viernes, 16 de noviembre de 2018

Debajo de la piel

Cuando creas que estás sola. Cuando no haya nadie a tu alrededor o cuando veas que el gris se apodera de tu paisaje. Cuando te falte el aire o cuando te sientas abandonada. Cuando no tengas valor para lanzarte y disfrutar. Cuando tengas miedo y necesites un abrazo. Un empujón. Cuando descubras que hay amigos que decepcionan y familias que hieren. Cuando aún no sepas que es mejor no esperar nada de nadie. Cuando grites, pero nadie te escuche, y sientas que no tienes voz. Cuando camines por la calle sola y tengas miedo. Cuando no quieras levantarte de la cama y cuando prefieras quedarte debajo de la lluvia. Cuando no te importe mojarte ni pasar frío. Cuando parezca que el mundo se va a caer. Cuando creas que no hay salida.

Cuando quieras retroceder, recuerda que lo importante siempre está debajo de la piel. Mira debajo de la piel y allí estaré yo. Por ti. Por vosotras.

Laura Escanes



El consejo que jamás pediste

El consejo que jamás pediste te va a sonar raro. Seguramente hasta lo rechaces. Incluso podría decirte que vas a tomártelo como un ataque. Es ese consejo que te da un desconocido pensando en él y no en ti. Es ese que cuando quieras ponerlo en práctica no lo harás con ganas. Y las cosas sin ganas son pesadas. Sin sabor. El consejo que jamás pediste es lo que quieren ver en ti, pero no lo que tú quieres ver de ti mismo. Seguramente odiarás que te aconsejen porque creerás que no necesitas ninguna ayuda. Ya lo sé. Pero si me dejas que te dé el consejo que no has pedido, solo si me dejas, te diré que disfrutes de todo. De esos también. De los inútiles y de los que crees más importantes. Disfrútalos porque siempre son especiales. Cuando te des cuenta de todo lo que dicen sin decirlo, lo vivirás y seguramente lo pondrás en práctica. Te darás cuenta de que ese consejo nació para pedirte a gritos lo que necesitas.
Así que si me dejas que te dé el consejo que jamás pediste, ahí va: brilla y baila sola como tú sabes o si lo prefieres. Son otras maneras de decir te quiero.

Laura Escanes


Clímax

Cuéntame cómo me tocas sin rozarnos. Cómo tus dedos acarician mi mente para luego bajar hasta la cadera. Dime cómo haces que mis ojos se nublen mientras sueño despierta. Cuéntame dónde estás si yo te siento tan cerca, tan dentro. Entras en mi cabeza, la remueves, la mezclas, la dejas y la vuelves loca. Me vuelves loca. Empiezo a hervir. Siempre hasta el momento justo. Siempre hasta el límite entre el bien y el mal. Siempre aparece ese helicóptero, rescatándome, lanzando un montón de agua sobre mi cuerpo. Antes de que me queme. Antes de que me consuma. Ya no sé ni en qué parte de mi cuerpo me estás besando ni dónde está tu lengua. Si hemos llegado al cielo o al infierno. Pero creo que me quedo aquí. Clímax. Hasta donde nos lleve la imaginación.

Laura Escanes


¡Felicidades, papá!

Hoy es el día de mi super héroe. Del hombre de mi vida, de la persona que más quiero en el mundo.

El hombre que me ha dado mi lugar favorito en el mundo, mi pueblo. Que me enseñó a decir mi primera palabra, ¿sabéis que no fue ni papá ni mamá? ¡Fue su nombre! El que me dio mi pasión por los coches. Me enseñó a conducir antes de que me llegaran los pies a los pedales. El que me enseñó lo bonito que es viajar a cualquier parte del mundo. El que me cuenta cosas tan absurdas como interesantes de lo que nos rodea (podrías ganar al trivial a cualquiera). 



Mi amigo, mi padre, mi todo, por eso deberías ser eterno, papá. Porque puedo contarte cualquier cosa sin que me juzgues, callas y escuchas, y es entonces cuando preguntas si quiero tu opinión. Atento: siempre la quiero. Porque me enseñas que las aventuras son maravillosas y sólo se disfruta de ellas sin miedo. Tú eres mi impulso para enfrentarme a lo que me da miedo, porque si algo sale mal, tengo un sitio al que volver. Tengo unos brazos que siempre me van a recoger como si todavía fuera una niña. ¡Porque sigo siendo una niña! Acuérdate, con mi complejo de Peter Pan. ¡No quiero crecer! Crecer es aburrido.



Porque tus logros son míos, y los míos tuyos. Porque no nos hacen falta palabras, de hecho, sobran todas. Nos vale con estar ahí. Y cuando la cosas se pone feas, huir a Cabezabellosa, a que me metas por algunos caminos de cabras, ¡que no me gustan porque me caigo! Pero contigo todo es divertido, todo es diferente. Porque haces todo por nosotros y más, quejándote todo el día, eso es cierto porque no colaboramos. Y aún así, ahí estás. Porque siempre te acuerdas de traer churros, o tener algún detalle cuando sales de casa para nosotros. Porque eres todo lo que yo quiero ser de mayor.



Te quiero, eso ya lo sabes, porque te lo digo todos los días. Eres el mejor de los padres, ¡eres el mejor y punto! Por millones y millones de años más escuchándote hablar de historia, astronomía, matemáticas, inventos, coches, aventuras, viajes, gastronomía, etc, etc, etc... Tenemos toda una vida.



¡Felicidades, papá!


P.D. Eres peor que yo con las fotos.



jueves, 15 de noviembre de 2018

La luz en la oscuridad.
La primavera en medio de la ciudad fría.
Calcetines en invierno.
Palomitas con sal.
La estrella fugaz que nunca desaparece del todo.
El primer baño del verano.
Inspiración en una hoja en blanco.
La palabra amor en un corazón.
Las ganas de bailar en la playa.
Chocolate con churros en enero.
La ilusión de los Reyes Magos.
Pies húmedos en el césped.
Las ganas de nadar en mar abierto.
Gritar gol en el último minuto.
Libros y café.
Despertarse sudando.
Libertad.

Eso eres tú.

Laura Escanes


No te pertenece

Aún tiemblo si recuerdo ese momento. Todo era perfecto, de verdad que lo era. A gritos. A insultos. Pero era normal. ¿No? Jamás me dejaría en la puerta de casa sin poder entrar. Lo sé. Jamás me pondría una mano encima ni me empujaría contra la pared. Jamás me amenazaría con quitarme todo lo que más quería y con dejarme sin amigas. Ni tampoco insistiría en que le dijera exactamente qué había estado haciendo a las 15:26. Él no era de esa clase de hombres. ¿Verdad?

Eso pensaba yo cuando mis amigas me veían enviar una foto de dónde estaba y con quién estaba hablando. O cuando me decía que no podía tener amigos. «Que no. Que es inseguro», repetía yo. Lo peor es que de ahí, yo me transformé en aquello que odiaba, en aquello que jamás quise ser. Y lo veía como normal. Lo peor es que lo incorporamos a nuestra rutina, y me volví loca. Me miraba al espejo y no me reconocía. Era como si en mí se hubiera reflejado todo el mal. Todo. Hasta que pasó.

Aún tiemblo si recuerdo ese momento. Todo era perfecto, de verdad que lo era. Hasta que me gritó. Me insultó. Y ya dejó de ser normal. Eso no era normal. Me dejó en la puerta de casa, con la bolsa en la acera, sin poder entrar. Me amenazó con grabaciones y fotografías. Me amenazó con quitarme todo lo que más quería y con dejarme sin amigas. Me empujó contra la pared y me dolió. Me hizo daño. Me pegó.

Hasta ese día todo era normal. Pero pasó. Y dejó de ser normal para convertirse en mi pesadilla pero también en mi lucha. Y en la tuya. En la de todos.

Ya no. No más golpes.

Laura Escanes


Quiero que sepas

Creo que es la segunda carta que te escribo. O al menos, la segunda que tendrás en papel. También creo que antes se me daba mejor esto... porque llevo unas cuantas horas haciendo y deshaciendo. Borrando y volviendo a empezar. Supongo que por miedo a no estar a la altura. Pero ahí va.

Quiero que sepas que siempre te recordaré feliz porque jamás unas lágrimas me enseñaron a sonreír tanto. Porque fue ver tus días tristes para darme cuenta de que no hay nada que duela más. Quiero que recuerdes todas las cosas que te hicieron llorar porque tú me enseñaste que eso te hace fuerte y te permite ver que es lo que no quieres a tu lado. Quiero que sepas que no me gustan esas lágrimas, pero prometo que voy a cuidarlas como a tus sonrisas. Quiero que sepas que cuando sonríes, me llenas de vida a mí y a cualquiera que se cruce contigo. Porque eres luz. Que no hay nadie que pueda hacerte sombra, nadie. Solo tú misma. Quiero que sigas insistiéndome en esas cosas que no quiero, pero debería hacer. En las que me dan pereza, pero también en las que quiero y no encuentro el momento para hacerlas. Tú insísteme siempre. Insiste en que te llame porque siempre será poco.

Quiero que sepas que no hay tiempo ni distancia que pueda borrar lo que eres para nosotros. Ni para mí. Ni para él. No lo olvides y nunca dejes de insistir.

Te quiero, mamá.

Laura Escanes


miércoles, 14 de noviembre de 2018

Piel con piel

Cuando toqué tu piel por primera vez, nadie me avisó de lo que vendría después. Nadie me dijo que alejarme de tu piel me congelaría el tacto. Nadie me habló del olor de tu piel recién despertada. O de estar espalda contra pecho, con cosquillas en los pies y la respiración al compás. A mí nadie me avisó de que los abrazos sin ropa pero con piel son el mejor remedio en las noches frías.

Mis nociones sobre tu piel eran nulas y me moría de ganas de aprender a tocarte y a acariciarte, pero no sabía ni cómo empezar. «Cuestión de pieles» dicen. Cuestiones de cada piel será. Porque cada piel es un mundo nuevo por descubrir. Me fascina seguir descubriendo pecas en tu espalda cada vez que te respiro. Y es cuando te acaricio que tu piel se convierte en el idioma universal que nadie termina de entender del todo. No hay expertos, no hay doctorandos ni licenciados porque cada noche se descubren alrededor de cien pliegues de piel más, cien arrugas o cincuenta pecas. Qué más da. Cada día es un capítulo nuevo por descubrir. Y de nada sirve lo que hayas aprendido con otras pieles porque seguro que no te servirá. Cada uno con su piel y a piel de letra, que todo es mejor.

Laura Escanes


Me dueles

Me dueles cuando callas. Cuando finges saberlo todo porque de repente dejo de sentirte. Me dueles cuando ya no estás. Cuando no tengo apuntada en el calendario la fecha de tu vuelta. Cuando sé que no volverás. Y fingiré cuando me pregunten por nosotros. Por ti. Fingiré con esa sonrisa vacía que tan poco te gusta. Me dueles.

Y el amor no duele, ¿sabes? El amor exprime todo lo que hay sin explorar. Caminos abandonados, de los que te ausentaste tú solo. El amor te revuelve todo y te descubre una y otra vez rincones que no recordabas. Y lo más maravilloso es que no dejas de sorprenderte. Aunque sepas que ya no se puede más. Chas. Ahí estás de nuevo inspirando pureza como si fuera la primera vez que respiras. Y con esto no pretendo abrirte los ojos. Qué va. A veces me gustaría que me los abrieran a mí, así que aquí tienes otro consejo más que no has pedido. De esos que a veces sirven y otras tantas van directos a la basura. Pero eso no me lo negará nadie. Y es que el amor NO duele.

El amor no duele porque el amor es eso, amor. Y amor no es más que una suma total de subidas majestuosas y bajadas que aceleran la respiración con tan solo verlas. Pero al final no es más que una suma. El amor no te divide, ni te resta. Sentirte pequeño no es una opción. Así que escúchame, tú que lloras cuando amas porque estás amando mal. Jamás dejes de creer en ti y en tu poder. En tus alas para volar y sentirte libre. El amor no ata porque el mundo es tu hogar. El amor es libre. Y el amor eres tú sin necesidad de nadie más que tú.

Que no te duela. Libérate.

Laura Escanes


Para ti

Tú, que vuelas sin saber que estás volando. Que sin querer te alejas con pocas ganas de volver. Tú, que huyes, pero no importan los kilómetros que me separen de tus abrazos. Que sueñas cuando los soñadores ya despertaron. Que vives a tu manera, pero vives. Tú, que cuando parece que vas a caer, coges aire y despegas sin ni siquiera mirar atrás. Porque puedes solo. Sin que te empujen.

Esto es para ti. Por hacerme sentir viva cuando me quedo sin impulso. Por irte, pero nunca desaparecer. Porque de alguna manera siempre has estado. Por aparecer en silencio cuando no quieres que nos vean. Por dejar que me suba a tus pestañas y vea el mundo desde tus ojos. Verdes. Esto es para ti porque todo lo que puedo darte es poco. Por no entender nada de lo que te escriba y aun así sonreír cuando leas esto. Para que nunca desaparezcas del todo. Para que siempre que quieras, vuelvas.

Para ti, ya lo sabes.

Laura Escanes


martes, 13 de noviembre de 2018

Martes, 13

No soy supersticiosa, no creo en el horóscopo, no creo en dios, ni en el destino, ni en nada que se escape de la mano del hombre.

Pero hoy... Ha sido un día de mierda. En lo laboral, matador. No existe otra palabra, trabajar prácticamente a la vez, en dos sitios ya es matador. Con niños de 0 a 6 años. Bueno, algo saco de todo esto. El colegio es lo que realmente feliz, haciendo al señor y la señora castaña. Es lo que vivo, la escuela infantil, es bonito para recibir aquellos mimitos que llevo pidiendo esta semana. Ya sabéis cuando una está tontorrona... (¡no hablo sexualmente, malpensados!).

A veces, queremos ser mimadas, porque sí, sin razones. Como veis, hablaría de mi trabajo sin parar. Y no me importa trabajar mil horas si hace falta. Pero hay momentos en los que decir ¡basta! 

No sé por qué escribo esto, hoy no sé escribir, el cansancio debe ser... pero, estoy harta de estudiar y trabajar para no llegar a nada. Me explico, soy lo que quiero ser, sí. Pero mi situación es la misma que cuando tenía 18 años. Me ha tocado vivir una situación muy distinta a las que tienen mis amigas. Trabajando como trabajo no me puedo permitir ninguno de mis sueños. Trabajo siempre para otros, no lo echo en cara, simplemente soy así. Algo quedó de mi educación con las monjas, quien lo necesita tendrá absolutamente todo de mí. Pero, ¿dónde está el límite? Dónde está el punto en el que pasas a ser egoísta y reclamas una pequeña parcela para ti. ¿Es mucho pedir?

Da igual, no me entenderéis pero escribir este texto es para mí, tan importante como cuando escribo al amor o... al desamor, porque tampoco tengo suerte en ello. Al final entras en bucle que no tiene final, das todo, te quedas sin nada, no tienes nada para ti, no tienes nada que ofrecer, nadie te quiere... ni tú misma.

Es posible que mi madre tenga razón. Que ser soñadora, que querer empezar a vivir mi vida sea egoísta... Y luego dirán que el dinero no da la felicidad. A mí me lo daría todo. Os aseguro que si viajar fuera gratis o más barato, muchos no me volverían a ver, pasaría temporadas viviendo y saboreando otras culturas, otros sitios, echando de menos para valorar, pero jamás volvería aquí.

Es un texto sin coherencia, hablo de todo y de nada. No especifico, ni generalizo. Sólo puedo decir para acabar, que la familia es la que te toca, pero no hay por qué soportarla. Hay límites, no sé en dónde ni sé en qué punto. Pero los hay, y algún día los encontraré. Mientras buscaré la felicidad en las pequeñas cosas, en las pequeñas personitas que tengo en mis clases. Cada día tengo más clases y más personitas que me babean dándome un beso. Esa es mi pequeña felicidad.

Patricia Izquierdo Díaz


lunes, 12 de noviembre de 2018

Dar el golpe

Creo en el amor a primera vista, pero no creo en el amor eterno en una semana. Creo en el ilusionarse pronto, pero no en el oca a oca. Creo en disfrutar las cosas con intensidad, pero no en forzarlas tanto como para que el golpe sea después peor. 



La canción que suena

No me gustan los finales. Nunca dejo que una canción acabe. Hay veces que es solo por inercia, otras es que me gusta tanto, que antes de que termine la vuelvo a escuchar. Mi vida se basa en canciones. Según lo que esté viviendo en esa época de mi vida le asigno una canción. Muchas las comparto con alguien, sin que esa persona lo sepa. Me hace recordarla, la escucho y me traslado a otro momento. Hacia un tiempo que escuchaba una canción. La canción que marcó mi verano, la he escuchado en bucle muchas veces. Pero he dejado que la canción termine, y solo puede significar una cosa… ha llegado el final de algo importante, necesito escuchar otra canción…

Puedo cantar mi canción del verano sin equivocarme aunque no la esté escuchando… “soñé un verano que se hiciera eterno, desde el momento en que vi tu mirada”. Juraría que escribieron la canción en el mismo momento en que nos conocimos, ya que luego dice “pero mi verano se volvió un invierno, cuando vi que otros brazos te esperaban, me congele mientras yo te esperaba” ese día yo abrazaba otros brazos, sonreía a otra persona y le miraba de reojo, mientras el gritaba para llamar mi atención. Parece que fue hace mucho cuando me escaneo con la mirada en silencio y sonrió.

No voy a mentir, mi primer pensamiento no fue muy agradable. Tenía la mente en otra cosa y el, me pareció alguien más. Él decía que ya nos conocíamos. E intentaba meterse en todas las conversaciones en las q yo hablaba, me reía y el me miraba… es como si supiera que tenía un dolor muy grande en el pecho. Que me reía con rabia porque mi orgullo estaba herido. Sus ojos marrones al otro lado de la mesa me observaban y sin saber muy bien porque, empecé a cogerle el gusto a eso de hacerme notar para que el memorizara cada uno de mis movimientos. Aunque nuestra canción empezaba a sonar…esa noche se acabó. Pero me lleve esa sonrisa guardada en el bolsillo.

Me hizo ilusión recibir una petición de amistad en el Facebook. Y en el Instagram. Y reconozco que vi todas sus fotos, leí sus comentarios y sentía una punzada en el corazón cuando se escribía con chicas. Aun así seguí con mi vida. Con mi caos de vida. Era alguien más.

La canción seguía sonando, el verano iba pasando, el calor asfixiaba y por fin llegaba mi mes de vacaciones. Ya no había dolor, aunque si un poco de rencor. Y mis hormonas estaban revolucionadas. Estaba alegre, contenta, feliz. Quería ver a mis amigos, salir, ir a la piscina, beberme el verano... tenía claro que iba a ser mi verano. Tenía claro que no quería nada serio, solo reírme y pasármelo bien. Quise ser un "zorrón" sin sentimientos. Y no sé si por casualidad o fue el destino, la primera noche que llegue, nos reencontramos.

Allí estaba él con un polo verde, detrás de una barra… sirviendo a la gente, hablando, riéndose con todo y de todo. Porque es una de sus grandes cualidades ¿sabes? Se ríe absolutamente por todo.  Y supe que nada sería lo mismo, que esa risa seria la que me contagiaría el resto de verano… lo que no sabía es que viviríamos muchas cosas en poco tiempo, que no solo nos darían la risa.

Me había puesto guapa, me acerqué a la barra a pedirme una cerveza, con seguridad, pisando fuerte. Nos miramos. Nos sonreímos, haciéndonos los sorprendidos, como si no esperáramos vernos aquella noche. Y discutimos. Así es como empieza nuestra historia de verano. Discutiendo.

Me miró descarado y yo perdí las bragas. Y de repente me di cuenta que era esa tipo de persona insoportable, seguro de todo, vacilón. Que sabe lo que hace. Y descubrí que estaba perdida… como mis bragas. Luchábamos por quedar por encima. Competíamos por ver quien quedaba mejor.  No podía dejar de reírme ante sus ocurrencias. Y nos proclamamos novios. De broma…

Entre broma y broma la verdad asoma… pero no sé si por orgullo o porque realmente tenía claro lo que no quería, decidí tomármelo todo como eso, una broma. Aunque llegué a un punto donde no sabía cuándo hablaba de verdad, y cuando en broma. Me desconcertaba, pero eso a su vez me mantenía enganchada. Tenía  esa especie de imán que todo lo atrae.

A pesar de estar en el mismo sitio, nuestras situaciones eran diferentes. Yo estaba de vacaciones y él estaba trabajando como si no hubiera un mañana. Desde el principio pensé que sería un impedimento, más que un impedimento, supongo que es la excusa que me puse a mí misma para ignorarle. Pero alguien cabezota como el, no se da por vencido ante el primer obstáculo. Sinceramente, creo que no era consciente de todos los que había, pero sin más, los fue saltado y poco a poco fue llegando a mí. 

Fueron muchos los días que no nos vimos, no coincidimos en ningún sitio, pero insistía en estar presente. Fueron muchos los mensajes los que intercambiamos, hasta que se convirtieron en llamadas. Debo de confesar que odio hablar por teléfono. No sé, aunque es más personal, prefiero que me escriban y poder contestar cuando me haya pensado lo que tengo que decir. Pero con él era distinto, quería escucharle, me gustaba que me llamara y salirme a la puerta de casa, sentarme en una sombra y hablar. Hablar de todo y de nada. 

Tenerle al otro lado de la línea riéndose de repente se convirtió en un hobby. En una tarea más de mis días de verano. Eran conversaciones sin sentido, no nos contábamos nada especial, solo nos reímos el uno del otro. Cuando colgaba el teléfono sonreía y me iba hacer otra cosa contando los minutos para volver a saber de él, que nunca fueron muchos. No me hacía esperar, queríamos estar presentes.

“Y ahora entiendo cuál es mi papel, nos queremos cuando nadie ve…”  agosto corría y sus ganas por verme aumentaban. Las mías también, pero tenía muchas  dudas y muy grandes, había límites infranqueables, personas a las que sentía que traicionaba. ¿Pero que me pasaba? ¿Dónde quedo esa parte de chica sin sentimientos que iba hacer lo que se le antojara? 

Me había metido en la boca del lobo. No sé cuál fue el momento en que me dio miedo perderlo todo, ni cuál fue el que me hizo dejarme llevar. Pero cuando paso me di cuenta de que habíamos perdido mucho el tiempo. Me di cuenta que era feliz con él. “te da vidilla tía” “no te baila el agua y eso es lo que buscas” “juega como tú, y eso te entusiasma” “que huevos tenéis, estáis hechos el uno para el otro” me decía mi amiga… y se me inflaba el corazón.

Sé que no se lo puse fácil, si ya de por sí soy una persona complicada, había muchas trabas que me tenían atada. Pero me entendía, y siempre intentó que fuera sencillo. Siempre pensaba en mí. Creo que lo que más me entusiasmaba de él, era su iniciativa. Sus ganas. Recuerdo la primera noche que quedamos a solas, estaba tan nerviosa… quedamos en un punto para que nadie nos viera. Era nuestro secreto. Llego con su coche blanco, me abrió la puerta y me encontré con la cara de un niño emocionado. Creo que nadie se había alegrado tanto de verme nunca. Supongo que fue su manera de demostrarme, que había ganado, otra vez. Había conseguido su objetivo. Lo que él no sabía es que me había dejado ganar. Que me moría por verle, que llevaba día soñando con estar a solas, que estaba tan nerviosa que parecía que nunca había besado a nadie.

Estar con él, en ese coche, bajo las estrellas fue fácil. Fácil, cómodo y sobre todo, confortable. Podía ser yo. Sacaba lo mejor de mí, esa versión traviesa. Me hacía pensar para no quedar fuera de juego, me hacia sonreír con cara de niña mala para provocarle. Me hacía ser cariñosa, porque él lo era conmigo. Era un juego de niños. ¿Y a quien no le gusta ser niño?

Fue muy especial, era la primera vez que no me sentía presionada. No me obligó a hacer nada que yo no quisiera. Pero era atento. Era cariñoso, pero sin agobiarme. Era… era yo en chico. Y creo que fue eso lo que me termino de convencer para salir del coche y pensar… ¡joder yo quiero esto!

No todo fue tan bonito, ni tan sencillo como darnos cuatro besos de quinceañeros en una esquina oscura para que no nos pille mama. Ser iguales tenía mil cosas buenas, pero tenía mil y una malas. Ese genio tan nuestro nos hacía discutir por la mas mínima bobada. Sin ser nada ya teníamos discusiones de pareja. Increíble ¿no? Pero más increíble era la facilidad que teníamos para solucionarlo.

La verdad es que mi instancia se terminaba, y me daba un vértigo tremendo despedirme. No sabía muy bien lo que quería, me contradecía todo el rato. Quería que se acabara, pero no. y encima no nos habíamos acostado. La cabeza me iba a mil, el corazón iba lento… y por casualidad coincidimos mi penúltima noche, yo estaba con mis amigos y el llego de trabajar. No dudo mucho en que tenía que hacer… se fue a ducharse, y volvió. Para mí fue un acto muy valioso. Y fue una noche especial. Nos reímos, nos enfadamos, nos perdonamos, jugamos al futbolín y ganamos, bebimos… ¡y lo hicimos! Después de tres semanas haciendo el tonto, ¡lo hicimos! 

Según él, hicimos el amor... todavía me sorprende como una persona tan bruta es capaz de decir cosas bonitas. Supongo que es otra de las cualidades que me trae de cabeza. 

No puedo comentar mucho como fue nuestra primera vez, porque el alcohol en vena tiene sus consecuencias. Creo que le violé. Salió de mí esa vena loba que tengo. Solo recuerdo que yo veía en él un empotrador, de los que yo busco y como en todo, me sorprendió. Es bruto, pero sabe acariciarme, besarme despacio…  Tengo la certeza de que si consiguió que en tres semanas, le quisiera, es porque sabía llevarme.

No quisimos despedirnos, nos prometimos vernos pronto, al verano le quedaban unas pocas puestas de sol. Me fui. Y él se quedó en el mismo sitio donde nos conocimos. La canción seguía sonando… no queríamos que se acabara… “si me preguntan por ti, diré que es mentira que llevo toda una vida soñando contigo”.

Que genial ¿no? una historia de verano, que no se acaba. Dos personas que se quieren en los meses de verano pero les separan los kilómetros e inevitablemente se termina. ¡Una mierda! Yo también pensaba que lo nuestro era así…  pero decidimos complicarnos la existencia. Seguíamos hablando, nos volvimos a ver después, seguimos haciendo el amor, seguimos discutiendo hasta por quien respira más rápido… pero ya no era bonito. Se volvió en un sin vivir, por lo menos para mí.

Nunca creía en las relaciones a distancia, tuve una mala experiencia que me dejo bastante marcada, y no se me pasaba por la cabeza volverlo a intentar. Nunca quise tener una relación con nadie de allí. Nunca quise a otra persona que no fuera ese amor que tienes de toda la vida en ese sitio donde veraneas. Nunca quise a alguien como yo, porque sabía q éramos una bomba de relojería.  Y llego él. Y aunque me ha costado muchos dolores de cabeza le quería para mí. Lo quería todo de él. Aunque todo estuviera en contra mil cosas. 

Le dio la vuelta toda. Se saltó las normas que había…

La canción ha sonado durante dos meses más después del verano. Se me pone la piel de punta cada vez que pienso en nosotros. Pero una vez me dijo que éramos un amor imposible. Y como en casi todo, llevaba razón. No sé si el en el fondo sabia q se cerraría en banda, que cambiaria, que empezaría a ver los obstáculos como yo. No sé si es que no me quiere como me demostraba. No sé si es que me conoce tanto que sabía perfectamente que huiría de él si iba muy a piñón. O simplemente q fue un juego que para él ya termino. Pero las cosas cambiaron tan radicalmente….

Sé que no quiere que me vaya. Me sigue hablando, me sigue llamando. Y lo peor de todo, es que me da la vida cuando le escucho reírse, cuando me hace esas bromas. Pero no es claro. No dice lo que quiere ni lo que piensa, y aunque creo que hay más en su fondo para mí la canción ha terminado. No quiero seguir jugando a las adivinanzas. No soy feliz así. Con el tiempo me he dado cuenta que necesito más de él, de esto… y el cada día está más lejos a pesar de encontrarnos con el mismo sitio.

Tengo días que le odio, pero otros… que solo puedo darle las gracias por aparecer y plantarse en mi camino. Por demostrarme que por mucha q yo le dé vueltas, me ponga impedimentos, si tiene que ser, va a ser.  La gente que me conoce, está muy sorprendida. Soy de las que a la mínima de cambio sale corriendo sin mirar atrás, y con él he aguantado… ¿porque? Porque no quería irme. No sé muy bien cuál es el motivo de que fuera tan especial. Me llego muy hondo. No sé si porque discutíamos, porque éramos iguales, porque me conocía a la perfección… no lo sé. Pero el amor cuanto menos se entiende, más cala. O algo así ¿no? supongo que he luchado mucho conmigo misma para que no sucediera lo inevitable. Y por eso tengo esta sensación por haberme rendido.

No sé qué va a pasar ahora. He decido pasar de canción. Pero quizás sea otra que también nos defina. Quizás cuando nos volvamos a ver, la canción vuelva a reproducirse. No lo sé. Voy a ponerme los cascos, a ver que canción sale ahora en el reproductor…

Belén Triguero Guijarro


Esta historia

Esta historia que te sucedió casi sin avisar, 
que te hacía sonreír cada día.
Esa que nadie sabe, que es puro secreto entre los dos.
Esa que todavía te hace temblar todas las noches
cuando la recuerdas.
Esa que así seguiría. Esa que no se olvida.
Cierras los ojos y te das cuenta.


domingo, 11 de noviembre de 2018

Inicio

Cuando salió a la venta mi primer libro, Casi sin querer, era consciente de que no era el mejor libro del mundo pero, que tenía muchas cosas que mi propio corazón había vivido. Eso era lo que le daba valor, lo que lo hacía totalmente real, porque lo era. Lo es. Ni era poesía, ni narrativa. Eran simplemente cosas que me habían pasado a mí. Solo pedía que, aunque solo fuera una persona en el mundo, esa persona sacara algo bueno de él. Han sido miles y no puedo vivir más emocionado.

Todo este tiempo me han seguido pasando cosas, mejores y peores, que he terminado plasmando en este nuevo libro que tienes entre las manos.

Lo que hace que lo tengas delante son todas esas muestras de apoyo, agradecimiento e interés por parte de mucha gente. Gente que ha disfrutado, vivido y sido ayudada por mis letras. Muchas de ellas sin conocerme.

Una noche de enero, muy lluviosa, recibí este mensaje que transcribo a continuación. Uno como otros tantos preciosos que recibo. Esa misma noche mi mente se decidió del todo y dijo: «Sí». Sí, habría un nuevo libro. Y sigue teniendo momentos. 

Defreds


Sin impulso

¿Cuántas veces has estado sin impulso? ¿Cuántas veces has sentido la caída libre como la única forma de seguir? Dime cuántas porque sé que no estoy sola en esto. Ni tú tampoco. Supongo que somos de los que nos dejamos llevar, de los que usan el «vamos viendo» como respuesta a casi todo. Y lo que es peor, a las cosas importantes. Somos de los que tenemos el «lo vemos» en la punta de la lengua, que casi no pensamos en lo que nos han dicho y nos lanzamos. Todo o nada. Al cien por cien. Como si tuviéramos un colchón debajo. Como si se desplegaran las alas de forma automática, o como si tu ángel de la guarda estuviera pendiente de tus caídas. Y no. No siempre es así.

Cuántas veces has pensado que ya saldrás de esa. Que seguro que escaparás. Que de todo se sale. Que no importa cuántas veces te caigas porque siempre te podrás levantar. Yo también he sido de esas. Y sigo siéndolo, para qué engañarte. De las que sin miedo se lanzan, de las que se esperan al último momento y luego corren. Pero, a veces, ya sin impulso. O de las que luego se arrepienten de no haber empezado antes. No haber calentado. Y aquí sigo. Irresponsable, dirán muchos. Yo prefiero imperfecta. Porque sé (y sabes) que hemos empezado tarde, cuando no debíamos. Somos conscientes. Sé que tal vez no podré llegar a la meta final. Pero también sé y reconozco que es parte de mi motor y de lo que es más importante, mi aprendizaje.

Y da igual cuántas veces me haya caído. Por mucho que intente cambiarlo. Por mucho que me impulsen. Voy a mi ritmo.

Laura Escanes


Extrañar es el precio que se paga por vivir momentos inolvidables

Es domingo. Y a todos nos da por hacer reflexiones, como si fuera a cambiar algo cuando llega el lunes. Y os tengo que decir un secreto, la vida sigue igual los lunes, de hecho continúa igual hasta el siguiente lunes. Nos metemos en la monotonía del día a día y estás reflexiones domingueras quedan en el olvido.

¿Se puede echar de menos a una persona que apenas conoces? Me da miedo hablar claro, o expresar lo que siento, porque aún no estoy segura de lo que siento, en ningún aspecto, y los domingos son muy traicioneros, igual que las conversaciones de madrugada. No son fiables, ni los te quieros de después de un polvo.

El caso, es que cuando describo al hombre perfecto. A mi hombre perfecto, siempre digo que ante todo necesito que sea mi amigo, que esté ahí siempre respetando mi espacio porque enseguida me agobio y me entra los calores. Más o menos como en la vida real. Quiero a un amigo al que poder contarle todo, hablar de todo sin tapujos, sin segundas interpretaciones, con el que poder reírme de cualquier cosa que nos ocurra. Con el que la vida sea fácil, sin complicaciones. Y lo más importante, que me permita ser yo misma. 

No sé, estoy muy perdida en este momento en el que necesito "mimitos" pero quiero... necesito, a alguien a mi lado, que me enseñe la parte romántica de la vida, lo bonito que es descubrirse poco a poco, que la vida no es todo ¡ya y ahora! Que me enseñe a la par la belleza de una catedral como de la vida sin estrés. Que me quite esa pila que me sobra. 

Parece que he escrito la carta a los Reyes Magos. A veces me pierde la boca cuando quiero a un bruto que me haga de todo en la cama y fuera de ella. Pero, ¿eso es lo que me hace feliz?  ¿Realmente eso es lo que quiero para mi vida? No, eso es lo fácil. Lo difícil es hacer frente a alguien que te impone porque te importa, porque en lo más profundo de tu ser, sabes que es lo que te gusta. Lo que llevas tantos años buscando. Las tornas cambian. Yo ya no llevo las riendas de la situación. No me siento segura en nada, mis miedos aparecen de nuevo. La vida me ha sorprendido y yo me he dejado sorprender. Y esta es la factura: extrañar es el precio que se paga por vivir momentos inolvidables.

Patricia Izquierdo Díaz


¿Y ahora?

Me pregunto si ya sonríes a alguien. Si ya te miran como yo lo hice en su día, si la ilusión ha vuelto a incendiarte las pestañas. Me lo pregunto en mitad de una nada que está tan cerca y tan lejos de todo que me hace quedarme donde estoy.
También me imagino tu vida sin mí. Cada detalle, cada fecha que se pudre en un calendario que ya nunca más será nuestro, y que se queda en la memoria, frágil e inerte, que irá enterrándose a si misma para hacer hueco a lo que vendrá.
Recorro con mis dedos mis manos, ásperas y frías. Como si se hubiesen apagado al saber que ya no tienen a quién calentar, que ya no abrigarán a nadie en este invierno tibio que cruza también mis mejillas, estériles cuando no hace tanto las pintabas con tus labios.
Me siento en un porche absurdo, inútil. Que no espera ninguna visita, con su puerta, cerrada por un lado, oxidada por el otro. Miro la luna, entre las nubes con ganas de llorar, y mi vista se pierde, y mis lágrimas buscan desempañar un cielo desde el que siempre te extraño.
Alejandro Sotodosos



sábado, 10 de noviembre de 2018

Caos

De repente te veo abrir el libro. Hojear. Sé lo que estás mirando. Ya lo sé..., no hace falta que digas más. Un montón de palabras, algunas sin sentido. Otras bastante borrosas. Yo qué sé. Tal vez hasta estás viendo los tachones y los borradores. Las páginas rotas hechas una pelota. Y luego me ves a mí volviendo a construir todos los pedacitos de las páginas que rompí. Así soy. De las que rompen las cosas cuando no está convencida de ellas. De las que se dejan llevar por los impulsos, aunque algunas veces no sean coherentes.

¿Qué dices? Ah, ya, lo sé. Y lo siento. No quería que sintieras que has estado perdiendo el tiempo, supongo que por eso intento disculparme antes de que me eches la culpa. Pero yo avisé. No todo lo que leas aquí tendrá sentido. Y cuántas otras cosas leeré y pensaré que por qué las dejé escritas. Una de cal y otra de arena. A veces sal y otras tantas azúcar. Me gusta el silencio y otras veces necesito ruido.

Esta soy yo. Caos. El placer es mío.

Laura Escanes


viernes, 9 de noviembre de 2018

Siempre fui de querer y dudar


Siempre fui de querer y dudar. Pero dicen que también lo bonito del juego es saber apostar. Pero el amor cuanto menos se entiende, más pretende calar. Y lo nuestro, desde el principio me pareció incomprensible.

Me podrás engañar y pensar, que al final he terminado por creerte. Me he rendido. Me has agotado. y todo eso que decías en broma a mí me ha empezado a sonar a verdad.

¿Sabes? Me hubiera gustado cogerte de la mano, y beberme tus miedos. Me muero pensando que esto es un adiós, y no un hasta luego. Y aunque no quiero tener que aprender  a olvidarte la felicidad también consiste en lo que dejas por tu propio bien…

Tengo que pensar que no estas a mi lado porque no quieres. Me gritare hasta convencerme de que ya no me haces falta. Pero en el fondo sé que hay más de lo que me dejas ver porque las miradas no entienden más que de decir la verdad.  Sin embargo no hay nada más claro que te quiero, y que si me lo pides, me quedo. No debería pero en el fondo te espero. Y espero que abras los ojos de golpe para que todo lo que he soñado, no pase de un futuro al pasado. Ya que antes de empezar, se ha terminado. Y esta vez, no ha sido porque no me haya esforzado. El que no quiere estar, del todo, has sido tú…

Me duele saber que no voy a saber de ti, que no puedo besar tu sonrisa. Que ya no volverá a  oler a ti mi ropa. No volver a escuchar tu voz y tu risa al otro lado del teléfono. Voy a echar de menos tus voces, tus bromas… hasta nuestras discusiones. Las noches bajo las estrellas, tus cosquillas, tus mordiscos, tus abrazos a lo bruto, y tus salidas para todo… Tu cabezonería por no querer necesitar a nadie y esa manía tuya de quitarme los enfados... Pero tengo que irme…

Yo era la que dudaba, la que no creía en lo nuestro, la que sabía que era difícil… Soy masoca. La mayoría de las chicas quieren un héroe, ¿y voy yo y me fijo en el fuego del dragón no?  Solo necesitaba un poco más de ti. Aunque siempre nos declaraste como un amor imposible. Vives en cerrado en un mundo del que no quieres salir y al que no dejas acceso a nadie. Y yo, sin pensarlo, he querido meterme en el sin tener permiso. Y me he perdido por el camino. Tengo que dejar de contar cuantos días quedan para verte, tengo que dejar de mirar el móvil para ver si te has acordado de mi aunque no sepa el motivo, tengo que dejar que mi mundo gire y no entorno a ti. Solo espero que si no has decido venir corriendo a besarme… No seas una sombra… porque nuestros recuerdos pueden vestirse de gala y brillan mucho como para que te quedes en la oscuridad. 

Así que si no quieres cansarte conmigo, de lo nuestro. Deja que me vaya, pero que no se te olvide jamas que nadie te querrá como yo te he querido.

Belén Triguero Guijarro