miércoles, 8 de mayo de 2024

Gracias por despertar

 - Pero, ¿qué haces? ¿Qué es todo esto? - preguntó Gema asombrada al entrar en casa.

- Quería sorprenderte.

- Pues desde luego que lo has conseguido. ¿Lo has cocinado tú? Quería compensarte por lo de la coctelería. Es mucho mejor que ir a la cantina, ¿verdad? - dijo Joaquín colocando su chaqueta en la silla nerviosamente - Es que... Gema, tienes razón.

- ¿Tengo razón exactamente en qué?

- Pues que me he dado cuenta que...

- Dime.

- Me he acostumbrado que cuando algo sale mal, seas tú la que saques el tema, y seas tú la que encuentres las soluciones porque yo soy incapaz de hacerlo. Y también me he acostumbrado a que cuando alguien me da un golpe, seas tú la que me levante o lo que es peor, a que seas tú sola la que se levanta porque eres tú quien tiene la fortaleza para hacerlo y no yo. Gema, me he acostumbrado a que tú tires del carro y sabes qué, que es normal de que estés harta de mí, de que estés cansada y que estés decepcionada conmigo. Pero hay una cosa que no te voy a conceder.

- ¿El qué?

- Yo sigo sintiendo que lo tenemos todo, que nuestra vida está por estrenar y que todo, todo es posible.

- Pues sinceramente, Joaquín, no lo parece.

- Siéntate. Siéntate, por favor. No lo parece, porque como tú dices, me he acostumbrado a esta vida y soy incapaz de ver otra. Pero yo sigo enamorado de ti hasta el tuétano.

- Anda, venga ya.7

- Sí, es verdad, Gema. Mira tú yo no tenemos la vida que nos imaginábamos, pero en el fondo seguimos siendo esa pareja de jóvenes que se miraba a los ojos sin hablar durante horas, ¿sí o no? ¿Te acuerdas?

- Muy poco.

- Me acuerdo perfectamente cuando nos bañábamos en el Tajo, por ejemplo. Esos días de aquellos paseos tan calurosos.

- Hace mucho de todo eso.

- Ya, pero yo te sigo queriendo igual.

- ¿Pero qué dices?

- Sí. Gema, ¿acaso no reconoces en mí ninguna de las cosas que te enamoraron? ¿No? Mira, empiezo yo. Tu risa. Tu risa en el cine.

- ¿En el cine? - se rio Gema algo incrédula.

- Sí, tu risa en el cine era escandalosa. Era escandalosa y a mucha gente le molestaba, pero a mí, me encantaba. O como hacías los bocadillos cuando nos íbamos de excursión.+

- Solo le ponía un poco de mortadela. Un poco de tomate, nada más.

- Es que no es el qué. No es el qué, Gema. Es el cómo. La atención que ponías en cada detalle. Lo absorta que te quedabas haciendo los bocadillos, con tanto detalle, con...

- Con amor.

- Y mira, ¿ves? Como te retiras el pelo de la cara y te lo pones detrás de la oreja, me encanta. Tú puedes pensar que yo... ya no te valoro, ya no te respeto, que no te escucho, que no te miro... y yo... te sigo queriendo como el primer día. Y cuando te veo aparecer por casa inesperadamente o por la colonia se me acelera el corazón.

- Sí - contestó Gema agachando la cabeza.

- Es verdad - dijo Joaquín con ojos de enamorado.

- A mí me gustan de ti muchísimas cosas.

- ¿Ah, sí?

- Sí. 

- ¿Por ejemplo?

- Pues cuando... te pones el abrigo. Que haces un gesto así con los hombros, es muy masculino. Me encanta.

- Gema... Vamos a cuidar esto. Es lo más bonito que tenemos.

- Gracias por despertar - Y Gema le besó con todo su amor a su marido.



Quiero más

 - ¿Qué haces aquí? - Preguntó Gema.

- Quería verte antes de comer - le respondió Joaquín, su marido.

- Ah - se sorprendió dejando los trapos de la cocina en la encimera.

- ¿Cómo estás? - preguntó su marido a Gema, que guardó silencio - ¿Sigues enfadada?

- Ojalá lo estuviera. Al menos sentiría algo y no esta apatía por tu parte... Y por la mía - terminó diciendo mientras cortaba las verduras del guiso - Sé que lo nuestro te preocupa, Joaquín. Pero tú siempre cree que son problemas puntuales. Riñas de pareja que se pueden arreglar con un ramo de flores.

- Y no es así - dijo Joaquín.

- De un tiempo a esta parte, ya no - negó Gema - Esto no es una discusión como las que teníamos antes, como las que puedan tener todos los matrimonios. Esto es un naufragio. Nos estamos ahogando Joaquín.

- Gema, yo sólo cambié el plan de ir a la coctelería por el de ir a la cantina porque no nos quedaba otra...

- No vuelvas a eso. No hace falta.

- Pero es que es la verdad - dijo Joaquín exasperado.

- No, no lo es. Siempre hay otra salida. ¿No te acuerdas de lo que te dije cuando te colgaron el teléfono?

- Sí, sí. Tu plan sin fallos. Ir allí y cantarle las cuarenta al marqués de Valmonte para que nos dejara su asiento.

- No, nada de su asiento. Esa reserva estaba a nuestro nombre.

- Gema, prefirieron dársela a alguien con más categoría. Nosotros somos unos donnadies.

- De verdad, déjalo - dijo Gema volviendo a los fogones - No insistas. No quiero volverte a decir cosas tan duras como las que te dije ayer. 

- Dímelas - exigió Joaquín - Dímelas. Yo las acepto, pero no te enfades conmigo, por favor.

- Es que no has entendido nada, Joaquín Merino. Si yo me enfado es precisamente porque tú lo aceptas todo. Y yo siento que así no puedo vivir más.

- ¿Y qué hago, Gema? Dime, va, ¿qué hago? Revelarme contra todos sin saber dónde voy.

- Aspirar a más. Guardar algún sueño para el futuro. Imaginar una versión mejor de ti mismo... de mí... de nosotros. Pero mírate. Tú te has rendido... me estás arrastrando contigo.

- ¿Y eso qué quiere decir?

- Lo que te intento decir es que... Yo no quería esta vida para mí.

- Yo tampoco, créeme.

- Pero a ti no te quita el sueño, es lo que te intento decir. Nos estamos desmoronando. Yo cuando veo la ilusión de María en su matrimonio, no sabes la envidia que me da. Esa sonrisa de enamorada, esa fuerza que te da saber que lo tienes todo por hacer, que tu vida está justo estrenada, que... que todo es posible.

- María es...

- Una señora, lo sé.

- La mujer de Andrés de la Reina.

- Y míranos a nosotros. Yo aún soy joven, y tenemos mucha vida por delante. Yo no quiero acabar como tu madre, sola, sirviendo en una casa ajena, sin ningún alero por cumplir en el horizonte. Perdona - dijo consciente de lo que había dicho - Perdona, Joaquín. Sé que no ha sido el mejor ejemplo ese.

- No, no. Ha sido muy buen ejemplo. Ha quedado muy claro lo que quieres decir - respondió pensativo - ¿Sabes qué, Gema? - Que a lo mejor yo también me estoy cansando.

- ¿De qué?

- De sentir que, ni mi madre, ni nuestro matrimonio, ni nuestra casa, ni yo somos suficientes para ti. Mira, yo hay cosas que no puedo cambiar. Y ya no sé qué más puedo hacer.

- Ese es el mayor problema. Que no eres capaz de vislumbrar una salida. 







sábado, 20 de abril de 2024

Bienvenida a mi vida

 La ansiedad, los ataques de ansiedad y de pánico, llegan a nuestra vida un día en el que pensamos que moriremos y... solo es eso, ansiedad. No es un tema que me llame la atención, la padezco desde hace mil años y es una buena compañera de viaje si haces las paces con ella. Te dejo quedarte, pero no me incordies mucho. 

Lo que me molesta de este tema es la visualización que se tiene de él y la falta de conocimiento. Todos se creen que pueden juzgarte por las tonterías de preocupaciones que tienes y que te hacen llevar un nublado en la cabeza con sus tormentas. Las "tonterías" que llevamos, solo son la punta de un iceberg enorme, de unas mochilas que cada día pesan más, y que cada uno lleva como quiere y... como puede.

A mí, mi psicóloga a la que siempre estaré agradecida, me animó a escribir en el blog. Y para escribir, meditar, reflexionar y pasar esos latidos que juegan a romperte el pecho, ese nudo en la garganta que sujeta a duras penas las lágrimas, necesito soledad. Necesito mis días en los que tenga mi momento de recuperación. Esos días donde me lamo mis heridas y me preparo para volver tan fuerte como siempre.

Hay gente que los pasa con su familia, amigos, en el campo, en la playa. A mi me gusta la intimidad de mi habitación. Lo he hecho así desde el primer ataque de ansiedad que tuve. Siempre detrás de una puerta cerrada, en silencio y sin molestar al de al lado. Sin verter en el otro todo el veneno que se concentra dentro de nosotros nacidos de las preocupaciones y del día a día.

Nunca juzgaría las formas de sobrellevar la ansiedad. Sólo aquellas que dañan a los que están a tu alrededor. Es algo que se convierte en conocido, aprendes a manejarlo y es bastante injusto que tu familiar, amigo o tu mascota, pague nuestro peaje de la vida. Por eso jamás me enfadaré si me dices que no a un plan, si fallas en una quedada porque no te encuentras con ganas, si me dejas plantada con una comida. Te entiendo, te comprendo... y te respeto.

Es lo único que pido. Preguntas, sin juzgar, sin presionar, sin opinar y sin consejos. Os aseguro que si una persona quiere hablar y desahogarse, lo hará, cuando ella esté dispuesta y preparada para ello. Aprendamos a convivir con un "No". Somos individuos y cada uno con nuestro mundo y nuestra personalidad, viviendo como mejor sabemos, aprendiendo de los errores y a veces, sobreviviendo. Por favor, solo respeto al que atraviesa un camino similar al mío y a su manera de asimilarlo.

No siempre necesitamos a la familia, no siempre necesitamos a un amigo. Algunos raros como yo... Nos necesitamos a nosotros mismos, querernos, darnos ánimos y no dejarnos en el camino abandonados como en ocasiones de antaño. Como he escrito antes, todos hemos aprendido y cada uno como ha podido y sabido a hacerlo. Respetemos el espacio de cada persona y sus condiciones, y más si conocemos a esa persona. Y si por el contrario, con toda tu mejor intención, la estás agobiando y recibes un "No" de respuesta, tómatelo como un trocito de suerte que te ha llevado a conocer mejor a esa persona, a quererla bien y no mucho, y quizás, a ayudarla de verdad.



lunes, 15 de abril de 2024

Fracasar

Un día nos casamos, formamos una familia, somos felices unos años... y de repente todo cambia, sin darnos cuenta, el amor se acaba.

Y entonces la gente murmura, te juzga y al final sentencian: "fracasaron en su matrimonio" y no es cierto.

Fracasar es jugar a ser "la familia feliz".

Fracasar es engañar a tu pareja, a tus hijos y a ti mismo/a...

Fracasar es quedarse por conveniencia.

Fracasar es manipular a tu pareja con los hijos.

Fracasar es vivir una vida gris.

Fracasar es no llegar feliz a tu casa cada noche.

Fracasar es mendigar el amor de quién ya no te ama.

Fracasar es fingir que amas.

Fracasar es quedarse por miedo a la soledad.

Fracasar es vivir con alguien por miedo al "qué dirán".

Fracasar es no luchar por ser feliz.

Fracasar es creer que el amor no existe...

Mi respeto para todos los que han tenido el valor de no vivir en el fracaso.

Y el mayor de los aplausos para todos los que siguen felices y enamorados después de tantos años.

Lucha por tu matrimonio, pero cuando ya no haya por qué luchar...

Lucha por tu felicidad.





domingo, 14 de abril de 2024

Metamorfosis de una madre

 Cuando nació mi primer hijo me sentí muy sola. Primero lo atribuí a que estaba lejos de mi familia, ya que vivía a nueve mil kilómetros de mi país de origen. Tiempo después y hablando con otras madres que contaban con la presencia cercana de sus familiares y amigas de siempre y aun así se sentían desamparadas, me di cuenta de que lo que estábamos experimentando era una soledad emocional compartida, nacida del querer criar de otra manera, siguiendo los instintos, nadando a contracorriente. Al hacerlo, estábamos solas en contra de todo lo establecido socialmente, en contra de todos los paradigmas. Esa soledad tiene que ver, por un lado, con una sensación de no tener con quién hablar de las inquietudes maternales, y no porque no haya con quién hacerlo, sino porque a ese entorno no le interesa o no le parece válida nuestra experiencia o nuestra inquietud. También tiene que ver con el aislamiento al que nos enfrentamos las madres con bebés y niños pequeños: las calles no están acondicionadas para pasear con un cochecito, muchos restaurantes bares o lugares públicos no están preparados para los peques y, lo que es peor aún, a gran parte de la sociedad le molestan los bebés, les aturde la infancia. Por lo que no es de extrañar que una mamá decida quedarse encerrada en casa para ahorrarse los juicios y críticas por dar teta, por ocupar la acera con su cochecito, por no saber «corregir» a un «niño berrinchudo», para evitarse miradas de horror cuando su criatura llora. Cada vez más solas, cada vez más aisladas. Esto es incluso más intenso para quienes no regresan a sus trabajos formales, porque aquellas que lo hacen, aunque sea, tienen un entorno adulto con el que hablar de algo más que de los hijos. Siendo además real que para esta sociedad culpógena y adultocéntrica sin importar lo que una madre decida, siempre habrá algo que esté haciendo mal, siempre habrá algo que pueda hacer mejor. Lo paradójico es que este juicio de valor no recae sobre los padres de la misma manera.

Por otra parte, no todo es sombra en la maternidad actual, hay luz, mucha luz y es la que viene de los hijos quienes terminan por ser nuestros grandes maestros. Al principio dudamos si estamos haciendo las cosas bien, si es conveniente seguir el instinto, la intuición materna. Con el tiempo nos damos cuenta de que sí, que sí estábamos en lo correcto y eso lo podemos evaluar al ver el crecimiento y desarrollo de nuestros peques. No hay nada más revolucionario que una criatura que ha desarrollado su inteligencia emocional, que se quiere, se valora, que es perseverante, que tiene su propia voz, que no tiene miedo de sus padres, sino que los respeta y confía en ellos porque también se siente respetado. Aun así, creo que, el cuestionarnos constantemente si lo estamos haciendo bien o no, seguirá siempre latente, y eso es positivo si esta reflexión nos ayuda a hacer ajustes, a trabajar en nuestras debilidades, miedos, limitaciones, siempre teniendo presente que damos lo mejor de nosotras, dejando la culpa y el perfeccionismo de lado.

Lo que leerás a continuación, se gestó sobre la base de mis experiencias a corazón abierto transitando una maternidad niñocéntrica y solitaria. No vas a encontrar nada sobre desarrollo infantil o consejos de maternidad, solo una visión, una reflexión, vulnerable, a carne viva poniendo en palabras mis sentimientos, aprendizajes, cuestionamientos en mi metamorfosis como mamá. Espero que en mis palabras te veas reflejada, y te sientas acompañada. Reflejarse en otras, leer algo y sentirse absolutamente identificada es sanador y nos libera un poco de tanta carga, de tanta culpa.

Hablar con otras en nuestra misma situación, compartir, hacer catarsis, sacarlo de adentro es una forma de descomprimir, de sentirse contenida, abrazada y eso es lo que pretendo hacer con este libro, esa es la misión de mis escritos: darte voz, hacerte visible y recordarte que: «lo estás haciendo bien».




lunes, 25 de marzo de 2024

Desde tu ventana

 Querido marido:

Hay una soledad que te invade tu cabeza. Pero tu corazón ha de mirar más allá, a tu alrededor. Ha de mirar con amor. Estás rodeado de la familia que has elegido, que tú has creado y que mantienes a tu lado. Tienes a Cuquito, tienes a Helena, y por qué no, tienes a Maya.

Mucha gente sueña con formar su familia, y por miles de razones... Es un sueño que no sale adelante y se queda estancado en algún lugar de su interior.

Eres una pieza fundamental para que toda esta locura funcione. Nada funciona sin ninguno de nosotros. Parece que nos hicieron a medida y cada uno tiene una función diferente. Entre todos, avanzamos. Tengo que reconocer que Helena es el motor de nuestras vidas. Llegó justo cuando debía de llegar, y siempre me pregunto al mirarla... ¿quién dio la vida a quién? 

Si miras fuera... Desde tu ventana, padres y amigos, también cumplen su función de que este mundo parezca menos gris. Cada uno, a su manera, pinta de color. 

Hace tiempo que dejamos de ser dos... Creo que nunca fuimos dos. Y no creo ni en el destino ni en nada parecido. Pero creo en las ganas y en la fuerza de cada uno para vivir. Habrá días mejores y otros, pues que no tantos. Pero nadie aprendería a valorar la felicidad si solo se alimentara de ella. Hay que tener tristeza, para valorar la alegría. Hay que sufrir para saber ser feliz. Y los momentos, las pequeñas cosas del diario son las que nos pintan una sonrisa... Y las mismas, las que nos hacen llorar.

Cada vez que te pierdas en tu móvil, entre las proteínas, y en tu mundo, piensa... Qué alrededor está el verdadero motor de lo que te saca adelante. Y no te pierdas un desayuno en familia, no te pierdas los brazos de tu hija, los lamidos de Maya, los despertares en familia, las llamadas de amigos... No pierdas detrás de deseos vanos a la felicidad.



lunes, 11 de marzo de 2024

12 de febrero de 2024

 Hace poco... Estuve pensando en el verano del 2019. La peor época de mi vida. Concretamente julio. 

Nunca he contado qué me pasó. Qué hice. Solo las personas más allegadas lo saben y lo vivieron conmigo. Os diré... Que la idea de desaparecer me aliviaba, me daba paz. E hice todo lo que juré que jamás iba a hacer por respeto a mí misma o... Por miedo.

Nunca iba a quedar con chicos de internet, nunca iba a salir con desconocidos. Nunca hablaría con nadie que no hubiera conocido antes personalmente... Entre otras muchas cosas... Porque... Lo que antes me daba miedo, ya no me lo daba. Le perdí el respeto al miedo y a la muerte. Y cuando se lo pierdes, y te pierdes el respeto a ti misma te conviertes en un arma de destrucción masiva. Todo lo que tocas, lo matas. Te vuelves fría, egoísta, calculadora. Avanzas hacia lo que te da beneficios exclusivamente aplastando todo lo que se interponga en tu camino. No hay sentimientos ni para una misma.

Ahora... Estoy en una época negra, muy muy oscura. Tampoco voy a dar más explicaciones que el cúmulo de cosas y el creer que eres indestructible. Todo sale. Todo.

La diferencia de ahora es que el hielo me lo fundió mi hija al nacer. Me devolvió mis miedos, me devolvió mi calor, mis sentimientos. Helena me salvó el mismo día que ella nació. Y no lo sabe, pero cuando sea mayor, le contaré mi historia. Hay personas, hay amores por los que merece la pena luchar y dejarnos la piel en el camino. Hay mini deditos que te atan a la vida de una forma tan brutal que es indescriptible.

Ella es el motor y mi corazón, mi latido y mi oxígeno para vivir. Por ella soy capaz de mover montañas, mundos y lo que venga por delante. Soy capaz de creerme WonderWoman y salvar a papá cuando lo necesite, salvar a Maya también. Soy capaz de luchar por mi familia si es que alguno se tambalea en algún momento. Pienso ser la gasolina de esta familia, la que nos saque adelante en todos los sentidos. No pienso dejar a nadie por el camino.

Y toda mi fuerza me la da la más pequeña de la casa. Hija... Tú sí que eres WonderWoman.



sábado, 3 de febrero de 2024

Helena, mi gran inspiración

 Por fin te has dormido mi bebé. Me siento fatal al perder la paciencia contigo, al llorar en silencio porque no doy más. Porque el cansancio me puede muchas veces. Me hace sentir que soy una madre nefasta. Y tengo un cargo de conciencia horrible al pensar que antes hacía muchas cosas que ahora no puedo. Demasiadas veces me siento como un fracaso de persona y eso se va quedando dentro.

Pero te mira, y todo... Absolutamente todo, merece la pena contigo. Eres lo más bonito que me ha pasado, mi sueño cumplido. Mi bebé perfecta. Eres lo más en todo... Hasta en liarla siempre que puedes con tu mirada de pilla, sabiendo lo que haces.

No sabes la fuerza que me das para no tirar la toalla en muchas cosas, que quizás, antes la hubiera tirado. No eres consciente de lo que es amar hasta que eres madre, y por mucho que lo escriba, quién lo lea (si no es madre) no lo entenderá. Es un auténtico cordón umbilical el que nos ata a nuestros hijos. Son el motor de la vida. Nuestra propia felicidad depende absolutamente de ellos, de si están malos, de si logran cosas nuevas, de su día a día... Es la aventura más al límite que he vivido y sigo viviendo, porque cada día es único. 

Y de repente, la vida se pone a correr, los días pasan, los meses... El bebé crece y ya es mayor (nunca lo suficiente para las madres) y da mucho vertido. Siempre a expensas de ellos, detrás para que no se caigan, dando tu vida por ellos con los ojos cerrados. Dejando tu corazón en sus manos para que lata por ellos si es necesario. Suena... Exagerado, pero juro que es lo más real que he vivido. Y todo esto lo siento nada más mirarla cada día, despierta o dormida. 

Helena... Me has dado la vida y me la das todos los días. Por ti, lucho contra lo que sea, porque a tu lado, soy mucho más fuerte. Eres la versión mejorada de papá y mamá. Eres una todoterreno. Y solo puedo sentir orgullo y amor... Mucho, muchísimo amor.



Él... Ellos

 Mientras Helena dormía, o lo intentaba... He estado leyendo sobre los postpartos. Las sensaciones que vivimos las mujeres, los distintos puntos de vista de cada una... También los puntos de vista de ellos.

He reflexionado y él, aunque pase desapercibido, nuestra pareja tiene un papel fundamental. Tienen que comprender aquello que no comprenden porque no lo viven a nuestro nivel. Ellos, jamás tendrán un montón de hormonas bailando dentro de sus cuerpos, y de repente, ellos vivirán con una pareja en que a momentos, cambiará de carácter, llorará, reirá, se enfadará, se frustrará... Y... Acaba de ser mamá también. Conviven con una persona a la que deben conocer de nuevo, que poco queda de la anterior. Ha evolucionado y es tan nuevo para una misma como para tu pareja.

Mirarse al espejo... Y no reconocerse, eso... Eso me sigue pasando a mí, a quince meses de mi parto. Pero si tú pareja te besa, te abraza, coge con amor tus chichas colganderas... Se lleva de otra manera. Los cuerpos cambian, las personalidades y los caracteres. El cansancio, falta de sueño y el nuevo ritmo de vida, pasan factura... A ambos. Pero las mujeres, somos más complicadas... Dentro de nosotras hay un mundo entero por descubrir y un mundo entero al que buscarle un por qué y darle vueltas y vueltas. 

La estética, para nosotras es importante. Vestir todos los días en chándal porque no te da tiempo ni a respirar. Llorar porque la ducha ha sido interrumpida por tu bebé. Tardar en leer un libro seis meses, renunciar a series y películas porque cuando vas a dormir a tu fierecilla, caes rendida también a su lado. Todo eso... Eso que dejas a un lado sin darte cuenta, es... Eso, dejar de ser mujer para ser madre. ¿Quién ayuda en eso? Quién actúa como padre, quien no comparte una tarea sino que asume, que él, su vida, también ha cambiado. Quién conoce a su pareja, quien sabe los tiempos que necesita, quien se queda con su bebé para dejar tiempo a esa ducha tan necesaria, quien baña a su bebé para que mamá lea un capítulo de su libro. Aquel que despierta a su mujer a besos, porque a pesar de todo, es su mujer, su compañera, el origen de esa familia recién creada. Aquel que acaricia ese nuevo cuerpo como si fuera lo mejor que haya tocado. O quién se empeña una y otra vez en conocer a esa nueva mujer que se ha creado a base de paciencia y cariño. Aquel que cuida, de él y de los suyos.

Él, es más importante de lo que pensamos. La maternidad es dura, pero entre dos, se lleva mejor. Cuando los dos están presentes, el bebé crece mejor. Papá y mamá están. Y eso es el mayor regalo que les podemos dar a nuestros hijos: seguridad y amor.

El amor que se requiere en la pareja, ese mismo, es el que pasa a nuestro bebé. Es el motor de familia, es el que mueve todo. 

Un hombre que no vuelve a mirar de la misma manera a su mujer porque ha cogido unos kilos al traer a su bebé al mundo, ¿qué amor va a dar a su hijo? Un hombre que no entiende los procesos, los cambios y los resultados de las diferentes etapas, ¿qué va a entender de amor y seguridad? Y solo se me ocurre decir a esos hombres una cosa. Los cuerpos cambian, podemos cambiarlos, los cerebros no.




martes, 16 de enero de 2024

Todo pasa

 Hacía mucho que no escribía. Me cohíbe mucho la gente que luego quiere hablar de mis escritos. Son mis pensamientos y mis sentimientos más íntimos.

He ido sumando días sin escribir, incluso en navidades lo mantuve a un lado. Es como el que deja de fumar y cuenta los días en los que no coge un cigarro.

Llevo días viviendo al límite. Teniendo ataques de ansiedad y de pánico en silencio. Respirando profundamente cuando me falta el aire y contando hasta cien. Sabiendo que el dolor de mi pecho pasará y que en cuestión de minutos volveré a coger oxígeno. Sabiendo que los malos pensamientos se irán cuál ave a su nido. Entendiendo que sola, también se puede. Que lo que una guarda en lo más profundo de su corazón, debe quedarse ahí, en silencio, formando parte de una. Al fin y al cabo, todos tenemos nuestras sombras y nuestras luces. Las sombras... Cuanto más adentro, mejor. 

Verbalizar miedos y temores. Verbalizar angustias a quien no quiere escuchar, es absurdo. Hablar con quién no quiere entender, también lo es. Ser juzgada por tu relato o ser cuestionada por tus sentimientos es algo que está muy de moda cuando la mayoría de la gente ni siquiera es capaz de conocerse a uno mismo.

Para mí, las noches y mi blog, me ayudan a examinarme. A ponerme a mí misma las cartas sobre la mesa. A cambiar, a decir que me equivoqué o a pedime perdón. A estar conmigo misma. Me necesito, necesito de estos momentos en los que mi cabeza no para de lanzar pensamientos y no siempre buenos.

Sé que me falta mucho por llorar... Una pérdida... O dos. Sé que eso me está pasando factura y que probablemente lo hará el resto de mi vida. Sé que tengo miedo a enfrentarme a alguna situación, y yo que soy de hablar las cosas... Morderme la lengua, me está envenenado. Pero... También sé que el silencio es la solución a muchos problemas y que mi libertad termina donde empieza la de otro.

Sé... Qué cada vez que la cosa se pone mal, huyo. Sin mirar atrás. Corro hacía delante, y sólo corro queriendo escapar. Y en muchos casos, corro para escapar de mí. 

Tampoco nadie sabe, la totalidad del peso de la mochila que llevo. Muy pocos saben todo de mí. Muy pocos. Y la empatía no existe. Cada vez estoy más segura. Y no es algo mío... Un prestigioso psiquiatra, hace poco le escuché opinando como yo. Nadie puede ponerse en tu lugar, nadie puede sentir desde tu perspectiva, tus sentimientos, tus experiencias. Jamás. Por tanto, nadie te va a entender al cien por cien, ni va a sentir como tú. Por lo tanto, lo que para ti es un mundo, un síntoma que hace saltar las alarmas de tu cuerpo, para otro... No tiene ni importancia. Pero tampoco siento la necesidad de que tengan empatía, no necesito ser entendida, me conformo con ser respetada.

Estos diálogos interiores, que yo escribo y por tanto, nadie debería entrar a valorar, son para intentar estar en paz conmigo misma. O todo lo que pueda. Para llorar y avanzar, para curarme, para salir adelante.

Hace algo más de un año, que ya no estoy sola. Alguien muy pequeñita, depende de mí. Y... Me asusta depender tanto de ella. Querer como la quiero yo, sin límites... Es algo que me asusta. Es mi gran debilidad.

Cómo os decía, siento que me muero, siento el nudo en la garganta y los ojos inundandose de lágrimas muy frecuentemente. Pero me escondo del mundo, en mi casa, me aislo... Porque nunca me he permitido estar mal. Porque siempre he sido la que tiraba de más de un carro. Pero sé que pasa, sé que respiras... Y todo pasa.



domingo, 24 de diciembre de 2023

¡Feliz Navidad!

 Diciembre es el mes donde los ateos logran creer en algo. Es el mes donde la gente es capaz de perdona y está más feliz.

Diciembre es el mes de las luces, de las sonrisas y de los regalos. Es el mes donde más deseos se cumplen y en el que más deseos se piden.  Es un mes fabuloso para borrar antiguos sueños y poder empezar de nuevo.

Es el mes del turrón y el mes donde más dulce se come. En Diciembre no importan los kilos, importa los buenos momentos. Son las cervezas con los amigos.

Es el mes donde vemos a los que están lejos, se siente más a los que están cerca y se quiere ver a los que ya no están. Es el mes donde más tiempo pasamos con la familia.

Es volver a casa y recordar el niñ@ que fuimos algún día.

Diciembre nos hace sonreír, y nos crea nostalgia a partes iguales.

Diciembre es un querer recordar todo lo bueno que nos ha pasado este año, y deseamos haber aprendido de lo malo.

Diciembre es celebrar y brindar.

Diciembre es Navidad.



martes, 19 de diciembre de 2023

Este año

 Este año he aprendido...

Que, si me dieran la oportunidad de volver a conocerte, volvería a cometer los mismos errores para tener hoy los mismos recuerdos de ti. Que todo lo que he sufrido me ha hecho madurar hasta quien soy hoy. Y he aprendido a no cuestionar el poder del tiempo, que cicatriza todas las heridas que creía incurables, aunque a veces el proceso sea más lento de lo que me gustaría.

He aprendido que las metas las fijas tú. Que si quieres algo de verdad tienes que superar tus dudas, vencer tus miedos, alejarte de quienes te dicen que no eres capaz. Porque la satisfacción de lograrlo es incomparable con todo el esfuerzo que te ha supuesto. Y todos esos motivos que te repites en la cabeza para convencerte de que tal vez es demasiado pronto, demasiado difícil, demasiado tarde, o demasiado arriesgado, sólo son escusas. La suerte favorece a los valientes, arriésgate.

Y he aprendido a valorar los pequeños momentos de felicidad. El olor de un libro nuevo, las sábanas recién cambiadas, la arena en los bolsillos, los buenos días, el sonido de las olas contra las rocas, una llamada inesperada, un momento a solas, un paseo de la mano, un secreto inconfesable, una vieja foto que encuentras por casualidad, la nieve en el pelo, el olor de una tarta recién hecha, un beso de buenas noches.



domingo, 17 de diciembre de 2023

No, no es perfecto

No es el hombre perfecto. Ni el padre perfecto. Ni el amigo perfecto. No. No es perfecto. 

Y es que yo no quiero un cuento perfecto. Ni una historia perfecta. Yo sólo le quiero a él. Tal cuál. Porque... Juntos hemos construido un hogar... Perfecto. Entre los dos. En el día a día, con esfuerzo y ganas de superación. Ayudándonos. Cayendo y levantándonos. No vivimos para ser perfectos, vivimos para ser felices. Y eso es lo más importante en mi opinión. Que nosotros sintamos que estamos al mismo nivel, en el mismo punto. Que nos coordinemos, que hagamos frente como equipo y no como enemigos. 

Que el silencio frente al televisor sea de alivio y no de tensión. Que vivamos en pareja y no como compañeros de piso. Que tengas la seguridad de que, tras discutir, tu hogar siga teniendo el mismo calor que te hace sentir la paz que necesitas. 

Volvería a elegirle porque ese calor, me lo dio el mismo día que le conocí. Y sí, hay que hacer un gran esfuerzo para mantener esa llama. Esa unión, que antes era de dos... Y ahora de tres. 

Porque la vida en sí y sus circunstancias, separa. Porque el ser humano es individualista y egoísta por naturaleza. Porque el miedo a ser herido te invita a huir. A cerrar de golpe el corazón y cargar con la coraza.

Javi consiguió una de las llaves que me desarma. La del amor, dando su fruto: Helena.

Pero el amor es efímero, débil, sensible y delicado. Fácil de perder y difícil de ganar. Por eso, cada día, lo vuelvo a elegir. 

Me gusta mi vida a su lado. Me gusta que él también me haya elegido como compañera de vida. A una... Tan imperfecta cómo él. Y que sigamos escribiendo está historia llena de imperfecciones y errores juntos, como pareja y como familia.     

Cada día es una nueva oportunidad y un nuevo capítulo que sumar. Unos son mejores que otros, pero así es la vida. Y yo quiero vivirla a su lado .



domingo, 22 de octubre de 2023

Compañeras

 Hoy necesitaba salir, ponerme las pilas, empezar a cuidarme, a hacer ejercicio. A pensar en mí. Sólo en mí. Así que, me he cogido a mi bebé por la mañana y a mi perrita, y nos hemos ido a dar un largo paseo por las afueras de Leganés, a respirar el aire más puro que hay por aquí (aunque no lo sea mucho). Me he acordado de Javi. Ojalá estuviera paseando con nosotras. Pero la vida es la que tenemos, y en vez de llorar en casa, salimos a despejarnos.

Para mí, es súper necesario cansarme. Y eso que ahora es muy fácil con mi falta de oxígeno. Pero cansarme de verdad, para caer en la cama muerta, literal. Necesito no dar vueltas a las preocupaciones. Necesito ir saliendo del pozo donde las hormonas me han metido. Necesito más de mí para volver a ser yo.

Y mi hija, es la luz que nunca me abandona. Mi compañera de vida.




Mi hogar

 Hay siestas en las que sueñas. Días que acompañan a escribir un poquito mientras preparas café.

Y aquí estamos hasta que la salud acompañe. Vamos empalmando catarros y fiebres. Noches sin dormir con la peque... En fin... Vamos, que no es poco.

Es una semana dura para mi Javi en lo laboral. Él es el que arrastra de la familia. Poco se habla de la carga que lleva en sus hombros. Pero mucho... De lo que le queremos.

Y no sólo yo. Mi familia más cercana, lo adora. Siempre lo he dicho, y ver ese amor en los demás es muy enriquecedor y reconfortante.

Hemos pasado por baches, por momentos muy delicados, muy sensibles y oscuros. Seguimos en un camino nada fácil del que pocos saben y han vivido. Seguimos estando el uno para el otro. Seguimos queriéndonos como el primer día, de forma distinta, pero mucho mejor, de forma más segura. 

Y es una realidad si le llamo "hogar". Es el refugio de todos nosotros. Te quiero, Javi.




lunes, 16 de octubre de 2023

Lunes

 Hoy... Cuando me han sacado 8 tubos de sangre. Nos hemos ido de cumpleaños pero, antes... pasando por la peluquería para estar muy guapos. Sí, señor. ¡Cómo disfruto de estos momentos!

Un día agotador en el que dormir a Helena me ha costado una hora y media. El día que más cansada estás, es cuando todo se descontrola todo un poquito. Duchas, cenas, deberes. Todo sin parar. Qué saturada estoy de... (Ahí lo dejo).

Quería haceros una reflexión... Soy profe. Me gustaría colgaros mi tono de voz para que podáis ver lo que le falta a este blog: la entonación. Ver a los padres, y siendo ya madre, me ha descolocado un poco. Creo que nunca cuadraré en los cumples donde se hacen aquelarres de mis compañeras/os ni en los grupos de WhatsApp donde se elije un candidato cada día para fusilarle. 

Mis compañeros y yo, hacemos lo que podemos con hijos que han educado ustedes. Con sus capacidades, situaciones y características. Pero con la educación que viene de casa y que ha de venir de casa. Aunque haya muchos que quieran que el colegio les quite el pañal también.

Ser de infantil es la profesión menos valorada del mundo. Todos saben cuidar a un niño. Las abuelas sin ir más lejos (porque los abuelos no suelen pronunciarse) saben hacer de todo, te aconsejan hasta lo no aconsejable... Y hay alguna madre por ahí... Qué el niño no necesita tanta educación como ella.

En fin, los cumples los llevo regular, los evito. Hoy era especial, y creo que Cuquito lo merecía. El mundo de los adultos... Le llegará, siempre llega. Es más, lo deseas... Absurdo deseo.



Hermano mayor

 Ayer fue un día especial. Mi bebé se hacía mayor. Mi madre y yo estamos con las manualidades de los dos cumpleaños trabajando a tope, hoy continúo con mis cositas (fiebre, otitis, mal cuerpo, etc., etc...). Y Dani, se portó MARAVILLOSAMENTE bien. No publico nada de él, ni nunca lo haré jamás. Pero hizo de hermano mayor increíble y cuando estamos solos, papá trabaja y el tiempo no acompaña, se nos dan muy bien las tardes (cine, meriendas hechas por nosotros, juegos con Helena y Maya, hasta poner lavadoras y limpiar la casa). 

Cada etapa tiene su gracia. Se acabó la etapa de "pequeñín" y empieza la de "hermano mayor" (dedicándole también su importancia, como debe ser. Hablo desde el punto de vista de hermana mayor). 

Así que, cogí a mis chicos (Maya también) y, nos fuimos a disfrutar del último día de feria. Momentos en familia que recogí en un montón de fotos para papá, y para el recuerdo. Porque desde que soy mamá, me gustan más los niños y porque ser profe no es sólo una vocación, es una manera de vivir.




jueves, 12 de octubre de 2023

¿Se puede tener más mala suerte?

 No he dormido nada porque tengo un Dj debajo de mi ventana. ¡Bienvenido a las Fiestas de San Nicasio!

Mientras me quedaba dormida o no, iba teniendo "flashes" del día tres. Revivía todo otra vez, incluso caí en detalles que mi mente creía haber borrado. He tenido tres ataques de ansiedad en la noche. Donde las lágrimas se te saltan y no puedes respirar reviviendo una y otra vez eso. A Javi se lo conté, y me dijo que todo eran sueños o pesadillas. Como no conseguía dormir, encontré una prueba de algo que no había sido un sueño, sino, una realidad. Dura, muy dura. Javi, tenía que dormir... Y hablé con una amiga, a la que mandé y conté todo esto. Temo estar volviéndome loca... Quizás ella tenga razón, y tenga un trauma o un estrés postraumático. Aquí nadie sabemos nada de eso, pero no me veo volviendo a terapias que no sirven para mucho. Ni las mías, ni las de los demás. Coincido con ella, en que todo es tiempo. Volveré a ser yo como dije en el post anterior.

Anoche me acosté regular. Hoy me he levantado peor, como si de un catarro (otro nuevo), lo hubiera cogido. ¿Ansiedad? Podría ser. Me he mirado la saturación y 92, a veces 93. Esto ya no es ansiedad. Dolores de cabeza muy concretos, muy especiales. He sufrido de migrañas toda mi vida (herencia de mamá) y no eran migrañas. Es un pinchazo en la sien que pierdes momentáneamente el conocimiento, vómitos, tos... ¡No podía ser otra vez! Mi madre (esto pasa por contar las cosas) me ha obligado a ir al médico. Pensaba que la señorita de la Comunidad de Madrid había quitado esa clase de médicos. Por supuesto me he ido con mi bebé, que también tiene una pequeña recaída en su salud (ha salido a mamá, claro está). Todo apunta a una recaída o una reinfección del propio covid que se ha propuesto no abandonarme.

¡Error garrafal! Mirar Google.

"La reinfección por el virus que causa el COVID-19 ocurre cuando uno se infecta, se recupera y se vuelve a infectar. Una persona puede reinfectarse varias veces. Las reinfecciones son con frecuencia leves, pero puede haber casos de enfermedad grave. Si se reinfecta, también puede propagar el virus a otras personas".

Y eso que yo no he dejado de dar positivo. Y, valga la redundancia, quieren que yo sea positiva con este desgaste que tengo. Emocional y físico. Desde el martes, he perdido algo más de tres kilos. Y aún quieren quitarme de la cabeza que no hay algo más. Simplemente con esto... ¡estoy apañada! Es más, todos los que conviven a mi lado, tienen bajones también.

Seguiré escribiendo esta noche, la peque despertó y dijo su frase favorita... ¡Ya está!



miércoles, 11 de octubre de 2023

¿Puedo hacer algo por ti?

Hoy sí, hay dos entradas. Primero gracias a más de 300 personas que esta semana se ha sumado a "Desde mi ventana". Guau. Sólo puedo decir eso y estar eternamente agradecida.

Hoy, me he levantado a las siete de la mañana. Me he arreglado porque mi hija no es de las que madruga. He arreglado toda la casa. He escrito a Javi, para ver qué tal la mañana y me ha pedido que bajara a verle. 

Dar vueltas y vueltas a las cosas. Estar hablando o escuchando audios de mis amigas, te reorganiza un poco la mente, pero... Lloras. Sin motivo aparente y sé que es hormonal. Lo sé, y es algo que estoy esperando que pase. Qué todo se normalice.

Después de agradecer en el anterior post a mis amigas. Quiero agradecer a mi marido todo lo que hace por mí.

Le escrito cómo me sentía hoy. Sabéis que me expreso mejor escribiendo que hablando. No para molestarle... Le he escrito más por mí. Para que sepa cómo estoy al llegar a casa. Y porque escribir, ya sea para él o para mí (mi blog), me ayuda. La simple pregunta de... "¿qué puedo hacer yo para ayudarte? Dímelo y lo hacemos", me ha parecido el gesto más bonito desde hace mucho tiempo. Fijaros con lo que una es feliz. Con nada. Yo no necesito dinero para ser feliz. Necesito la energía que me da mi casa, los míos. 

"Es sólo este tiempo. Volveré a ser yo. Lo prometo. Más vale que el bajón lo tenga sola que cuando estés tú", he respondido. Nadie se merece a una persona triste y deprimida al llegar a casa después de un duro día de trabajo. Aquí todos ponemos de nuestra parte. De eso se trata, ¿no? 

Y sí, volveré a ser yo. A su debido tiempo. Cuando las cosas se calmen. Cuando las malas noticias no dejen de llegar y cuando vuelva a ser la princesa de hielo que siempre he sido y no la princesa llorona, que llora sin un motivo claro.

A veces, has de tocar fondo para volver a subir a la superficie. Y el paseo con mi hija y mi perra, vestidas de fiesta (San Nicasio), me ha aliviado bastante la ansiedad. Hacer ejercicio aunque sea con vestido, me ayuda. Hacer deporte es mi energía, mi cura. Y estoy deseando curarme para volver a ello. 

Y por una vez, maquillarme, no ha estado tan mal... Venga, venga, qué en nada vuelvo a ser yo... A fuerza de voluntad y a cabezonería, no me gana nadie. Sé que voy a estar bien. Lo sé.



Os quiero... Tanto...

 Tengo amigas pesadas. Muy pesadas. Pero es que las quiero tanto. Hacía mucho tiempo que no ponía que... Soy muy afortunada en amigas. Te escriben cosas bonitas, te hablan de su vida para evadirte de la tuya... "Tienes mi WhatsApp abierto para enviarme un podcast ilimitado de minutos". Tienes toda mi atención, si quieres opino o sino sólo te escucho. 

Amigas que te dan la carta para que elijas, pienses y encuentras la manera de expresarte. Amigas con paciencia infinita que no te exigen nada. Sólo apoyo. Sólo estar. Echarse en el suelo si es que necesitas echarte y llorar. O si simplemente hoy no te apetece levantarte. Amigas que te dan el espacio necesario para que estés bien, que te cuidan en la distancia. Qué tienen y sino, buscan, las palabras que necesitas... Porque te conocen, saben cómo activar tus teclas, como encaminarte... Son años de convivencia. Son años de amistad.

Sólo puede estar agradecida de tener a la gente que tengo a mi alrededor desde hace muchísimos años... Toda una vida. Qué han vivido conmigo los peores años, que han visto como he crecido, como me he enamorado, como he sido mamá. Como he madurado y como sigo adelante con mi mochila llena de problemas y traumas... Qué no han necesitado escuchar, que lo han vivido en mis propias carnes. 

Gracias, por saber cómo voy a actuar mucho antes de que yo lo haga. Por apoyarme en mis fallos y errores, alegraros por mis avances y por cuidarme. Por sentirme tan querida, ¡qué también lloro por esto! 

Gracias por tener la mejor familia que puedo elegir y que sin duda, me eligen a mí.