqué, y casi sin mirar salí del aparcamiento dirección a las afueras de la ciudad, no me importaba ir lejos, sólo la buscaba a ella. Ella siempre me había demostrado que estaría conmigo en todo, me conoce y son muchos años juntos. En este momento necesito una amiga, no un montón de colegas que me digan hay tantas chicas como amaneceres.

Saliendo de Madrid y entrando en Fuenlabrada, cuando me aproximaba a su barrio, la llamé.

- ¿Qué haces?- la dije con toda la felicidad del mundo que pude.
- ¡Hola chico guapo!
Su voz era feliz, me infundía paz, siempre lo hacía, seguridad también y confianza, sobre todo confianza en mí y en nosotros.
- Bájate un rato, en unos segundos paso por tu puerta.
- Ok, pero ¿pasa algo? Estás raro.
- Baja anda, no tardes.

Colgué en seguida, la conversación no podía seguir, no era lo adecuado, aparte de infligir las normas de tráfico “conducir a la vez que hablas por teléfono”, estaba ya casi en su casa. Giré rápido para meterme en su calle, desde que monté en el coche la velocidad había sido mi aliada, pero era el momento de frenar y relajarse, y más cuando la vi allí, en su puerta esperándome. Obediente, buena chica y mejor amiga. La hacía feliz sólo una llamada mía, la hacía muy feliz que quedara con ella, yo un chico tan ocupado, que encontrara un hueco para ella. Pero nunca se enfadaba, siempre lo entendía, sabía lo enamorado y lo gilipollas que estaba por Cris. Y aún así, aún a veces dejarla de lado, como a todos mis amigos. Noe, siempre estaba ahí.

- Hola Noe.
- ¿Dónde me llevas?
- Al fin del mundo.
- ¡Qué miedo!
- ¿Sí?
- No, contigo nunca, confío en ti, ya lo sabes.

La acaricié, sólo dando las gracias por tenerla al lado ahora mismo. Salimos del centro de Fuenlabrada, con destino a un parque llamado Los Pinos, donde las aves viven a sus anchas, los pavos reales caminan junto a las personas, siempre con máximo respeto por ambas partes. Ese parque me encantaba por su naturaleza, por su historia, por las historias que intuías al pasear por allí, por las que se formaban alrededor de la casa de los patos. Era el lugar adecuado. Aparqué en el sitio primero que vi. Los dos salimos del coche a la vez y fuimos al lago, donde familias daban de comer a los patos y a otras aves. Caminamos en silencio, simplemente paseábamos, disfrutábamos de la compañía y del lugar, hasta que encontré el sitio perfecto, un banco algo aislado a la sombra. Tras un rato en silencio la miré, estaba guapa hoy, tenía una sonrisa preciosa, era el momento de contárselo. Sabía que la había hecho feliz pidiéndola que pasara la tarde conmigo. Había llegado el momento de estropear su buen clima y su buen humor.

- Noe…
- ¡Dime! – me dijo sonriéndome. Su mirada intuía algo, y sabía que era mi turno de palabra.
- Me ha dejado Cris.
Ella me miró incrédula, se había quedado sin habla, e incluso me dejó ver su mirada de asombro tras sus gafas de sol. Pero no me dijo nada, espero a que siguiera. Eso era lo mejor de ella, sabía qué hacer en cada momento y sabía que era el instante de tan solo dejarme hablar y ella, escuchar.
- Aún no sé por qué exactamente, pero así ha sido. Me llamó a las dos, para quedar con ella a las cuatro, justo después de comer, en nuestro parque, en nuestro banco frente a la fuente del ángel.
La expliqué nuestra conversación y todo detalladamente, lo que me había dicho ella, lo que yo había hecho, todo.
- ¡Vaya Alex! Jamás lo hubiera predicho.
- Yo tampoco, las cosas cambian como dice ella. No volveré a encontrar a nadie como ella. De hecho no quiero encontrar a nadie, sólo la quiero a ella. Sé que
has pasado por esto, o por algo parecido, y sé cómo has estado y como lo has ido superando, y también he visto como no has vuelto a salir con nadie. Mi futuro, já, ya no tengo futuro.
- Siempre hay un futuro, el tiempo nos lo va dando, nos guste o no. No existe un destino escrito, solo el tiempo que pasa y pasa. Y tenemos que ser listos de aprovecharlo. No te tomes esto como un fallo o un error, tú no has tenido nada que ver. Quien ha tomado la decisión es ella, y si ha salido así, es porque ella lo ha decidido y si la quieres, respeta su decisión. Y lo mío, era totalmente distinto, algunas no tenemos la facilidad de volver a encontrar a alguien o no tenemos el físico que predispone a los chicos a invitarte a una copa. Así que no mezcles las dos experiencias, no te apoyes en la mía para cerrarte ante el mundo Alex. Y ella es la que lo ha querido, asique, insisto, respeta su opinión.

¿Respetar su decisión? La teoría es genial, pero la práctica no lo va a ser tanto. Los dos continuamos mirando el horizonte, eran casi las 8 de la tarde y ninguno hizo ademán de moverse del sitio.

- Noe, estoy perdido ahora mismo.
- Es normal cariño, pero pronto lo irás viendo de otra manera, date tiempo Alex, no corras y no cometas errores, deja que el tiempo fluya.
Mira ahora no ves futuro, mañana llorarás, después lo verás todo negro y será el momento en que tengas que decidir, si sigues adelante o te rindes. Si te rindes, será tu fin, si sigues, volverás a ver un rayito pequeñito de sol, pronto verás algo más de claridad y más adelante encontrarás a tu sol, que de nuevo te vuelva a iluminar.
- No creo que haya un sol como ella – interrumpí.
- Cierto, porque cada uno tenemos una iluminación y un resplandor distinto, no hay dos soles iguales. Eso es lo que nos hace especiales a cada uno.
Además, ¡mírate! Eres un hombre diez, un chico guapísimo, ¡eres un pivón!, ¿quién no querría estar contigo?
Me hizo reír, siempre lo conseguía, sé que aparte de las bromas, a ella le había afectado. Siempre me ha demostrado que me quiere, y que por mi haría lo que fuese. Es genial. Mis problemas son tus problemas, solía decir, y así me lo hacía ver siempre.
- Prométeme Noe una cosa.
- Claro, lo que quieras.
- Si seguimos solteros a los 30, nos compraremos una casita lejos, y estaremos juntos siempre.
Rompió a reír a carcajadas. Y me cogió las manos muy fuertes.
- Creo que no tendré ese privilegio. Estoy seguro que ahora mismo tienes a un montón de chicas guapísimas, que querrían compartir contigo esa casa.
- Pero soy yo el que elijo. Así que enhorabuena, te llevas al solterito de oro.
- ¡Yuhuuuu!
Se levantó de un salto y me tendió una mano.
- A cambio, tú prométeme que siempre seremos amigos.
- Eso no hace falta que te lo prometa, sabes que así será – mantuve un silencio en el que reflexioné sobre esto último – aunque a veces no te lo demuestre.
- Sí me lo demuestras. Es cierto que a veces soy un poco exigente contigo, pero solo lo hago para que veas tus errores. Sé que eres mi amigo, y sé que siempre estarás ahí, aunque sea detrás de un móvil, o detrás de una pantalla de ordenador.

¿No es fantástico? ¿No es increíble, que alguien te lo ponga todo tan fácil? Esto me hacía dudar de mí, porque con Noe, siempre va todo bien y Cris… que a ella la amaba, no. ¿Por qué no valoraría Cris todo lo que hago por ella tanto como Noe? Montamos en el coche, y la llevé a su casa. Miré por el retrovisor que no vinieran coches, y me quedé parado en frente de su portal.

- ¿Te vas?
- Sí, pero llámame todos los días, estaré en mi pueblo pendiente de mi móvil. Vente unos días, por favor- me pidió haciéndome morritos.
- Eso es difícil, pero gracias por esta tarde – dije acariciándola la cara.

Vi unos faros que se acercaban a mi coche, la abracé y las di un par de besos, ella me devolvió la caricia y acto seguido, descendió del coche, se despidió de mi con un gesto con la mano.
El verano pasaría sin volver a verla, la echaría de menos, pero no podíamos hacer más el uno por el otro. Las desgracias vienen a pares. Y cómo decía ella, siempre estará el móvil, en este caso tan sólo el móvil, porque el internet, era un asunto complicado en un pueblo de montaña.

El verano pasó, la llamé cada día para saber de ella, y simplemente para contarla toda novedad por pequeña que fuera, me hacía sentirme feliz solo con oírla y poder desahogarme con cada estupidez que pensaba. El tiempo pasó y empezó a ir a la universidad. Los días se hacían más cortos. Empecé mi módulo, retome mis estudios, ansiando un futuro distinto, en el que seguía sin ver ese rayito de luz, y mientras ella estaba de exámenes, me sentía algo solo, buscaba en otras algo, que no encontraba. Nadie se igualaba a Cris, porque su recuerdo volvía, por suerte ya no tan a menudo, pero aún volvía, y a veces con gran intensidad.

Empecé con mis exámenes, y me puse en serio a estudiar, aunque algunos días era imposible, Cris andaba por mi mente a su antojo, y de Noe ya casi no sabía nada. Fueron los estudios mi sustento en esta época, mi cohete preparado para ser disparado a un futuro distinto, que aún no había ni pensado.



viernes, 19 de julio de 2013

Carta al lector

La vida es una sucesión de anécdotas, experiencias y ratos muertos que vamos guardando durante toda nuestra vida en la memoria. Nadie dijo que fuera fácil, agradable o feliz. Existen momentos duros e imprevistos casi siempre, es entonces cuando debemos saber reaccionar ante estos capítulos que pueden durar en muchas ocasiones más de lo que queremos.
Existen dos maneras de actuar y responder ante los problemas que nos vienen en el día a día de cada persona: afrontarlos o huir.
Huir, es la manera más sencilla y fácil que el hombre conoce. Se zanja para siempre ese capítulo o momento difícil de nuestra vida como si nada, y comenzamos de nuevo a escribir otro sin más. Aún sabiendo que un asunto sin acabar, siempre volverá. Aunque hayan pasado años, lo que nos parece un recuerdo, puede aparecer en nuestro presente sin ser llamado. Tenemos que valorar en estos casos, si la huida llega a merecer la pena.
La otra opción, muchas veces necesita que aportemos más de nosotros mismos, y en muchas ocasiones necesitamos de alguien más para poner fin a un asunto que nos incomoda, nos duele, nos molesta o simplemente debemos de ponerle fin, porque una vez huimos de él. Afrontar un problema, no significa resolverlo. En la vida hay situaciones que deben ser superadas y no solucionadas. Debemos luchar contra algo que parece escrito, que parece parte de nuestro destino. Lo que nos lleva a pensar, que si toda nuestra vida está escrita, ¿qué papel jugamos nosotros?, ¿debemos suponer que tan sólo somos marionetas de nuestro propio tiempo?
Siempre me he negado ante tales reflexiones, desde aquí, te invito a luchar, a coger las riendas de tu vida, a solucionar problemas y a enfrentarte a ellos, sin ningún tipo de miedo, porque aunque a veces parezcamos seres solitarios, débiles e independientes en un gran planeta, recuerda que jamás estamos solos. Siempre hay alguien a nuestro lado.
Recuerda también, que ningún problema o situación difícil, es menos que otra, ninguna carece de emoción o de importancia y siempre habrá alguien que esté esperando a escuchar tu historia, tu vida, a echarte una mano.
Debemos luchar en nuestro camino, debemos ser dueños de nuestro propio destino, lo que no quita que encontremos un compañero de vida con quien compartir nuestros más bellos planes y nuestros peores miedos.
Con esta historia, espero que sientas y entiendas lo fácil que es aparentar ser feliz, y lo fácil que es ser superficial por miedo a encontrarte contigo mismo, al saber que te has pasado toda tu vida huyendo, ¿pero de qué? Muchas veces… de nosotros mismos. Y qué sepas ver el contraste de ambas vidas que aparecen en la novela.
Todos cometemos errores, y todos algunas veces huimos, pero siempre debemos volver a reflexionar, a llenarse de ganas para aferrarnos a esta vida, que tan sólo pasa una vez, y si cierras los ojos demasiado tiempo, puede que te la hayas perdido.
Nunca es tarde para abrazar la vida, y comprobar que en las pequeñas cosas está la belleza y la propia grandeza de la misma.
Con todo mi cariño, espero querido lector, que sepa valorar estos consejos, tras haber finalizado el relato.
Un cordial saludo de la autora.
Patricia Izquierdo Díaz.