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domingo, 23 de junio de 2024

23.06.2024

Es domingo, muy domingo. 

Hace una semana. Estaba sentada en la terraza de la tasca del barrio, en una mesa de 11 personas, en la que la musica eran las risas, recordando la boda de una de mis mejores amigas, del dia anterior. 

Esta semana, como siempre que vuelvo de casa. Ha sido una semana de mucha resaca emocional. De mucha nostalgia. De tener el cuerpo aqui. Y la cabeza y el alma, alli. De sobre pensar la cosas. De recordar mucho... y de pasarlo un poquito mal.

Encima he estado sola en casa y eso me ha dejado tiempo y espacio, para encontrarme a mi misma en los recuerdos. Para que no se me olvide donde estoy y porque. Para mirar atras y ver, que si el pasado hubiera sido bueno, lo llamaria presente. 

Las bodas son motivo de celebracion. Y porque no? De reencuentros. Y la semana pasada, los hubo. 

Me reencontre con mi familia. Me reencontre con la familia de mi amiga, que desde que tengo 6 años, me ha hecho sentir que soy parte de la suya. Me reencontre con esa familia que he elegido y nos demostramos los unos a los otros, que estamos mas unidos que nunca. Porque aunque hubiera dos huecos en nuestra mesa, estaban con nosotros. Y lloramos y reimos por ellos.

 Y me reencontre con esa historia de amor, que aunque parecia olvidada, nos demostramos que aun no esta cerrada. 

Y hoy, domingo. Sigo estancanda en los momentos que vivimos hace una semana. El discurso que di, con el que nos emocionamos todos. La putada a los novios, que hicimos con tanta picardia. Las mil fotos para que salieramos todos guapos. Las cervezas. Las risas. Los abrazos. La felicidad por los novios. Y por los amigos de los novios. Los bailes en la mesa. Y en la discoteca. Las copas y los chupitos. Las canciones seleccionadas para cada invitado, aunque las bailaramos todas como si se fuera acabar el mundo mañana. Y esos ojos azules que me buscaban sin parar... 

Y hoy domingo, estoy molesta otra vez contigo. Estoy indignada. Me enervas, como has hecho siempre.  

Tu te crees que puedes venir despues de 5 años sin vernos, buscarme para bailar y decirme al dia siguiente que no te acuerdas de nada ?! Y si no te acuerdas, para que vuelves como si nada... tu, y toda la gente que me conoce sabe que no soporto no entender las cosas. No soporto hacer como si nada. No soporto que se tire la piedra y se esconda la mano... 

Esta semana me ha dado tiempo para revisar conversaciones archivadas. Para recordarme que paso. Y como hemos llegado hasta aqui. Y solo saco la conclusion.. de que despues de tanto tiempo, solo esperaba ver que habias crecido, como lo he hecho yo. Y que tu tambien serias capaz de decir las cosas q te quedaron por decir en ese momento. Tendriamos la conversacion que cerraria ese capitulo de nuestra vida juntos, para dar paso a uno nuevo en el que pudieramos estar en el mismo sitio sin que nos axfisiaran los recuerdos. Pero no... tu sigues siendo esa persona que prefiere que piense mal de ti a ser sincero. Una persona a medias. Esa persona que por mucho que le duela, prefiere quedarse solo.. 

Pero es domingo, me he dado una semana para recordar. Te he dado una semana, para hablar. 

Adios, otra vez. Igual dentro de 4 años nos volvemos a ver. No creo, ya no tenemos la excusa de la boda para reencontrarnos...



martes, 5 de mayo de 2020

¿Y si es el último viernes de nuestra vida?

Sonó el despertador a las 6. Como cada mañana en aquella ciudad. No quise que sonara mucho, para no hacer mucho ruido. Si no recordaba mal, tenía una personita al lado…

Seguíamos en la misma posición. Así que tuve que hacer una maniobra para despegarme de su espalda sin que lo notara. Fue un intento fallido, cuando me disponía a salir de la cama, una mano se coló por debajo de mi camiseta de pijama y se posó en mis costillas. Se me puso la carne de gallina cuando mi piel entró en contacto con la suya, estaba fría… ¿Por qué siempre tenía las manos frías? Sin querer me vino a la cabeza cuando me abrazaba con las manos dentro de mi ropa para hacerme de rabiar… 

-Fea, no sé si lo he mencionado, pero me voy mañana por la mañana- me dijo cuando me giré para darle los buenos días. 

Pero no logré pronunciarlo, me había dado un tortazo en la cara. Si se iba el sábado por la mañana, me quedaban 24 horas con él y encima me tenía que ir a trabajar. Me puse nerviosa, me agobié y salí de la habitación. No le contesté, pero no me siguió. Era muy pronto…

Cuando llegué a la cocina estaban las chicas desayunando y hablando de sus cosas. Supongo que llegue blanca como el papel, sin vestir todavía y con una pinta horrible, porque dejaron de hablar y se quedaron mirándome. Antes de sus miles de preguntas, empecé yo…

- Se va mañana por la mañana, tengo que irme a trabajar… -balbuceé. 

Reconozco que estaba apunto de llorar. Pero no entendía mucho por qué. ¿Por qué se iba? ¿Por qué no había tenido el valor de preguntarle lo que me ahogaba? ¿Por qué había estado muy a gusto con él y sentía que lo volvería perder? ¿Por qué no sabía lo que sentía? Creo que las chicas se dieron cuenta, no dijeron nada. Dejaron su taza en la mesa y me abrazaron. Éramos un equipo… y una de ellas, dijo en mi oído 

- Métete en la cama, tienes 40 de fiebre. No pasa nada porque faltes un día, yo te cubro en la escuela.

Me despegué de ellas y la mire sorprendida. Iba a perder de trabajar por estar con el chico de los ojos azules… 

- No me mires así, imagínate que es el último viernes de vuestra vida y no lo vas a pasar en el trabajo.

-Venga, vete a la cama - me animó la otra - Nosotras nos vamos a trabajar.

- El único problema es que tienes que enseñarle la ciudad por foto, no vaya ser que nos pillen. Por lo menos hasta esta noche - me aconsejaron.

- ¿Es un problema enseñarle las cosas desde su cuarto? - se rieron las dos y se fueron.

Me quede allí parada, mirando como salían por la puerta. Y me invadió una alegría muy grande… y un miedo increíble. Fui al baño y me senté en el suelo. ¿Qué cojones estaba haciendo?

Tenía la cabeza metida entre las piernas. Me sentía chiquitita. Y llamó a la puerta. Aunque no contesté, pasó. Se colocó en frente de mí, y me cogió de la barbilla. Sus ojos se clavaron en los míos. Y sé que me dijo algo así como “¿piensas aprovechar aquí metida nuestro viernes?” Me hubiera gustado que me besara, la verdad. Había ambiente de ello. Pero nos trasladamos a 13 años antes, donde fui yo la que le mandé una notita para que me esperara en el baño de las chicas cuando saliéramos de clase. Y fui yo la que le besó. Fue nuestro primer beso y su primer beso. No fue un beso muy... Éramos muy niños. 

Sonreí al pensarlo y posé mis labios en los suyos. Fue un beso inocente. Me separe en seguida para ver su reacción. Tenía los ojos cerrados y estaba sonriendo. Y volví a acercarme. Pero esta vez pregunte tímida: 

-¿Puedo? Sé que puedo hacerlo mejor.

- No. ¿Desde cuando preguntas? Ahora voy a besarte yo.

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lunes, 4 de mayo de 2020

No fue una noche cualquiera

Nos quedamos un rato en aquel banco. No hablamos. Pero no era incómodo. Su mano seguía dibujando líneas en mi pierna, que emitían calor. Y notaba su cabeza apoyada en la mía. Hemos vivido ese momento muchas otras veces, en nuestro parque. Yo le contaba mis problemas de niña caprichosa y el me abrazaba. Nunca me dio un consejo, pero me abrazaba. Me dejaba apoyarme en él y su cabeza quedaba encima de la mía hasta que nuestras respiraciones se acompasaban, me relajaba y encontraba la solución por mí misma. ¿Cuándo dejamos de ser uno…? La pregunta me pesa. Pero no logro verbalizarla. 

Por increíble que parezca hablamos de muchas cosas aquella tarde antes de llegar a casa, pero no me dijo cuando se iba. Ni cuanto tiempo me quedaba para aprovecharme de él. En el buen sentido, claro. Porque se pasa el tiempo demasiado deprisa. 

Abrí la puerta y la casa seguía en silencio, no se si las chicas no habían llegado o es que ya estaban durmiendo. Pero me parecía un poco extraño no poder consultarles que mi primer amor, iba a dormir en nuestro sofá. Que no podrían amanecer en bragas para prepararse un café antes de irnos a trabajar el viernes. Aun así, le di una manta y un cojín, nos dimos las buenas noches con un beso en la mejilla y me dirigí a mi habitación.

Estaba pensándolo, y dándole vueltas en la cama, cuando decidí escribir por el grupo cual era la situación para que no se asustaran. Reconozco que habérmelo encontrado me colapso tanto que no había vuelto a mirar el móvil hasta entonces.

Había muchos mensajes. En el grupo de “Radio patio” intentaban entender que estaba pasando en mi vida. Les dije que mañana con calma las contaría, pero q no se preocuparan de nada. Es inofensivo. Pero también tenia un mensaje de él… era de esa mañana…

“Hola Fea, no se que hago en el aeropuerto, pero aquí estoy. Supongo que me he cobrado la invitación y voy a verte. Espérame un poco más…”

¿Qué le espere un poco más? ¿Qué no sabe porque esta en el aeropuerto? En serio, flipe con todo el genero masculino cuando leí el mensaje. Pero mas flipe conmigo misma cuando con un impulso de los míos le escribe que viniera a la cama. Estaba en línea. Y se pusieron los tics azules en seguida. ¡Que fuerte estaba en mi conversación! 

Estaba tan subida en mi montaña rusa sin entender nada, que no me di cuenta que mi puerta se había abierto, y una persona me estaba usurpando la cama. Me asuste. Y como siempre… estropee un bonito momento, creo. ¿Como? Riéndome. ¡Y sin poder dejar de hacerlo!

No le quedo otra más que reírse conmigo. Ahora no estaba tan tranquilo. Ni era yo la que estaba helada.  Ahora, como casi siempre, era la dueña de la situación. ¿Quién me iba a decir a mí que después de diez años el chico mas guapo del instituto estaría en mi cama?

- Ven que te abrazo, que no tener pijama en este sitio debería estar prohibido- Le rodee la espalda y el subió un poco la pierna para que metiera la mía por el huequito. Me pegue todo lo que podía a él. Me cogió la mano y entre lazó sus dedos con los míos. Me dio un beso en la palma y me dijo “Buenas noches Fea”. Le di un besito en la espalda y apoyé justo ahí mi cara… cuando me desperté ya era la hora de irme a trabajar. 

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Un reencuentro inesperado

La habitación esta oscuras, solo entra la luz de la luna. Está despaldas, pero se que me ha escuchado desde que entre en casa. 

El silencio se adueña de mi pequeño cuarto, pero se escuchaba su respiración y mi corazón… se me pasan mil preguntas por la cabeza mientras estoy parada en la puerta… ¿Qué haces aquí? ¿Por qué has venido? ¿Cómo has encontrado mi casa? ¿Por qué no me has avisado? ¿Qué significa esto? Pero cuando se gira y susurra un “Hola” muy bajito que apenas pude escuchar… mis pies se mueven hasta él. Y le abrazo… 

Le abracé como le abrazaba antes. Le abracé uniendo todos los pedacitos que rompí en su momento. Le abrace como si el tiempo no hubiera pasado. Le abrace fuerte. Intentando demostrarle que no podía creerme que hubiera viajado hasta allí. Le abrace oliendo su perfume, que, por cierto, no ha cambiado. Y entre el hueco que quedaba entre mi boca y su pecho deje caer un … “estas aquí…”

Me separe un poco para mirarle, tenia los ojos azules muy oscuros pero brillantes, una expresión tranquila, como cuando sabes que has llegado donde quieres estar, y una sonrisa enorme. No dijimos nada, nos quedamos unos segundos mirándonos, analizando al otro sin saber muy bien que le pasaba por la cabeza. Asique desistimos y empezó el fin de semana, que nos permitió una segunda oportunidad. Pero no sabíamos cuánto duraría…

-Venga Fea, enséñame tu casa, tu ciudad… ¡enséñamelo todo! 

Fea… siempre me llamaba así. Nunca me puso un apodo de esos ñoños para expresarme su cariño… 

-Venga vale, por donde empezamos… ¿por la cama? ¡Nos pilla más a mano! - Y me reí, no sé si por vergüenza o porque sabia que el se lo esperaba menos que yo. Me salió solo, sin pensar y aunque al principio me arrepentí de abrir mi bocaza luego me di cuenta que había encajo perfectamente el golpe y que habíamos venido a jugar…

- No juegues con fuego que a lo mejor te quemas señorita- Él también se estaba riendo. Genial. Estábamos en sintonía.

Le enseñe nuestro pisito, dejó su mochila en mi habitación, pero quedamos en que dormiría en el sofá. Le ofrecí una cerveza. Bueno no, le dije que fuera a por una cerveza a la nevera, no pensaba ser su sirvienta mientras estuviera en mi casa. Pero no era muy tarde y decidimos enfundarnos en el abrigo y salir por ahí.

Paseamos un buen rato, la ciudad por la noche es bastante bonita, ya que tiene muchas luces. Y llegamos a un parque. El parque es atravesado por un rio donde la gente en verano hace picnics y tiene un puente. El dichoso puente esta lleno de candados donde la gente sella su amor. No se muy bien porque nos paramos allí, ni porque quiso sentarse en un banco a mirar el puente. No es nada del otro mundo… además… hacía mucho frío.

- ¿Fea tienes frío?

-Pues un poco… ¿estamos al lado de un río?

Y sin mas se acercó un poco mas a mí… Me paso el brazo por la espalda y me apretó junto a él… la otra mano me acariciaba la pierna con amago de darme calor…

- ¿Mejor?

Pues no se si mejor o peor, porque no se que hacer ni que pensar, pero estas muy cerca…

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sábado, 2 de mayo de 2020

Promesas que se cumplen

¡Que frío hace en esta ciudad joder! Me puedo pasar todo el día quejándome del tiempo que hace… Llevo aquí varios meses y no me he acostumbrado a que los días duren tan poco. A la temperatura de frío a todas horas. De tener que ir como las cebollas dando igual el mes que sea… 

Es un jueves cualquiera, salgo un poco más tarde de trabajar porque dentro de unos fines de semana quiero volver a casa y tengo que recuperar las horas. Como ya digo, hace bastante frío, así que ni si quiera he sacado el móvil del bolsillo cuando se ha parado la música indicando que me llegaba una notificación. Supongo que serán las chicas para saber porque aun no estoy en nuestro pisito compartido, quizás son mis amigas para ver que tal el día o puede ser mi hermano, ya que ayer no llame…

Desde que estoy aquí, me estoy adaptando a las llamadas, no me queda otra ¿no? Estoy muy lejos… y tengo mucha gente preocupada por mi 24 horas. Pero eso no quiere decir que me guste, así que muchas veces lo evito. Me gusta salir del trabajo y pasear hasta que llego a casa. Es un momento de relax. De respirar. De observar la ciudad donde vivo e intentar convertirla en casa…

- ¡Holaaaa, ya estoy en casa flores! Digo mientras me quito el abrigo y lo dejo colgando en la percha. El primero en saludar es el perro de una de las chicas. Desde que me mudé, hemos creado una nueva familia, donde tengo mascota. 

Me resulta raro que este todo tan en silencio, por la hora mas que nada, pero imagino que está cada una en su habitación con sus cosas, y no me han escuchado. 

Voy directa a mi habitación, está la puerta cerrada y tengo un posit pegado. Es la letra de Reixi  “Flor llegaremos tarde, no nos esperes. Pero mira el móvil, hay alguien que pregunta por ti” ¿Dónde irán un jueves por la tarde-noche? Y ¿quién preguntara por mí? 

Abro la puerta y me encuentro a un chico mirando por la ventana… sentado en mi cama. Sudadera, vaqueros, manos en los bolsillos… No puedo creerlo… Ha cumplido con lo que dijo aquella tarde atrás… Ha venido… 

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Diez años no pasan desapercibidos

Llevaba todo el día nerviosa. Había repasado mentalmente todo mi armario como unas mil veces y todavía no sabía que ponerme. 

Me miro al espejo. 10 años no pasan desapercibidos. Me sonrío al pensarlo. Es lo que mejor se me da, sonreír para ocultar. Me gustaría contarle por qué esas bolsas debajo de los ojos. Por qué los ojos marrones ya no tienen tantos lunares, como él decía. Por qué me tiemblan las manos con mayor facilidad. Por qué mi orgullo se ha ido limando y mi carácter agriando. Me gustaría explicarle por qué le he llamado. Pero no lo sé ni yo. Así que me pongo unos vaqueros negros rotos. Un top del mismo color con un poco de escote. Me maquillo lo justo para que no piense que me he puesto excesivamente guapa. Una chaqueta de cuero. Y mis deportivas. Han pasado diez años, pero hay cosas que no cambian.

No me gusta ni hacer esperar ni que me esperen, pero era de esas veces que no quiero llegar la primera. Sin embargo, él siempre fue muy puntual, sabía que estaría allí esperándome. Donde quedamos tantas veces... Probablemente apoyado en la pared o en un coche. Mirando al suelo. Pensando en vete tu a saber qué. Su cabeza, siempre fue un misterio...

Y no me equivocaba... A unos metros de mí me encontré al mismo chico moreno de ojos del color del cielo,donde me solía mirar cuando las cosas iban mal... Me encontré un chico con unos vaqueros, una sudadera de Jack and Jones y las manos metidas en los bolsillos. Inmerso en sus cosas. Supongo, que estaría pensando que estaba haciendo allí después de tanto tiempo, conmigo en frente, después de 10 años y muchas heridas. Supongo que estaría pensando que yo tampoco había cambiando tanto. Unos kilos más, pero la misma cara redonda y la sonrisa siempre puesta. O igual no, quizas sólo se alegraba de verme. La verdad, nunca le pregunté que pensó cuando nos vimos... Pero cuando le tape el sol, de aquella tarde de primavera, subió la cara y entonces fue él quien sonrió. ¡ Oh dios esa sonrisa! La sonrisa más perfecta del instituto sin llevar aparato.. Mi estomago se quejó pero no se muy bien porque. ¿Hambre? ¿Nervios? ¿Mariposas renaciendo?. Le sonreí yo también.. ¿que menos no? 

Me paré justo delante sin saber que hacer. ¿ Se le das dos besos a tu primer amor? ¿Un abrazo para reunir todo lo que perdimos ? ¿Un apretón de manos de manera "no te acerques mucho que no se cuanta alergia me das"? Menos mal, que se acerco él.. se levantó del coche en el que estaba apoyado y posó su mano, fría como siempre, en mi nuca y me dio dos besos. Dos besos de esos que suenan en tu carrillo. Nada de besos al aire, él siempre fue de esos..

- ¿A dónde vamos ? He traído el coche, quería que lo vieras. 
"Sácame de aquí " quise decirle pero ni él iba a entenderlo,ni yo iba saber explicárselo. Así que me limité a abrir los ojos de par en par y pregunté.

- ¿Es tuyo el golf? ¡No me lo puedo creer! Es el coche de mis sueños.

- Pues no es el coche de la Barbie.

Y me salió la carcajada de dentro. Habían pasado diez años, pero seguía intentando cumplir mis sueños sin saberlo. Seguía siendo el que me picaba. Seguía igual. Seguía siendo mi chico. 

Nos montamos en el Golf azul marino y como no, discutimos sobre la música. Él sabia perfectamente mi tendencia a pasar de canción antes de que acabara y yo sabía cuanto odia que le toquen sus cosas. Y para no perder la costumbre, salió a relucir nuestro mejor don y quizás el único en común. El don de la contradicción.

No teníamos destino. Así que dimos un par de vueltas en coche antes de elegir una terraza para tomar algo. La verdad es que me recree en mirarle de reojo. Intente que no se notara. ¿Pero hay algo mas sexy que ver a un hombre conducir? Ponía cara de interesante. Su mirada intensa clavada en la carretera. Respiraba tranquilo y se le notaba cómodo. Estaba claro... Estábamos en su terreno. Su codo apoyado en la ventanilla medio bajada, mostraba seguridad. Y el aire le hacia que el principio de los rizos de su flequillo bailaran. El sol que entraba le hacía más clarito el pelo y más morenita la cara. No me habré quedado empanada veces en clase mirándole... Si se hubiera vuelto gordo, feo y calvo... todo hubiera sido más fácil. 

La conversación en la mesa fue amena. Hablamos. Nos reímos. Nos vacilamos. Nos llevamos la contraria. Nos contamos muchas cosas, pero sin importancia. No me preguntó en que punto de mi vida estaba, yo a él, tampoco. No sé si quería saberlo.

Y pasó la tarde en seguida. No quería irme. Estaba tan a gusto jugando a que no habían pasado 10 años que de repente sentí una punzada y me di cuenta de que era la hora de despedirnos. 

Nos levantamos de aquella terraza y nos dirigimos hacía el aparcamiento. Pero le dije que podía ir andado, no pillaba lejos mi casa. Creo que necesitaba respirar sin que compartiéramos las mismas partículas de oxígeno. Y ya de paso que se oxigenara el cerebro y... otra cosa. 

No esperaba nada que no fuera una negación por su parte. Nunca me dejo volver sola a casa aunque fuéramos si hablar porque estaba enfadado. Pero insistí. Prometimos volver a vernos y seguir en contacto. Pero yo ya estaba poniéndome mis zapatillas de deporte para empezar a correr... 

Dos besos. Una última mirada directa a los ojos. Para que hablaran por nosotros. Un "iré a verte" y una respuesta "eso espero". 

Me giré y empece a caminar con la sensación de que él me había perdonado. Y que yo podía perdonarme también. Me fui pensando eso de que todo merece una segunda oportunidad. E intentado tener poderes divinos sobre que opinaba él. 

Llegue a casa con ganas de escribirle, pero no. Y él tampoco lo hizo. Me tumbé en la cama esperando a que viniera, como había dicho...

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martes, 28 de abril de 2020

Amigos

He leído en un artículo de mierda (bajo mi punto de vista, sin ofender), que la amistad entre hombre y mujeres no existe. Ponía algo así como que al final una de las dos partes no ve más allá de la atracción sexual y malinterpretaba señales que hacia imposible el sentimiento de amistad.

La verdad, me he indignado mucho. Por esa regla de tres, las personas homosexuales ¿no pueden tener amigos del mismo sexo tampoco? Terminaran malinterpretando señales igual. Y, por otro lado, una amistad, es una relación que ambas partes deben cuidar… ¡que mas da de que sexo sea!

Por mi parte, tengo que reconocer que siempre me he llevado mejor con el sexo opuesto. Me gustaban los deportes, y siempre sentí que me entendían mejor, además de estar protegida de manera constante. 

No cambio a mis amigas, de hecho, me ha costado mucho estructurar un grupo y hacerlo mi familia. Pero hay una persona por la que siempre sentiré una debilidad especial. Si, por mi mejor amigo. 

Nunca me he parado a decirle lo que significa para mí. Nosotros somos más de hacernos de rabiar, de reírnos de nuestros defectos y no aguantarlos, de fabricar momentos, de ir pedo a la par, de esperar al fin de semana para tomarnos unas cervezas y ponernos al día. De eso de “si me voy a enfadar no me lo cuentes”, de hazte pasar por mi novio que ese me está molestando, de déjame el móvil que la cuento un par de cositas a esa pesada…. de sentir que si el no, yo tampoco. Y sé que está mal, pero ahora que nos vamos a separar me doy cuenta de que es mi mano derecha. Que, si me la quitaran, me dolería a rabiar. Pero aprendería a vivir sin ella, me lo ha dicho muchas veces… Porque él me ha enseñado que, aunque no la viera, la sentiría igual. Seguiría pensando en miles de cosas que podría hacer con ella y repasaría todo lo que hice cuando estaba. 

Es un orgullo haber visto como de patito feo, se ha convertido en cisne. Como para ello hemos pasado por tanto momentos que son innumerable… como siempre me ha acompañado, en silencio, el nunca fue mucho de hablar…. De cómo nos hemos hecho mayores… de cómo nos hemos defendido de cualquier obstáculo… de enfados tontos que se solucionan con un gummy y un besito…de como aun no siendo con la persona que más hablo, sé que es el que menos me va a fallar….

Cuando me quisieron quemar en la hoguera por bruja, no me desató, no me echó agua… se ató conmigo y nos quemaron juntos… ¡y juntos resurgimos! Creo que es el acto de amor sin limites que han hecho por mí. Y es que al final, hemos superado la amistad, la atracción física, las malas interpretaciones… eres mi familia. Es otro hermano más… por el que sacare las uñas si le hacen daño, probablemente no me parecerá suficiente ninguna de las que venga y llevare fatal que me destronen de su vida… Pero cuando es feliz, yo lo soy más por él.

Así que señores del articulo y esos que piensen que al final “el amigo llega el higo” cuando la amistad es de verdad… vale mucho más que atracción sexual y un par de polvos… es mi mejor amigo, mi compañero de vida, es… a quien elegiría siempre. 

Des(orden)ada


viernes, 24 de abril de 2020

Los ojitos azules que me acompañan…

Como dice la Oreja de Van Gogh en una de mis canciones favoritas…he decidido mirar a los ojitos azules que van a mi lado… Siempre me acompañan de una manera u otra. Desde antes de que lo supiera. Y cada vez que los miro me parece … ¡Increíble!

Somos fuego y hielo. El día y la noche. El perro y el gato. El siempre decide la ciudad y yo siempre un pueblo. Yo prefiero una verbena, el se desarma bailando en la discoteca ¡Nos encanta bailar!  Ponme una rumbita para mis pies, el mueve la cadera cuando suena Justin Quiles. Me encanta soñar despierta, él duerme horas y horas… Él la paella y para mí la pasta.  Lo suyo es la positividad…. Yo me hundo en la negatividad. ¡Soy muy intensa! El...pasa de todo. Además, quiere ser una especie de Peter pan, no le gusta salir de su zona de confort… yo odio la rutina, necesito cosas nuevas. Yo prefiero sentir… las emociones fuertes. El, es tranquilo... lo único que quiere es que no le rayen la cabeza. ¡Él es de ron, a mi dame ginebra! El es muy mimoso, siempre es quien te abraza mas fuerte, yo sin embargo soy la borde escondida detrás de la cara de niña buena para que me lo perdone todo…

Supongo que nos distancie 4 años, nos hace tener diferentes perspectivas… o quizás es porque me saca dos cabezas y yo a él dos cuerpos… él mira desde arriba y yo a lo ancho. Pero tenemos cosas en común… como esas ganas de disfrutar sin buscar un porque, sin ponerle nombre a nada. Simplemente estar. Y luego arrepentirnos y echar de menos… pero hay también nos diferenciamos, yo necesito sacarlo, el lo carga en su mochila y nunca te lo dice. 

Y a pesar, de los pesares… a pesar de ver el mundo a través de unos ojos muy azules... y yo de unos muy marrones, somos el puzle perfecto. Somos un equipo de remo. Somos muy diferentes, y creo que es lo que más nos ata al otro. Los polos apuestos se atraen, y es de las pocas reglas que cumplimos. Ya que hemos hecho un mundo propio. Y por eso somos capaces de cambiarnos los papeles cuando es necesario. 

Somos dos personas con ganas de comerse el mundo y ¿por qué no? Comerle al otro. Somos dos personas que cuando las cosas se ponen serias, corren. Cada uno para un lado. Sin pensar que el mundo es redondo, y que en el momento menos pensado. Vuelven a mirarse. 

Des(orden)ada


jueves, 23 de abril de 2020

Dejar de creer...

Hoy quiero contarle a alguien que no conozca mi historia cual es mi idea acerca del amor. Siempre he pensado que es más fácil hablar con alguien que no te conoce, por la sencilla razón que no va juzgarte por lo que hiciste, por lo que te contradijiste y en caso de que lo haga, probablemente su opinión no te interese…

Aunque estamos en cuarentena, me gustaría estar sentada en una terraza. Buena compañía, con una cerveza, una silla que me permita moverme lo suficiente mientras hablo y unas gafas. No es que haga mucho sol hoy, pero ocultar mis ojos me da seguridad, ya que suelen hablar antes que yo. Y mis expresiones son bastantes más claras.  No quiero que me delaten… 

No hace mucho me dijeron “aterriza, no vivimos en un cuento de Disney” se, que a voz de pronto, es una frase cualquiera que se le dice a una niña que vive en los cuentos de princesas. Quizás no parezca dañina, pero a mí me dolió. Hay una parte muy infantil de mí, que adora Disney y por mucho que le gente lo critique no lo voy a cambiar. Y lo segundo ¿tan malo es creer en el amor? 

Reconozco que yo antes quería un cuento. Quería ser la princesa de una historia bonita. Pero con el paso del tiempo me di cuenta que de princesa tengo poco… me quedaba en princesa desteñida y si me apuras un poco, era la bruja de la película. Pero eso no me hizo dejar de pensar que hay una persona hecha para mí. Ahora se lleva mucho eso de... “cada uno puede bajarse la luna solo” ¿pero a quien no le gusta que le lleven hasta ella? 

Hablar de amor es complicado… se que un queriendo ser una persona fría, soy una romántica empedernida. Detallista. Cuidadosa. Emotiva. Sentimental y sobre todo… Intensa. No se querer a medias. Y el problema es que muchas veces queremos recibir sin dar, y no señores... “aquí o foll… o la put.. al rio” como dirían en mi pueblo. Esperamos a que lo haga el otro. ¡Hay más de uno con complejo de princesa y princeso!

Y si, como todo ser humano en algún momento me he rendido. He llevado por bandera que esas cosas no se buscan. Y aunque en ocasiones deje de creer, y deja de confiar en las personas.  Y aunque cambie el caballo por un coche. Aunque cambie un castillo por mi casa del pueblo y cambie el estar esperando a que se decidan por decidirme yo. De repente llega una amiga y me dice que se coge un taxi, que necesita saber que siente por esa chica con la que lleva hablando las horas muertas de esta cuarentena. Se salta el confinamiento. Hace una locura por amor.

Y pienso… ¿por qué no seguir creyendo?

                                                                                                            Des(orden)ada