lunes, 20 de julio de 2020

Tocando las estrellas

- Han llamado a la puerta, tía - salí corriendo hacía la puerta abatible de la entrada.

Y allí aparecieron y primo y él. Él y mi primo, con sus bicicletas de descensos. Todo lleno de polvos, de barro, de... ¿agua? Sudados, con bichos muertos y pegados por la ropa.

- ¡Hola! - me saluda como si hiciera mil años que no me viera.

- ¿Qué haces aquí? - Me moría por abrazarle, ¿qué hacía allí? ¡Saquemos el unicornio a pasear! Mi Bollo...

- ¿No quieres un abrazo? - me pregunta dejando las bicicletas en el pocho.

- ¡Pues no! - salió el cactus que habita en mí.

Mi tía les condujo a los dos a la ducha, uno a cada una de ellas, entregándoles toallas y demás. Pasó por delante de mí y me miró desde ahí arriba. Es tan alto... Mi unicornio asentía a mi lado. ¡Ais...! Volví a la piscina con mi libro, a resguardarme del sol. Ayer hacía calor... Mucho calor, cuando al rato aparecieron con una cerveza cada uno en la mano.

- Quita que estoy cansado - me empujó tirándome de la tumbona.

- ¡Pero qué bruto eres! Me voy lejos de ti, mira que me vengo lejos, ¡al campo! Y te tengo que aguantar aquí pegado.

Él, como de costumbre, me ignoró, se acomodó en mi tumbona y miraba fijamente a la piscina. El humillo de la barbacoa ya olía bastante, así que me dirigí hacía allí donde estaba el resto de la familia, mi otro primo también.

- ¿Vamos a la piscina? - me propuso y le acompañé.

Metí un dedo con cuidado en ella, estaba  un poco fría. Mejor la escalera que lanzarme, poco a poco. No me dio tiempo a pensar cuando ya estaba en lo más profundo de la piscina.

- ¡Mira que eres gilipollas! - salí a la superficie hecha una furia, con los pelos en la cara, cual rata mojada. Y vi entre mis mechones como él también se tiraba.

- Anda, cállate, que te voy a hacer tragar mucha agua como me sigas insultando - me dijo mientras me aprisionaba contra él.

- Mientras solo sea agua... - y me empecé a reír yo sola. Si es que es imposible estar enfadada con él.

Estuvimos jugando en el agua hasta que nos mandaron ir a comer. Me sacó del agua en brazos, pero no os creáis que estilo princesa, no. Aquí no estamos hablando de cuento de hadas, cual saco de patatas... Eso sí, me tapó con una toalla. ¡Qué detalle! Así llegamos ante mi familia, ¿os hacéis una idea? Nuestro show ha llegado a la gran ciudad. ¡Somos un puñetero circo!

Después de la comida me estaba durmiendo en mesa, como me suele pasar últimamente, que me duermo en cualquier lado. Así subí las escaleras y me fui a mi cama. Puse el ventilador y escuché como la puerta se cerraba.

Él estaba apoyado allí, sin moverse, solo mirándome.

- ¿Qué? - pregunté secamente.

- ¿Qué? - me imitó. Y me reí.

Se acercó hacía mi cogiéndome de la cabeza. Sabe que lo odio porque me hace sentir aún más pequeña y bajita. Me miró, y me besó. Sin más. Sin dudar.

- Están todos ahí abajo - susurré.

- Y nosotros aquí arriba... - me respondió.

Y volvió a besarme, mordiéndome. Quitándome la parte de arriba del bikini. Sin hablar, solo me miraba, y me miraba a los ojos, como si el resto de las partes de mi cuerpo las conociera de memoria. Me recostó en la cama con cuidado, con mucho mimo. Yo estaba alucinando, creo que en mi vida me ha tratado como si fuera de porcelana. Él no. Se tumbó encima de mi sin aplastarme, besándome la cara, los párpados, el pelo... oliéndome el pelo, el cuello... peinándome los rizos que se me habían hecho al salir de la piscina... Y yo me cargué el momento. Me quité la parte inferior del bikini y le ayudé a despojarse de bañador. ¿Qué estábamos haciendo?

- ¡Shhh! Impaciente... - me susurró en el oído poniéndome la carne de gallina.

- Lento... - me reí.

Le di la vuelta enganchándole con mis piernas, poniéndome arriba.

- Que sepas que te he dejado... No puedes conmigo - se reía mientras me apartaba el pelo de la cara.

- ¿Qué haces aquí? - le pregunté mientras le besaba.

- Muchos días sin verte... - apenas era audible.

Me encajé en él. Dios, esto era la perfección absoluta, creerme. Y me dejé llevar lentamente, disfrutando de cada segundo, de cada elevación, de cada bajada... Y lo más maravilloso que vi desde las alturas, es que él lo estaba disfrutando tanto yo.

Me dio la vuelta con un rápido giro y sin salirse de mí.

- Te echaba de menos, WonderWoman - me dijo mientras iba subiendo el ritmo.

- No tanto como yo a ti, Superman...

Ha sido uno de los encuentros más bonitos de nuestra historia, desde el inicio hasta el final, la piel se erizaba, el tacto tomó el papel protagonista, y el oído y el gusto le acompañaban muy de cerca... La vista puesta en él, solo en él... Y el olfato marcando el camino hacia su boca. Creo que estas ocasiones ocurren muy de vez en cuando. Cualquiera que lo lea podría tildarlo de "hacer el amor", yo me voy a quedar con lo fácil, sexo del mejor, de que te hace subir a la luna y tocar las estrellas.


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